El lenguaje para la situación del mundo
Cuando en pleno siglo XXI un individuo al frente de una nación —no tanto la más poderosa como la que se pretende tal— regresa a la depravación propia de los déspotas sanguinarios de otros siglos, y, aliado a otro de idéntica catadura moral, convierte en grotesca obscenidad el crimen masivo ejecutado por sus armas…
Cuando ese mismo individuo hace añicos el ya frágil orden internacional, siembra el horror en una región del mundo y extiende el miedo a todo el planeta ante la posibilidad real de una guerra nuclear que significaría la extinción de la vida…
Cuando, ante ello, nadie activa con eficacia los mecanismos legales que deberían detenerlo y reducir su poder devastador a escombros…
Entonces el lenguaje deja de poder ser refinado, elegante o literariamente correcto.
Porque ante la barbarie, la palabra civilizada se quiebra en el ridículo.
Y la respuesta del mundo que aún se llama a sí mismo civilizado no puede ser otra que la de la pancarta, la octavilla, el grito… y la horca.
Imagen de portada: Rebelión para una esper- Wikimedia Commons | Detalles de la licencia
