40 años sin Simone de Beauvoir
Fue el 14 de abril de 1986, cuando la vida abandonó a esta mujer, pionera del feminismo, mujer comprometida y filósofa destacada aunque muchas veces mantenida en la sombra de su compañero.
En no pocas ocasiones me he referido a ella, recordando su figura y algunas de sus obras.
Con ocasión de este aniversario, me permito reproducir algunos de los artículos que digo, algunos de ellos también escritos con diferentes aniversarios, en vez de rehacer uno que no sería, al fin y a la postre, repetición de la repetición.
Simone de Beauvoir, pionera feminista
Se suele decir que nadie es profeta en su tierra y en cierta medida podría aplicarse tal dicho a la mujer que nos ocupa: cuando salió El segundo sexo, tuvo un éxito inmediato en Estados Unidos e Inglaterra en donde influyó de manera fuerte en las corrientes feminista; en su país tras la polvareda inicial y el aplauso de ciertos círculos minoritarios y especializados, la cosa tardó más en cuajar. En lo que hace a sus novelas, testimonios, textos autobiográficos, las cifras cantan y ciertamente las ventas han solido funcionar siempre de manera estupenda. El caso del texto cuyo título he citado, a principios de los setenta del siglo pasado los ambientes feministas movieron el texto con la implicación directa de Simone de Beauvoir en el movimiento; en 1999, en el cincuenta aniversario de la publicación del libro se dio otro subidón. En 2008, al cumplirse los cien años de su nacimiento se organizaron numerosos congresos lo que supuso un impulso importante, que fue acompañado, cuatro años después, por la publicación de un volumen dedicado a ella en Los Cahiers de L´Herne . Seis años más tarde, es decir este mismo año se ha publicado en la prestigiosa colección de la Pleïade la edición de las Mémoires, siendo, por otra parte, incluida en el programa de agregadurías susMémoires d´une jeune fille rangée. En tal colección y en tal registro de la literatura del yo le habían antecedido Michel Leiris, Sartre y Cendrars…Dentro del ciclo autobiográfico, no cabe duda de que el lugar más destacado recae sobre el libro nombrado en último lugar, su relato de su niñez y su juventud, los años que podríamos decir de formación. Tal libro no provocó escándalo algunos más que en algunos sectores ultracatólicos François Mauriac subrayaba los peligros que acarreaba su lectura que que se centraba en la pérdida de la fe) y en algunos sectores de la burguesía por el retrato que de ella se hacía, mas lo que queda claro es que el libro tuvo una grandísima difusión y alcanzó a no pocas jóvenes que se veían reflejadas sino en todo al menos en algunos aspectos, lectoras que es claro que no pertenecían a ningún sector especializado sino que formaban parte del gran público. Se puede citar a modo de significativa anécdota, lo contado con el traductor del libro al húngaro que al preguntar a una joven rangée-60 si había leído el libro le contestó que sus padres se lo tenían prohibido mientras que le dejaban leer Les Liasons dangereuses porque era un clásico, lo que da cuenta de los recelos de la burguesía con respecto al libro y a la autora…los mismos que mostraba la Iglesia cuya Congregación del Santo Oficio incluyó en el Índice de libros prohibidos El segundo sexo y Los mandarines.
Aunque amarga la verdad…es de justicia señalar que cuando la escritora estaba dispuesta a escribir sobre su infancia y juventud, una indicación de Sartre que le señalaba que ella no había sido educada igual que un muchacho le hizo desviarse su objetivo, atendiendo primera a esa cuestión en El segundo sexo («ese mundo era un mundo masculino, mi niñez había sido forjada en base a modelos masculinos…Me sentí interesada de tal manera por esa revelación que abandonaba el proyecto de una confesión personal para ocuparme de la condición femenina en su generalidad»– La fuerza de las cosas); tiempo después emprendería la tarea de narrar en primera persona la constitución de su yo, la conversión en mujer e intelectual, la liquidación que conducía a una refundación de sí (« yo he contado esa liquidación en las Memorias de una joven formal»; y lo va a hacer considerándose la única, hors série, en contraposición a otras ( hermana y amigas) y mostrando un no disimulado orgullo por los éxitos obtenidos en un mundo de hombres, y esta singularidad individual sirve a la vez de archivo de las características de un tiempo y de la educación de una clase muy en especial de las mujeres.
