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Defendamos la democracia

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12.09.2026

Vienen a mi memoria los años juveniles universitarios en que los “grises” y la “secreta” campaban por el campus con la chulería del macarra. Golpes, detenciones, identificaciones, arrestos… A pesar de todo, amamos la clandestinidad: sacristías de las iglesias, conventos de capuchinos, fábricas, institutos etc. Cualquier lugar que tuviera una sala lo suficientemente amplia nos servía para las asambleas. Hoy, después de 50 años, contemplamos estupefactos cómo aquellos que oprimieron, golpearon, encarcelaron y mandaron al exilio, campan a sus anchas por todo el espacio nacional [manifestaciones, emisoras de radio, universidades…] con proclamas fascistas, con amenazas a la libertad de expresión [razón por la cual ellos están en la calle]. Y surge la pregunta una y otra vez: ¿En aras a la tolerncia podemos tolerar a los intolerantes?

La paradoja de la tolerancia de Karl Popper en “La sociedad abierta y sus enemigos (1945) indicaba ya en 1945, final de la Segunda Guerra Mundial que “Si una sociedad extiende la tolerancia a quienes son intolerantes, corre el riesgo de permitir el eventual dominio de la intolerancia, socavando así el principio mismo de la tolerancia. Sostenía que una sociedad verdaderamente tolerante debe conservar el derecho a negar la tolerancia a quienes promueven la intolerancia. Popper sostenía que si se permitía la expresión sin control de ideologías intolerantes, éstas podrían explotar los valores de la sociedad abierta para erosionar o destruir la propia tolerancia mediante prácticas autoritarias u opresivas. Viendo el panorama actual, podríamos decir que Popper fue un profeta, un visionario.

Defender la democracia requiere una........

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