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En torno a las primeras veces

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18.02.2026

            «El sol es nuevo todos los días»

                     Heráclito de Éfeso

Sin entrar en, más, mayores ni forzar, más, las cosas mayormente [cosa que dejo para las derivas finales], podría considerarse que las primeras veces de las que habla Claire Marin (Paris, 1974) en su recién aparecido libro: «Los comienzos. Una filosofía de las primeras veces», publicado en Anagrama, editorial en la que ya se había publicado, en 2022, otro libro suyo, Estar en su lugar (https://kaosenlared.net/en-busca-de-la-identidad/) pueden vislumbrarse ciertos aires de familia con la postura deleuziana en los que hace a los acontecimientos (événemets) -con cuya compañía deriva en una de las entradas, en la apuesta de éste por comenzar por el medio –posición que recuerdo que atribuía el filósofo a Jean-Paul Sartre- y pliegues, líneas de fuga, puesto que la autora no se refiere en su obra a grandes acontecimientos históricos que trastornan o conmueven el mundo sino a algunos cambios, unos mayores y otros menores, que fuerzan a cambiar el rumbo, a buscar nuevas vías frente a lo que llega, como primera vez (se dice que siempre hay una) en vista a algo inesperado que afecta a nuestra vida y que lleva a reconfigurarla ante la nueva situación que se plantea; de variedad de ellos, grandes y menos grandes, habla quien es considerada como pensadora de la intimidad, debido a que los temas que convierte en el centro de su atención, resultan cercanos a los lectores puesto que no se mueven por el mundo de las ideas platónicas ni por ninguna otra nebulosa, sino que son asuntos que afectan a todo el mundo, de una u otra manera, en su cotidianeidad; dicho esto, sí quisiera apresurarme a subrayar que nadie ha de pensar en que los suyas sean obras de autoayuda u otras yerbas humeantes similares, sino que tal vez sean más cercanas a aquellas primeras andanzas de la filosofía, en especial del helenismo, como aprendizaje de vida, en pos de la felicidad, más allá de la definición etimológica amor a la filosofía (filos + sofia). Así, si Montaigne hablaba del aprendizaje de la muerte, como objeto de la filosofía, su visión podría complementarse del aprender a vivir, potenciar la vida, que señalaba Spinoza; frente a la visión que señala a todos los mortales como seres para la muerte, Hannah Arendt hablaba de nuevos comienzos, de los nacimientos como nuevas oportunidades, nuevos comienzos y nuevas esperanzas, con su compañía cuenta Claire Marin. Desde el conócete a ti mismo al cuidado de sí (gnothi seauton / epimeleia heautou) deslizamiento señalado por Plotino y usado más tarde por Michel Foucault en su visita a los clásicos griegos, en sus últimos tomos de su Historia de la sexualidad. Si hoy parece que tengo día de convertir lo que escribo en una casa de citas, quizá sea debido a que la autora me ha contagiado, y lo digo ya que basta ver la bibliografía que consta al final del libro para ver la extensión de autores, selectos, usados en su travesía, cosa de la que ya hacía gala en su anterior obra (45 autores y varias obras de algunos de ellos): filósofos (además de algunos que nombro, Jankélévitch, Emerson, Hume, Rosset…) escritores (Céline, Flaubert, Perec, Carrère,…), psicólogos o psicoanalistas (Pontalis, Anzieu…), poetas (Pessoa, Char, Darwish…), la acompañan en sus veintinueve flashes….que se inician con el nacimiento y concluyen con que nunca es tarde para recomenzar.

Sin entrar a discutir la postura del happax exitencial defendida con fiereza por Michel Onfray que supone que toda obra filosófica, u otras, responde a las experiencias vitales, o a alguna concreta, de quien la escribe, sí que puede mantenerse que Claire Marin ha escrito varias obras, sobre la enfermedad, en las que habla de su propia experiencia: padece una patología autoinmune. No seré yo quien se atreva a señalar que ello es lo que le conduce a centrar su mirada en temas personales, íntimos que, obviamente, no son propiedad exclusiva de ella sino que son generalizables, en algunas ocasiones, a muchos casos.