1) el acento es puesto en la infancia, y supone una puesta en solfa de las jerarquías establecidas. El determinismo convertido en promesa, la fatalidad en destino; gracias su hermana ella adquiere cierta autonomía ( a costa de…reflejando la jerarquía).
2) la vocación literaria aparece como respuesta a la sed de absoluto. No hay bien que por mal no vengan, la decadencia familiar hace que su padre afirme que sus hijas habrán de trabajar en vez de limitarse al rol atribuido generalmente a las mujeres, a lo que se ha de sumar la valoración que el padre tenía con respecto a Simone ( tiene un cerebro de hombre, es un hombre ).
3) se exploran las consecuencias prácticas de su desclasamiento: amargura de la madre, las contradicciones del padre con respecto al futuro profesional de Simone. Excepto Zaza, las demás amigas se alejan; Simone sigue los ejemplos de Garric y Jacques ( el espacio dedicado al “noviazgo incierto” con éste sirve de ejemplo de amor contingente que va a servir para ensalzar el necesario, Sartre como doble, como condición para su propio desarrollo.
4) afirmación de sí y liberación definitiva: agregación y encuentro con Sartre, lejos del orden doméstico encarnado por Zaza.
Ninguna de las mujeres con las que se codea le sirven de modelo femenino ( ni su madre que va siendo relegada en beneficio de su padre, ni Zaza, Stépha…que van dejando de lado a sus primas de Meyrignac). La liberación va más por el lado de la familia y el medio más que por el lado de la liberación propiamente femenina. No obstante, planea por todo el texto la condición femenina que ella no ha abandonado para triunfar, como prueba inequívoca de que la diferencia fisiológica no determina el devenir del ser.
Prière d´insérer: « novelas, relatos, confesiones, las jóvenes de hoy cuentan su vida de buena gana. Mis contemporáneas eran menos osadas todavía. Yo he querido trazar el retrato de una de entre ellas, aquella que he conocido mejor, yo.misma. Mis veinte primeros años se han desarrollado entre Notre-Dames-des-Champs y Saint-Germain-des-Prés sin que me sucediese nada de excepcional; es por lo que mi infancia y mi adolescencia me parece que expresan de una manera típica una época, un medio. Sin embargo, mientras que mis semejantes abrazaban unánimemente un carrera el matrimonio, las circunstancias y mis gustos me llevaron a entregarme a mis estudios con el fin de ganarme la vida […]. En mi historia se mezclan las de mis dos amigos más íntimos, un muchacho y una chica, que no tuvieron como yo la suerte de poder escapar a su condición y que ambos fracasaron trágicamente al acomodarse» ( Se ha de tener en cuenta el artículo indefinido del título que da a entender que se habla de un caso pero que puede ser ampliable a lo colectivo).
El retrato que ofrece de sí misma es en contrapunto de otras chicas formales, con la diferencia que ella no se salen de la fila ( su madre, su hermana, Zaza, Marguerite de Théricourt, Clotilde Gendron, y otras designadas con un anónimo “ les jeunes filles”; y en lo que hace a las adultas: las señoritas , maestras de Désir, también mademoiselle Lambert del Institut Sainte-Marie…todas ellas pertenecen a la burguesía católica y reciben o imparten la educación de se medio. Un par de personajes se salen de la fila: Stépha Avdicovitch y Simone Weil. El retrato de todas ellas siue el mismo esquema: aspecto físico, familia y catolicismo. La mayoría de ellas son aficionadas a los estudios y la lectura, y como tal prometedoras, mas las imposiciones familiares que encaminan sus vidas hacia el matrimonio, les castra convirtiéndolas en jóvenes tristes (víctimas de la violencia simbólica – de la que hablase Pierre Bourdieu- a la que se ven sometidas). Se lee en El segundo sexo: « Ahora, lo que define de una manera singular la situación de la mujer, es que, poseyendo como todo ser humano, una libertad autónoma, se descubre y elige su camino en un mundo en el que los hombres le imponen tomarse como lo Otro[…] El drama de la mujer, es ese conflicto entre la reivindicación fundamental de todo sujeto que se plantea siempre como lo esencial y la exigencia de una situación que la constituye como no- esencial».
