La IA y la productividad
El 22 de julio, Alphabet (Google) anunció sus resultados financieros. A primera vista, los resultados fueron espectaculares: los ingresos subieron un 24%, y los ingresos de su negocio en la nube se dispararon un 82%. El beneficio por acción fue de 9,11 dólares, una cifra muy alta. Pero más de dos tercios de ese beneficio se debieron a contabilizar 77.000 millones de dólares como «ganancias no realizadas» por la compra de acciones de Anthropic, una importante empresa de modelos de Inteligencia Artificial (IA). En otras palabras, estas ganancias existen solo en el papel y dependen de que las acciones de Anthropic sigan al alza.
Google es uno de los llamados hiperescaladores, esas megacompañías tecnológicas que están invirtiendo cantidades enormes de dinero en IA, con la esperanza y la expectativa de que en el futuro eso les reporte un fuerte aumento de los beneficios. La inversión de Google en IA ha inyectado tanto dinero en empresas de IA como Anthropic y OpenAI, y en centros de datos para ejecutar la IA con costosos chips fabricados por Nvidia, que sus enormes ingresos en efectivo ya no cubren el costo de la inversión. El flujo de caja libre, como se le llama, se volvió negativo por primera vez en la historia de Alphabet.
Google está aumentando enormemente su inversión en IA este año, al igual que sus rivales, Meta, Microsoft y Amazon, para construir infraestructura de IA; entre los cuatro hiperescaladores, se prevé que gasten más de 725.000 millones de dólares en 2026. Antes de los resultados del miércoles, se consideraba que Google era el hiperescalador mejor posicionado para aguantar la carrera armamentística de la IA, ya que se esperaba que los flujos de caja de su enorme negocio de búsquedas amortiguaran la presión financiera. Pero ahora, el gasto de efectivo para financiar las inversiones en IA va a obligarle a pedir más préstamos y/o a emitir acciones. Alphabet ya ha contraído una deuda de casi 100.000 millones de dólares, y en junio decidió recaudar unos 85.000 millones de dólares en su primera venta de acciones en más de dos décadas.
Todo esto nos dice que la burbuja bursátil de la IA –porque de eso es de lo que se trata– está a punto de estallar. Los hiperescaladores son tremendamente rentables gracias a sus negocios actuales, con unos beneficios que superan la tendencia en un 59 %. Pero es tal la magnitud del boom de inversión en IA que están llevando a cabo estos hiperescaladores, que incluso estos beneficios se están viendo absorbidos por la IA como el agua que desaparece en el desierto del Sáhara.
Como ya he comentado en notas anteriores, la economía estadounidense es una gran apuesta por la IA. El valor bursátil de los hiperescaladores representa ahora aproximadamente el 40 % de la capitalización bursátil total del S&P 500. Si hubiera algún indicio de que, en primer lugar, no pueden mantener su ritmo actual de inversión y en segundo lugar, que están mermando sus beneficios sin obtener ningún rendimiento de esas inversiones en IA, el valor de sus acciones podría caer en picado y arrastrar consigo a todo el mercado bursátil.
La economía capitalista de EEUU se sostiene sobre la punta de la IA. Todo irá bien si los modelos de IA tienen una gran demanda y empiezan a usarse en empresas de EE UU y en el resto del mundo (lo que impulsará la rentabilidad de los hiperescaladores y, con el tiempo, del resto del sector empresarial), y si el uso generalizado de la tecnología de IA en todos los sectores de la economía implicara un cambio radical en el nivel de productividad, lo que puede llevar a la economía estadounidense a una nueva era de prosperidad.
Antes de que se diese el boom de la IA, las tecnologías de la información estadounidenses ya se habían convertido en el motor de un crecimiento económico relativamente más rápido en EEUU en comparación con el resto de las economías del G7 durante la Larga Depresión de la década de 2010.
Pero en la década de 2010, todas las economías del G7, incluida la de EEUU, experimentaron una desaceleración en el crecimiento del PIB real, la inversión y la productividad. Más tarde, tras la caída provocada por la pandemia, la inflación volvió a la mayoría de las economías, amenazando con introducir un nuevo periodo de estanflación (crecimiento lento o nulo junto con una inflación más rápida y elevada) que no se veía desde los años 70. Ahora, la guerra con Irán está acelerando la inflación de los precios de la energía. La política monetaria de los bancos centrales no logró reactivar las economías en la década de 2010 con tipos de interés bajos o nulos e inyecciones monetarias (flexibilización cuantitativa). Y la política monetaria de los bancos centrales tampoco está logrando frenar el aumento de la........
