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El existencialismo: Análisis de la libertad radical, de la angustia de vivir y del peso de decidir

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09.04.2026

Si alguna vez te has preguntado cuál es el sentido de la vida o has sentido esa angustia existencial que aparece cuando te das cuenta de que no existen respuestas definitivas, entonces ya has tenido tu primer encuentro con el existencialismo.

Esta corriente filosófica sigue más vigente que nunca en esta era de incertidumbre, hiperconectividad y crisis de identidad. Buscamos propósito, autenticidad y dar un sentido a nuestras vidas, y el existencialismo nos ofrece las claves para conseguirlo.

Lejos de ser un conjunto de teorías abstractas, el existencialismo nos enfrenta a cuestiones profundamente humanas: ¿Qué nos define? ¿Somos libres realmente? ¿Cómo afrontamos la angustia de no tener respuestas absolutas?

Estas interrogantes atraviesan nuestras vidas, siguen inspirando y, lo más importante, hacen mella en nuestras propias crisis personales.

El existencialismo es una corriente filosófica y literaria que pone en el centro de su reflexión la existencia individual, la libertad y la responsabilidad personal.

Los pensadores existencialistas sostienen que no nacemos con un propósito predefinido: somos nosotros, a través de nuestras elecciones y acciones, quienes damos forma a nuestra identidad y destino.

Los pilares de esta corriente filosófica son:

-La libertad y la responsabilidad: Somos completamente libres para elegir nuestro rumbo, pero con esa libertad viene también la responsabilidad de afrontar las consecuencias de nuestras decisiones. No podemos echarle la culpa al destino o a la sociedad. Somos autores de nuestra historia.

-La angustia y el absurdo: Esta libertad radical que defiende el existencialismo es, al mismo tiempo, la causa de la angustia. A través de ella nos enfrentamos a un mundo sin respuestas definitivas. La vida no tiene un significado prestablecido, y a veces nos encontramos cara a cara con el absurdo: la sensación de que nada tiene sentido si no lo construimos nosotros mismos.

-La autenticidad: Para los existencialistas, el gran reto es vivir de manera auténtica, sin dejarnos llevar por lo que otros esperan de nosotros. Esto implica asumir nuestra libertad y actuar conforme a nuestros valores, en lugar de seguir normas impuestas sin cuestionarlas.

Jean-Paul Sartre afirma que el existencialismo parte de la idea de que “el hombre primero existe, luego se define a sí mismo”, es decir, no hay una esencia humana prestablecida.  La existencia precede a la esencia, de modo que cada persona crea su identidad a través de sus decisiones libres y responsables.

El ser humano vive en “angustia” porque no puede esconderse detrás de una naturaleza dada, de un destino, o de valores fijos; cada elección es un compromiso que afecta no solo a uno, sino a la imagen de la humanidad que uno proyecta. Frente a la posibilidad de la desesperación o el nihilismo, Sartre defiende que el existencialismo es un humanismo… Afirma la dignidad humana porque reconoce que el valor del mundo procede de los proyectos libres de las personas.

Conexión con Kierkegaard y Nietzsche

Antes de Sartre, el danés Søren Kierkegaard ya había puesto en el centro la subjetividad, la angustia y la elección individual. Para Kierkegaard, no hay una verdad “objetiva” sobre la vida; solo hay una verdad que se vive desde la propia decisión, especialmente en el salto de fe. En este sentido, Sartre retoma la angustia y la responsabilidad del sujeto, pero la desacraliza, es decir, la apuesta ya no es por Dios, sino por uno mismo y por la humanidad. 

Friedrich Nietzsche también influye en el trasfondo, su crítica al cristianismo y a la moral tradicional, su idea de que “Dios ha muerto” y su llamado a crear valores propios preparan el escenario existencialista. Sartre, aunque muy distinto ontológicamente, comparte con Nietzsche la idea de que el ser humano debe afirmarse creando significado en un mundo sin sentidos dados.