Advierte, no obstante, Simone de Beauvoir que contra lo que se hay podido pensar ella no pretendía de ninguna de las maneras dar lecciones a las jóvenes sino saldar una deuda que tenía contraída consigo misma.
La invención de un porvenir (intelectual y de escritora), novela de formación, una autobiografía existencialista…o cómo escapar a la fábrica de mujeres. Obra pasada por alto debido en gran parte a la hostilidad hacia los posicionamientos políticos de la pareja Sartre&Beauvoir, sin darle la importancia debida como obra inaugural del género: Este trabajo de reflexión e imaginación además de un clásico de la rememoración implica la invención de una poética particular que une discurso narrativo y analítico, síntesis de relato y ensayo. Mirada retrospectiva en prosa verídica, implícita, desde las primeras líneas, pacto autobiográfico ue posteriormente haría explícito en La fuerza de la edad: « he contado sin omitir nada mi infancia y mi juventud; pero si lo he hecho sin molestias, y si excesiva indiscreción, poniendo al desnudo mi pasado lejano, no experimento con respecto a mi edad adulta la misma soltura y no dispongo de la misma libertad[…] Dejaría en la sombra cantidad de cosas»…En lo que se centra especialmente es en la verdad de la relación consigo misma…un yo enunciativo ( a menudo analítico), u yo narrativo y yoes pasados o enfocados, que se desdicen se anulan o se discuten…
Si se mide un libro por la influencia o el lugar que ocupa en la acción de sus lectores, no cabe duda de que El segundo sexo gana por goleada a los libros de su compañero, de quien las lenguas facilonas dicen que ella no era más que una discípula de Sartre…cuando está claro que en el libro nombrado se ven las influencias de diferentes maestros y no de uno solo (Hegel, Marx, y la fenomenología existencialista), es más en tal obra la pensadora da muestra de haber leído a Marx, por ejemplo, antes de que lo hiciera Sartre, al igual que se separa del existencialismo sartreano al proponer una antropología y una filosofía de la historia, unidas a algunos toques morales ausentes en la obra de su supuesto maestro; dejaré de lado las hipótesis que dicen que fue Sartre el que se apoderó de ideas de su compañera. Mas sí que parece de recibo la postura de Le Doeuf que se encarga de distinguir entre ambas obras destacando la singularidad de la obra beauvoriana, a pesar de que no se priva de indicar cierto seguidismo en algunos aspectos. Siguiendo la lógica que señalaba al principio del párrafo tampoco sería descabellado mantener que las Memorias de una joven formal han hecho más por el feminismo de las jóvenes generaciones que El segundo sexo, ya que el segundo es de lectura compleja y solo apto para gente habituada al discurso filosófico, mientras que el primero es apto para todos los públicos y el registro hace que las lectoras, muy en especial, puedan verse reflejadas en su propia existencia.
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Simone de Beauvoir, escribir la libertad
En un día como hoy de 1986 se apagó la existencia de esta mujer independiente que no se acomodaba al rol que habitualmente se asignaba a las mujeres y luchó por construir su libertad y ampliarla a la totalidad de los humanos; en especial, a la de las mujeres.
