El panglossismo redivivo de los neotecnócratas
Una ojeada a ON IMPACT. A GUIDE TO THE IMPACT REVOLUTION, Sir Ronald Cohen, onimpactnow.org., India 2018.
En tanto el planeta, el clima, la violencia, la crisis poblacional, la contaminación generalizada, nos lleva a algunos a pensar problemáticamente nuestra situación-en-el-mundo, los dueños del poder real, los titulares del capital, los más ricos entre los billonarios siguen muy orondos con sus proyectos y sus ensoñaciones de que están construyendo un paraíso.
Puede que no en el planeta que habitamos, sin embargo. Por algo, muchos de los proyectos de los Elon Musk, Jeff Bezos y otros potentados empeñados en construir un universo particular –valga la contradicción en sus términos– como SpaceX o NewSpace, están procurando diseñarlo fuera de la Tierra.
Se trata hasta ahora, apenas, de apuestas. Que descartan la casa en común de la humanidad, por cierto bastante maltratada. Y no es por cierto “la humanidad” la responsable; son sus capas dirigentes, ilustradas y orientadoras; los “capitanes de la industria”, los dueños u orientadores de nuestras sociedades quienes han encarado alegremente la destrucción del planeta para adelantar ventajas, a menudo materiales, o apenas monetarias, y acumular poder contra otros humanos.
Una reedición de los jalones del colonialismo, aplicado no ya a otros humanos, no tan prójimos, sino al planeta directamente; a su aire, su agua, su tierra, es decir a nuestro aire, agua, tierra.
Para acercarnos a la visión de los poderosos, tomemos un libro pequeño, que hasta por su color y tamaño, resulta ser el equivalente de “el libro rojo” que fue en un tiempo, a mediados del siglo xx, una suerte de biblia de socialistas chinos y prochinos.1
Se trata de On Impact,2 un librillo de 80 páginas cuyo autor es Ronald Cohen, anglojudío de nacimiento, que debió abandonar Egipto, su tierra natal, cuando el gobierno egipcio, a cargo de Gamal A. Nasser, nacionalizó el Canal de Suez, en 1956. Desde entonces, precautoriamente, su familia y él con 11 años, pasó a residir en Londres y desde allí gobierna ahora su emporio empresario.3
Cohen se ha especializado en analizar la cuestión del impacto en la economía, tema clave con sus ribetes autobiográficos.
Si bien en muchos un trauma infantil puede dejar una huella de incerteza e inseguridad, por su misma generación, lo acontecido a nuestro autor parece haberle reasegurado un optimismo radical, sólo coherente con su privilegiadísimo origen y situación-en-el-mundo.
On Impact lo trasunta por entero.
Su definición de “impacto” nos va dando el perfil: “El impacto es la medida de un beneficio que una acción aporta a la sociedad y al planeta; debemos situarlo en el centro de nuestra conciencia.”
Nuestro autor ha desechado redondamente la idea misma de impacto negativo, devastador. Significativa semejanza con el inveterado optimismo del doctor Pangloss, magistralmente presentado por Arouet, François-Marie, recordado como Voltaire.4
Cohen advierte la cortedad básica de lo filantrópico, aunque como ‘millonario de corazón’ exalta la filantropía, que otorga “mucha ayuda”, aunque no ofrece “soluciones de escala”.
Y permanentemente, va dejando caer grajeas ideológicas: “Necesitamos aprender de la Revolución Tecnológica cuyos frutos nacieron con el capital privado.” Como tantas de sus frases, es redondamente falsa: los desarrollos tecnológicos han tenido su cuna tanto en ámbitos privados como públicos. Todo “recorte” en esta cuestión huele inevitablemente a sesgo ideológico, escamoteador de la realidad y la historia.
A veces, como........
