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Noelia y la muerte que llaman progreso

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27.03.2026

15 minutos y tres fármacos. Y aun así, muchos quisimos creer que no. Que quizá, en el último instante, algo cambiaría el rumbo. Era fe y algo parecido a la esperanza. La historia de Noelia Castillo incomoda porque obliga a mirar de frente. Duele porque no permite refugiarse en los márgenes. Entristece porque concentra, en tan sólo un nombre, todas esas preguntas que llevamos años esquivando como sociedad: por pudor, por tendencia, por ideología o, sencillamente, por miedo. Ayer, la muerte ganó. Noelia, convertida en símbolo mediático, no es culpable de nada. Merece respeto. Merece recogimiento. Quizá algo más profundo que el ruido. Resulta inquietante, sin embargo, la naturalidad con la que se digiere su muerte. Como si no hubiera grietas. Como si no doliera. Sorprende que alguien tenga que elegir morir para dejar de sufrir. 

La eutanasia, ya ley y ya paisaje en España, se ha convertido en uno de esos territorios donde casi nadie quiere quedarse demasiado tiempo. Opiniones firmes hay pocas. Matices, muchos. «Es comprensible», se dice. «Una vida durísima». Y lo ha sido: violencia, sufrimiento, intentos de suicidio. Sí. Todo eso es cierto. Pero entonces, ¿qué mensaje queda? ¿Que ante el dolor la salida es desaparecer?........

© La Gaceta