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El péndulo

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El riesgo permanente del columnista es predicar para el coro. Al final uno puede salir del trámite apretando dos botones y tres teclas para dar gusto a la parroquia.

Pero yo aquí, ahora, quiero lo imposible: quiero hablarle al progresista cosmopolita que nos mira con indisimulado asco, para el que es claro como la luz del día que la nuestra es una postura nacida de la dureza de nuestro negro corazón y de las pocas lecturas. Ese es el que ahora me interesa.

Querría sugerirle un último argumento para oponerse a la inmigración masiva, especialmente la llegada de desiertos lejanos, que diría Aznar, que no se basa en actitudes xenófobas ni racistas ni en desprecio por el inmigrante ni en llamadas a la violencia, sino más bien al contrario: la última oportunidad de seguir siendo un país tolerante y pacífico.

La razón es que existe la naturaleza humana, siempre igual a sí misma, con reacciones y respuestas a los incentivos que pueden observarse con frialdad científica en todo tiempo y lugar. Puedo o no coincidir con mi compatriota globalista en que sería maravilloso un mundo en que la única identidad que importara fuera la de ser humano, del mismo modo que tal vez estaría muy bien que se cumpliera esa........

© La Gaceta