El retorno de los mercaderes al templo
Roberto Martínez Catalán
Aunque oscurecidas por el secuestro de Maduro, esta Navidad nos ha dejado otras escenas inquietantes.
Una de ellas es la fotografía de Javier Milei, el ultraderechista presidente de Argentina, posando con su gabinete de gobierno mientras estos muestran sonrientes un ejemplar de Defendiendo lo indefendible de Walter Block que Milei les acaba de regalar; libro que defiende –se podría decir elogia– a proxenetas, narcotraficantes, chantajistas, difamadores, acaparadores de alimentos, usureros, empleadores de trabajo infantil… y un largo etcétera de lacras sociales.
El autor lo justifica argumentando que las actividades que realizan no implican violencia en sí mismas. Así, afirma que estos “individuos no son agresores. No fuerzan a nadie a hacer lo que no quiera”. Como si no fuese evidente lo contrario, la violencia sobre la que se basan y ejercen.
De todos modos, esto constituye simplemente un paso más en la guerra cultural de Milei y los de su cuerda para sustituir cualquier ideal basado en la cooperación, ayuda, solidaridad… por el mero egoísmo individual escondido bajo la bandera de la libertad. Libertad para que los poderosos exploten sin límites a los humildes, pero no para que estos protesten o reivindiquen una vida digna, por supuesto. Recuérdese sino la represión contra las manifestaciones de jubilados.
A este respecto, es altamente significativo que el libro se subtitule “Libertad en todos los ámbitos”, a la vez que las dos únicas libertades que critica sean la sindical y de cátedra. Por lo demás, para dar idea general de su nivel, señálese que contiene frases como que “el que tira basura al suelo es........