El día 19 de abril un cortejo de cinco mil personas acompañaba a la difunta hacia el cementerio de Montparnasse donde iba a recibir sepultura junto a su compañero, su cómplice, su amante, su amor “necesario” (frente a los “contingentes”) que había sido allá enterrado exactamente un mismo día 19 de seis años antes(había fallecido el día 15 de 1980); en aquella ocasión el cortejo fúnebre estuvo compuesto por más de cuarenta mil. Las cifras que señalo son muestra de cómo la filósofa quedó ensombrecida por la grandeza del pequeño filósofo, ya desde la propia oposición a agregadurías en la que a él se le concedió la primera plaza y a ella la segunda ella quedó convertida en discípulo(sic!) del gurú del existencialismo(como consta en el Petit Larousse), no ocupando lugar propio en las distintas historias de la filosofía(no pasaré lista hoy); a lo más alguna mención a su Segundo sexo, obra maestra de la pensadora, cuya huella sigue marcando a cualquiera que se preocupe de la …et tout le reste c´est littérature ; es así como quedó relegada al papel de compañera de Jean-Paul Sartre-la grande Sartreuse dirían con maldad- y como escritora.
Ya desde joven mostró su independencia, ante unos padres pasmados, y su clara decisión al optar por unos estudios que parecían terreno acotado para hombres. Entre los que preparaban las oposiciones a filosofía en la École Normale Superieure se codeaba con Jean-Paul Sartre, Paul Nizan y René Maheu, y en el primer liceo, en prácticas, era la única mujer junto a los Maurice Merleau-Ponty o Claude Lévi-Strauss. Fue su amigo Maheu quien jugando con la palabra inglesa (beaver) le puso el mote de Castor, ya que tales animales «van en grupo y tienen espíritu constructor», tal espíritu le acompañó a lo largo de su vida a esa infatigable y luchadora mujer tanto con su presencia en innumerables movilizaciones, como con su escritura que da cuenta de su tiempo y de su presencia en él, sin obviar sus escritos filosóficos que fueron- y son- instrumentos que empujan a luchar por la dignidad y la libertad universales.
De su preocupación por cómo ubicarse en la situación en que a uno le toca vivir optando por “liberar su libertad” para sí y para los demás queda sobrada constancia desde su primer ensayo en el que asistimos al diálogo entre Pyrrhus y Cinéas (1944) y en el que pretende sentar las bases para una ética existencialista, luego vendría Por una moral de la ambigüedad (1947). Los dos personajes plautianos, del libro primeramente citado, discuten acerca que qué hacer: el segundo personaje representa la pasividad mientras que el primero se plantea un futuro construido en torno a un proyecto previo; la búsqueda del lugar adecuado en lo que hace al compromiso con la libertad se convierte así en la tarea a perseguir por cualquiera que se precie.
Esta donación de sentido a la existencia-que prima sobre la esencia- sería precisamente el punto de partida de la obra con la que la filósofa-llevando-turbante-que diría Beatriz Preciado- elaboraría su obra maestra: El segundo sexo (1949) que hizo llevarse las manos a la cabeza a todos los machitos que en el mundo había, encabezados por la santa madre Iglesia que prohibió su lectura, catalogándolo dentro del Índice de libros prohibidos. Mil páginas se alzaban contra una supuesta inamovible naturaleza femenina; en ellas la autora criticaba los discursos dominantes (biológicos, psicoanalíticos, del materialismo histórico) y revisaba la historia, la antropología y los mitos creados por la literatura, para pasar posteriormente a estudiar la vida de las mujeres (la menstruación, la maternidad, la prostitución…), abriendo así los caminos del feminismo moderno y sus distinciones entre género y sexo. Más tarde vendría su estudio sobre Sade(1955) en donde tomando como base al marqués estudiaba las relaciones entre lo individual y lo colectivo, y balizaba los límites de la libertad individual.
Una filosofía que se elevaba de lo particular a lo universal ofreciendo una verdadera arma para vivir con la dignidad de los seres libres; «queriendo hablar de mí, me daba cuenta de que me era preciso describir la condición femenina…Intentaba poner orden en el cuadro que se me ofrecía, incoherente a primera vista: en todo caso el hombre se planteaba como el Sujeto y consideraba a la mujer como un objeto, como el Otro…Me había puesto a mirar a las mujeres e iba de sorpresa en sorpresa. Es extraño y estimulante descubrir entonces, con cuarenta años, un aspecto del mundo que atrapa los ojos y que no se veía».