Encuentros y tensiones con Heidegger

Martin Heidegger, en Ser y tiempo (1927), ya había analizado el “Dasein” (el ser‑ahí) como un ser arrojado al mundo, preocupado por su posibilidad auténtica frente a la muerte y la contingencia.  Sartre toma la idea de un ser lanzado a la existencia, pero la transforma; en otras palabras, mientras Heidegger insiste en la pregunta por el “Ser”, Sartre se centra en la libertad concreta y la responsabilidad ético‑política del individuo.

Las diferencias son importantes:

-Heidegger rechaza la etiqueta de “existencialista” y subraya más la historicidad y la temporalidad del ser que la moral individual.

-Sartre insiste en la angustia moral y en la elección como fundamento de la ética. 

En clave existencialista “atea”, Sartre radicaliza el enfoque heideggeriano hacia una ontología de la libertad y de la acción.

Puentes con otros escritores existencialistas

El existencialismo se expresa bien en Fyodor Dostoyevski, Franz Kafka y Albert Camus.

Dostoyevski, en obras como Memorias del subsuelo o Crimen y castigo, muestra cómo el ser humano puede angustiarse hasta la parálisis o cometer un acto radical para afirmarse ante un universo aparentemente absurdo.  Esto antecede a la idea sartreana de que el ser humano es un “hacerse continuo” y que incluso la negación de sí mismo es una forma de proyectarse.

Kafka, en relatos como La condena o El proceso, muestra individuos atrapados en burocracias sin sentido, donde la culpa y la responsabilidad aparecen sin que el sujeto pueda comprender el origen de ambas.  Esto se conecta con la angustia existencial sartreana: el ser humano se siente responsable sin que haya un juez superior, pero el mundo se le presenta como un escenario opaco e incomprensible.

Un poco más cercano a Sartre está Albert Camus, sobre todo en El mito de Sísifo y El extranjero. Camus no se declara existencialista, pero comparte la conciencia del absurdo y la necesidad de seguir creando sentido en un mundo sin respuestas definitivas. La diferencia clave es que Sartre apuesta por la libertad y la responsabilidad como valores centrales, mientras Camus se centra más en la rebelión y la resistencia frente al absurdo.

¿Qué es el absurdo para Camus? La búsqueda humana del sentido de la vida ante el silencio indiferente del universo.

Relación con Simone de Beauvoir y el feminismo

Simone de Beauvoir, compañera de Sartre, traslada el marco existencialista a la condición femenina en El segundo sexo (1949). Parte de la misma idea sartreana de que “uno no nace mujer, se hace mujer”, es decir, la identidad de género no es una esencia fija, sino el resultado de prácticas históricas, valores y relaciones de poder.

Aquí el existencialismo se vuelve herramienta de crítica social: la opresión de las mujeres no es un simple “destino” ni una naturaleza, sino un sistema de opresión que se sostiene merced a la complicidad, la mala fe y la falta de conciencia de una libertad compartida. De este modo, la conexión con Sartre se mantiene en la noción de autenticidad y responsabilidad, pero se enriquece con un análisis concreto de género, sexualidad y opresión.

En una sociedad marcada por la incertidumbre, el individualismo y la hiperconexión, la idea de que cada persona crea su sentido mediante decisiones libres y responsables puede leerse como una invitación a escapar de la “mala fe” (el autoengaño) y de la alienación digital consumista.

Si el existencialismo tiene algo que enseñarnos, es que la vida no trae un manual de instrucciones. Pero esto no significa que estemos condenados al caos. Al contrario, nos da la oportunidad de asumir nuestra libertad personal y de vivir con autenticidad.

No hay respuestas fáciles en esta corriente filosófica, pero quizás la clave esté en abrazar la incertidumbre en lugar de temerla. Como diría Albert Camus, “la felicidad y el absurdo son hijos de la misma tierra”. Tal vez no podamos encontrar un sentido universal a la existencia, pero podemos crear el nuestro. Y eso, en sí mismo, es razón suficiente para seguir adelante.


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