La “remigración” en el discurso de Vox: del vocabulario ultraeuropeo al debate político en el Estado Español
La irrupción del término “remigración” en el debate político español ha reabierto una discusión de fondo sobre los límites del discurso público en materia migratoria. La expresión, defendida por dirigentes de Vox, no solo plantea la expulsión de población extranjera, sino que remite a un marco ideológico con raíces en la extrema derecha europea, históricamente asociado a postulados identitarios y excluyentes.
Un concepto con genealogía radical en Europa
El término no surge en el ámbito institucional español. Su origen se sitúa en círculos ultraderechistas de países como Alemania y Austria, donde movimientos identitarios lo emplean para describir proyectos de deportación masiva de personas migrantes o incluso de ciudadanos de segunda generación considerados “no asimilados”. Con el tiempo, la idea ha venido siendo adoptada por organizaciones neonazis y supremacistas blancas, convirtiéndose en una consigna política central en el discurso de la ultraderecha.
La entrada de este vocabulario en la arena política convencional refleja una tendencia más amplia en el continente: la permeabilidad entre los discursos xenófobos de naturaleza fascista y los partidos conservadores tradicionales que tienden a asumirlos a raíz del creciente auge de fuerzas de ultraderecha en varios países de la Unión Europea.
La adaptación del concepto en el Estado Español
En el Estado Español, Vox ha adoptado el término remigración. La elección del lenguaje no es neutra: introduce en el debate público una narrativa que presenta la inmigración como problema estructural y cultural, no solo administrativo. Este desplazamiento semántico es clave para entender la intensidad de la reacción social y política.
Vox emplea ese concepto tanto en sus propuestas parlamentarias, como en sus discursos y en sus documentos políticos. Al respecto el documento aprobado en el último congreso de la formación ultraderechista, celebrado en junio de 2025, señala: «Remigración / Deportaciones masivas: proceder a tramitar de forma preferente y urgente la inmediata expulsión de todos los inmigrantes que accedan ilegalmente a nuestra nación, de aquellos inmigrantes legales que cometan delitos graves o hagan del delito leve su forma de vida, así como de aquellos que decidan no integrarse».
Antecedentes históricos: del nacionalismo étnico al populismo contemporáneo
La idea de expulsiones masivas vinculadas a la identidad nacional no es nueva en Europa. Durante el siglo XX, diversos regímenes autoritarios promovieron políticas de homogeneización étnica, desde exterminios masivos y desplazamientos forzosos hasta programas de segregación en contextos coloniales. Ciertos marcos retóricos —como la asociación entre nación y pureza cultural— reaparecen cíclicamente en momentos de incertidumbre económica o social como en los actuales tiempos.
Desde finales del siglo XX, la globalización y los flujos migratorios han alimentado el crecimiento de partidos que combinan nacionalismo supremacista, criminalización de la inmigración y críticas a los sistemas liberales de representación política. En ese sentido y en situaciones de crisis del sistema, conceptos como remigración funcionan como eslóganes movilizadores que desvían hacia los más débiles la frustración social ocasionada por el capitalismo.
Un debate de gran trascendencia
Aunque la polémica en el Estado Español se centra en Vox por su creciente ascenso electoral, y en algunas formaciones neonazis como Núcleo Nacional, el fenómeno se inscribe en una dinámica más amplia de radicalización del discurso político en Europa en un contexto en que la circulación transnacional de ideas es amplificada por redes sociales y medios digitales.
La respuesta social frente a este discurso xenófobo exige un planteamiento que sitúe el problema en su verdadera dimensión: la denuncia del expolio neocolonial de las multinacionales occidentales de zonas enteras del planeta, que está en el origen del problema, y del papel interesado de los gobiernos occidentales en el sostenimiento de regímenes corruptos y represivos en esos países; la necesaria unidad de clase entre los asalariados autóctonos y los procedentes de de esas tierras que enfrentan a un enemigo común, y el impulso de la organización y la lucha sostenida contra cualquier forma de discriminación racista.