Toda una vida entregada a liberar la libertad con la escritura y el compromiso…«se escribe a partir de lo que se ha conseguido ser», una gran mujer que echó por tierra la afirmación de Stendhal: «todo genio nacido mujer es un genio perdido para la Humanidad»…¡Gracias Castor por sus lecciones, por las sendas que abrió y por el compromiso de una vida que, cual viejo topo, horadó los intocables cimientos de la sociedad patriarcal!
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Simone de Beauvoir, una mujer refractaria
« Construiré una fuerza en la que me protegeré para siempre»
« Acepto la gran aventura de ser yo »
Tomo el título en préstamo de Michel Onfray, aunque tras incluirla en el conjunto de los refractarios junto a Georges Politzer, Paul Nizan y Albert Camus, la emprende con ella para hurgar en algunas supuestas vergüenzas, y para llegar a mantener entre otras lindezas, dejando de lado los indignos señalamientos políticos, que fue una lesbiana traidora y que el Segundo sexo no es un libro feminista…nadie se había enterado y todos, y sobre todo todas, lo han considerado pues equivocadamente…¡cosas de la lúcida mirada del normano! Al final el carácter refractario se reduce a que su obra, se refiere El segundo sexo,supuso una bofetada para el machismo dominante (Véase su Contre-Histoire de la philosophie 9 / «Les consciences réfractaires». Grasset, 2013; pp. 323-416). Sin entrar en mayores, se podrá estar de acuerdo o en desacuerdo con algunas de las posturas de la mujer mas de lo que no cabe duda es que su figura se convirtió en modelo de mujer independiente, y su obra y su comprometida vida supusieron un grito de alerta acerca de la posición marginada y sumisa que se reservaba a las mujeres en la sociedad patriarcal, y la apertura de las puertas al feminismo moderno, resultando que en el campo de la lucha por la igualdad y emancipación femenina hay un antes y un después de ella.
A la hora de hablar de este brillante personaje trataré de evitar varios desvíos que salen al camino a las primeras de cambio, casi de manera inevitable: derivar por al campo de la filosofía y evitar igualmente asociar su nombre, y actividad, con la de Jean-Paul Sartre, cosa harto difícil ya que sus vidas avanzaban por las sendas del amor necesario frente a los contingentes con los que alternaban cada uno de ellos. Con respecto a lo filosófico, se puede señalar que habitualmente en las historias de la filosofía o no sale ella o si se le nombra, simplemente, es para asociarla automáticamente con Sartre y con el existencialismo sin más ( seguidora de…); dos cosas se pueden decir al respecto, aun siendo cierto que su actividad esencial en el campo de la escritura fue lo autobiográfico (su vida como materia prima para la escritura y como obra de arte), también lo es que son varias sus obras que exploran el campo filosófico (Sade, Por una moral de la ambigüedad, Pyrrhus et Cinéas, amén de El segundo sexo, claro ) y que las oposiciones para agregadurías, en la enseñanza, fueron en la rama de la filosofía, quedando segunda tras Jean-Paul Sartre, hay quienes afirman que ella es la que debería haber obtenido el primero puesto ( Michéle Le Doeuff de la que se puede leer con provecho: «El estudio y la rueca. De las mujeres, de la filosofía, etc.», Cátedra, 1993)…). A tal labor docente se dedicó en diferentes destinos hasta que hubo de dejarlo por algunos líos amorosos con algunos alumnos /as. Así pues, inútil buscar en los diccionarios de filosofía o similares alguna pista sobre ella ( a modo de ejemplo diré que en el diccionario de Filosofía de Espasa-Calpe, dirigido por Jacobo Muñoz y que cuenta entre los colaboradores a la destacada feminista Celia Amorós, no hay ninguna entrada dedicada a ella: únicamente en la entrada feminismo y en la de Sartre aparece su nombre; o en mi búsqueda saltarina ojeo la «Histoire de la philosophie française» sous la direction de Denis Huisman. Perrin 2002, y a ella se le dedica como media página y alguna mención al hablar de Sartre) . Siguiendo la misma o parecida lógica evito recurrir a las biografías numerosas de Sartre, ya que obviamente ella aparece como compañera de, siempre como acompañante o segundona con respecto a gran hombre. Añadiré que teniendo en cuenta que el libro que hemos leído es autobiográfico y ha de incluirse en el campo de la literatura, no exploraré tampoco los libros relacionados con el feminismo en los que por supuesto ocupa un papel destacado, de honor…no toca, si bien algún destello al respecto asomará sin duda.