Si en líneas posteriores dejo constancia de una tendencia a tener en cuenta cómo acaban, o han de acabar, las cosas, la ensayista, al contrario, hurga en cómo empiezan, y para ello entrega diferentes momentos en que es preciso actuar (kairós, que los griegos distinguían del tiempo eterno, Aion, y del cronológico, Cronos). Si ya he nombrado las compañías de Hannah Arendt o Gilles Deleuze, Ítalo Calvino le va acompañar en lo referido a los primeros pasos, y otros pasos en el aprendizaje, y otros pasos existenciales, o en el inicio del lenguaje, de las primeras palabras hablará Maurice Merleau-Ponty, y sin pasar lista de los numerosos compañeros de viaje, Henri Bergson y la durée, como continuum que nos envuelve, y su rechazo a contemplar los comienzos, frente a él Gaston Bachelard; sí que se ahorran elogios del comenzar en muy diversas situaciones, como los recomienzos de actividades que se tenían abandonadas y que se tiene el coraje de volverlas a tomar en cuenta y ponerlas en acto, lo que sin duda supone romper con la rutina, con la repetición, o se visita la sensación de plenitud a la hora de iniciar alguna tarea con una fuerza que no sabemos de dónde procede, o revivir sentimientos y emociones que aun no siendo primeras recuerdan a las experimentadas una primera vez que dejó su huella al menos en el almacén de la memoria. Lo que pueda hacer que se tenga una sensación de dejà vu dejà vécu,…preguntas sobre la esencia de los comienzos, y las derivaciones de recuerdos, de reinvenciones en pausados ejercicios de anamnesis, que en no pocas ocasiones son la materia prima de novelas y ensayos, que se lo pregunten a Annie Ernaux o a Pierre Bourdieu, en sus autoanálisis o a Paul Ricoeur y su hermenéutica de sí mismo…alegrías y tristezas, fiestas y dramas, amores, intentos, revelaciones, primeras miradas y frases, amor, proyectos, aprendizajes, …de todo hay en la sutil mirada de Claire Marin. Y la reivindicación de la ensayista de que los diferentes comienzos marcan nuestras vidas, en su papel de interrumpir, para bien o para mal, la marcha habitual de la vida.

Antes me he referido a las entradas del libro como flashes, y es que además del deslumbre que pueden provocar, son píldoras para el paladeo, para la rumia y no cabe duda de que esta es una de las razones, reitero, del atractivo de la lectura y del éxito de la mujer, que a la vez abre el abanico a diferentes pensadores, acercándolos al lector de manera asequible al tiempo que rigurosa y abriendo, al tiempo, una invitación a la profundización de algunos o el acercamiento a algunos de ellos. En ese orden de cosas puede encuadrarse el libro en la vía del enseñar deleitando. Y si como decía el otro en flagrante tautología, la tarea del pensar es pensar, aquí se ofrece un surtido variado y amplio de casos que invitan a pensar y a encarar la vida.

Derivas a partir del libro

Varios filósofos hexagonales utilizan en su quehacer el concepto de acontecimiento (événement) como de importancia, obviamente con diferentes sentidos. Ciertos aires de familia pueden constatarse en el discurso de Claire Marin con respecto a algunos de ellos: así, por ejemplo, frente a las posturas de orden mayor que suponen una ruptura en el curso de las cosas, es el caso de Alain Badiou, Gilles Deleuze, por su parte, sostiene en su La lógica del sentido, que «en todo acontecimiento, hay el momento presente de la efectuación, en el que se encarna en un estado de cosas, un individuo, una persona, el que se designa diciendo: he ahí, el momento ha llegado, haciendo que el pasado y el futuro no sean juzgados más que en función de ese presente definitivo», dando a entender que supone como un instante que inquieta ya que supone cierta apertura a algo nuevo, en este sentido sorprende pues hace que uno se encuentre ante una situación, no tiene porque ser de orden mayor, ni general, histórica, etc. sino inscrita en el devenir de la existencia personal.

Podrían añadirse, por ejemplo, los casos de Michel Foucault, de Emmanuel Lévinas o de Jean-François Lyotard: así mientras que para el primero la utilización es considerada como la irrupción de una singularidad histórica, hablando de rupturas y singularidades (poniendo como ejemplo el texto kantiano sobre las Luces o las revoluciones; «no soy historiador en el sentido estricto del término, pero los historiadores y yo tenemos en común un interés por el acontecimiento»), para Emmanuel Lévinas, el acontecimiento se da como irrupción del otro, del rostro del otro, rompiendo la totalidad de lo mismo; por último, en el caso del autor de Discurso, figura el acontecimiento es aquello que surge de manera inesperada, resistiéndose a entrar dentro de los grandes relatos o en los sistemas de causalidad establecidos, tratándose de una ruptura singular, una intensidad sensible que pone en evidencia el il y a (hay) como presencia inmediata y singular, ce qui arrive (lo que llega) como nuevo e inesperado.

Sin irme, más, por los cerros de Úbeda, ni los de Bizancio, y guardando todas las distancia debidas, la lectura del libro me provoca otras asociaciones: así a la mente me viene el dicho en euskara, amaia da hasiera (el final es el principio) que, a su vez, sin rizar el rizo, lleva a los debates entre Bernstein y Lenin acerca de ¿por dónde empezar? -que preguntaba Lenin en su ¿Qué hacer?- y la postura del alemán que postulaba que el movimiento lo es todo; la postura del primero era la de que siempre se ha de tener en cuenta el objetivo, el fin al que se pretende llegar, no perdiéndolo de vista…lo que me llevaría, a su vez, a aquel camusiano los medios son el fin (son los medios los que deben justificar el fin decía en Los Justos). No me duelen prendas en afirmar que este excurso tiene ciertos aires de los holzwege (caminos que no llevan a ninguna parte), pero qué le vamos a hacer.

Por Iñaki Urdanibia para Kaosenlared


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