Dos cuestiones parecen necesarias señalar: 1) la propia Simone de Beauvoir señalaba que ella no tenía mayor creatividad en el campo filosófico, considerando que, sin embargo, en el terreno de la literatura era en donde se encontraba cómoda y en donde podía, debía, realizar su labor, y 2) si una obras filosófica se valora por la huella e influencia que supone con respecto al comportamiento de los lectores, no cabe duda de que la obra de la pensadora-en especial El segundo sexo– ha tenido mucho mayor presencia e influencia que El ser y la nada o Crítica de la razón dialéctica. A mi modo de ver no le falta razón a Sarah Bakewell quien en su recomendable libro «En el café de los existencialistas» (Ariel, 2016; p.277 /https://kaosenlared.net/la-filosofia-habitada-el-existencialismo/ ), afirma que « El segundo sexo podría haberse establecido en el canon como una de las mayores reevaluaciones culturales de los tiempos modernos, un libro para colocar junto a las obras de Charles Darwin (que resituó a los humanos en relación con otros animales), Karl Marx (que resituó la alta cultura con relación a la economía) y Sigmund Freud (que resituó la mente consciente en relación con lo inconsciente)» [Un libro de sumo interés para acercarse al pensamiento filosófico de la autora: « Sexe et existence. La philosophie de Simone de Beauvoir» de Eva Gothlin ( Michalion, 2001)].
Ciertamente fue en el campo de la escritura en donde desarrolló su misión – así se tomaba el oficio de escribir desde su inicios- y este mismo años ha sido publicada en la selecta colección de la Pléiade, signo de consagración en el país vecino; dos volúmenes con sus obras autobiográficas , ses Mémoires, que suman tres mil páginas. Hace años que se publicaron en dicha colección las novelas ( 1982), el teatro ( 2005) y los textos autobiográficos (2010)de su compañero.
Sintomático resulta que en las últimas líneas de la tercera entrega autobiográfica, La fuerza de las cosas, se lea: « al volver una mirada incrédula a esa crédula adolescente mido con estupor hasta qué punto he sido estafada» (j´ai été flouée ). No parece que haya que forzar mucho las cosas para ver en esa afirmación una realidad de la que era consciente: que su figura había quedado reducida en lo que hace a su verdadera importancia que coincide con lo que vengo afirmando desde el inicio de estas líneas.
Ya desde sus primeros pasos su vida se fue desarrollando en lucha permanente contra los límites que le suponían, redundancia excusada, limitaciones e imposiciones por parte de las normas familiares, los roles asignados, y otras formas de dependencia. Este deseo de ser libre e independiente, le conducían a cierta soledad, al menos en ciertos ambientes, y una caminar en soledad, sin ceñirse a las indicaciones de autoridad alguna. El propósito señalado, que ya asomaba desde sus años tempranos, le llevaba a trabajar en la construcción de sí misma, al considerar la propia vida como responsabilidad propia lo que exigía denodados esfuerzos y un trabajo permanente por esculpirse a sí misma; la existencia como obra de arte, reflejada en la escritura (escribía a los dieciocho años: « descubrir el tesoro que se lleva consigo y tener la posibilidad de contemplarlo sin usar todavía; tener el derecho para conservarlo durante un tiempo determinado, probarlo, y no detenerse y elegir»); ella que buscaba la libertad y también la felicidad, aunque siempre dispuesta de renunciar a la segunda en beneficio de la primera…decía en La fuerza de las cosas: « en toda mi existencia , no he encontrado a nadie que estuviese tan dotado como yo para la felicidad, nadie se entregaba con tanto empeño para alcanzarla como yo. Desde que llegué a tocarla , se convirtió en mi única tarea. Si se me hubiese propuesto la gloria, y que ésta supusiese el fin de la felicidad, habrías rechazado».
Todo ello se tradujo en una trayectoria que le condujo de ser demoiselle de Beauvoir a Castor, cuando ya se integraba en aquel de hombres estudiosos e irreverentes con los valores dominantes de la sociedad biempensante; el mote se lo puso René Maheu en los tiempos en que preparaban oposiciones. Una lucha permanente guiada por una sed insaciable de libertad. Hay una biografía que se basa en los datos relacionados en los tomos de las memorias de la escritora que resulta francamente recomendable : Castor de guerre. Un portrait de Simone de Beauvoir de Danièle Sallenave ( Gallimard, 2008), sin obviar una obra traducida al castellano: « Simone de Beauvoir» ( Plaza & Janés Editores, 1987), o un accesible y reciente libro debido a Carmen G. de la Cueva« Un paseo por la vida de Simone de Beauvoir» (Lumen, 2018 / de él dí cuenta en el momento de su publicación en mayo: https://kaosenlared.net/simone-de-beauvoir-al-desnudo/ ) que resultando correcta tiene una importante limitación: se publicó originalmente un año antes que el fallecimiento de la biografiada. A menudo, por no decir siempre, se suele encasillar a esta mujer , reduciendo su figura a la autora de una biblia del feminismo moderno, a los amoríos hors norme ( alumnos y alumnas , amor necesario con Sartre, y contingentes con Lanzmann, Nelson Algren, etc.), a sus implicaciones y posicionamientos con respecto a la política internacional y francesa (nacionalismo, comunismo, guerra de Argelia, mayo del 68, luchas por la legalización del aborto, etc., etc., etc.), obviándose la importancia y volumen que adquirió su obra escrita: filosofía, ensayo, novelas, memorialista y autora de abundante correspondencia. Resulta justo y oportuno destacar la originalidad de su proyecto autobiográfico que nos llevan a acceder a la continuidad de su vida y de los acontecimientos vividos, en una magistral reconstrucción memorística que se compone de los recuerdos, por supuesto, tratados con una certera retrospección, subjetiva y escrita con minucia, y pensada una y otra vez hasta darle la forma definitiva. La tendencia auto-analítica propia a todos los pinitos autobiográficos se distinguen en su caso por varias cuestiones: la clara conciencia de la talla intelectual que va adquiriendo su figura, la capacidad de entreverar las anécdotas con las hondas reflexiones a las que dan lugar ( cosa que ya se veía igualmente en El segundo sexo o en La vejez), y su capacidad de revisar sus propios relatos y posiciones, reconociendo sus fallos, sus deudas y sus límites personales.
«He querido que en este relato circule mi sangre; he querido arrojarme a él, todavía viva, y cuestionarme en él antes de que todas las cuestiones se hayan extinguido.Tal vez sea demasiado pronto ; pero mañana será demasiado tarde», decía en su segunda entrega y ese es el propósito que mantuvo firme y que no varió en los cinco tomos de su autobiografía: «Memorias de una joven formal» ( 1958) – 1908 a 1929-, «La fuerza de la edad» ( 1960)- 1924 a 1944-, los dos volúmenes de « La fuerza de las cosas I y II» (1963) – 1944 a 1962-y «Final de cuentas »( 1972)- 1962 a 1972-, no están compuestos del mismo modo: así como el primero sigue un orden estrictamente cronológico, del mismo modo que el primer volumen de La Fuerza de las cosas, que abarca el periodo que va de la Liberación hasta los acuerdos de Evian; el segundo presenta una especie de balance , recapitulando sobre los hechos anteriormente relatados. El último por su parte, se centra sobre dos de los ejes fundamentales de su quehacer: su feminismo y su ateísmo.
La escritura de estas memorias le conducen a revisitar los diferentes momentos de su vida, y a analizar los pasos dados, tarea que adopta una vertiente colectiva ya que deja ver la trayectoria de la historia de las mujeres y el camino recorrido por los feminismos de todos los continentes. Es la voz de una intelectual militante que deviene una voz colectiva en pos del feminismo igualitario que – según su visión – es una necesaria revolución…«yo pensaba en otro tiempo que la lucha de clases debía pasar antes que la lucha de sexos, considero ahora que es preciso que ambas luchas vayan juntas» se lee en el último volumen de sus memorias, y la « opacidad de la empresa de vivir», transformada en trasparente a través de la literatura.
1908 : nace, el 9 de enero,. Su padre desciende de una familia de nobleza reciente y se considera agnóstico; su madre , ferviente católica, desciende de ricos banqueros de Verdun. Educada en medio de contradictorias morales si bien con una indudable impronta tradicionalista y cercana al catolicismo. De tal herencia, tradicionalista y conservadora, tratará de escapar durante toda su vida, mostrando más cercanía con su padre que era un apasionado del teatro y de la literatura; « crecí habituada a la idea de que mi vida intelectual – encarnada por mi padre- manifestada por mi madre – eran os campos de experiencia radicalmente heterogéneos, que no tenían nada en común. La santidad y la inteligencia pertenecían a dos esferas muy diferentes, y las cosas humanas – cultura, política, negocios, educación y costumbres- no tenían nada que ver con la religión»
1910: nace su hermana Henriette, conocida como Poupette, y que convertida en pintora cambiará su nombre por el de Hélène.[ De cara la relación entre Simone y Hélène, no me resisto a recomendar : « Las hermanas Beauvoir» de Claudine Monteil ( Circe, 2004).]
1913: Comienza sus estudios en un colegio elitista y católico, Adeline Desir, obteniendo unos resultados brillantes; conoce a quien sería su íntima amiga Élisabeth Lacoin (Zaza en Memorias de una joven formal) .
1919: Sy familia se arruina.
1921-1922: Años de conflictos con su familia. Pierde la fe.
1924: Obtiene la calificación de “bien” en la primera parte del bachillerato.
1925: La misma nota el segunda parte. Compagina los estudios de letras clásicas en el Institut Sainte-Marie de Neuilly, con los estudios de matemáticas generales en el Instituto católico con los de Filosofía; a partir de 1926 se matricula en la Sorbona para cursar una licencia en filosofía, allá establece unas relaciones de estrecha camaradería con Maurice Merleau-Ponty y Maurice Gandillac entre otros. Mantiene con su primo Jacques Champigneulle un idilio amoroso.
1927: Comienza varias novelas. Se compromete en los Équipes sociales de Robert Garric, que había sido su profesor de literatura. Comienza a escribir su diario. Conoce a Maurice Merleau-Ponty.
1928-1929: Presenta su memoria sobre Leibniz y se inscribe para la agregación de filosofía. Establece lazos de amistad con René Maheu que es quien le pondría el mote de Castor; es él quien le pone en contacto con sus grupo de amigos de la rue d´Ulm: Jean-Paul Sartre y Paul Nizan. estableciéndose de inmediato con el primero una sintonía y un amor necesario que no les impediría a ninguno de los dos establecer esporádicos amores contingentes. Juntos preparan la oposición para agregadurías, obteniendo ella la segunda plaza, Sartre logró la primera. A sus veintiún años es la agregada de filosofía más joven de Francia. Muere el 25 de noviembre Zaza.
1931-1933: Se le destina a Marsella, al año siguiente a Rouen y en 1936 al parisino Liceo Molière; Sartre había sido destinado al Havre .
1936: La pareja se reencuentra en París: ella enseña en el liceo Molière , él en el Pasteur. Se lía con Jacques-Laurent Bost.
1938: Acaba la redacción de Primauté du spirituel, que fue rechazado tanto por Gallimard como por Grasset, según diría ella más tarde “con razón”; el libro se publicaría en 1979, siendo reeditado en varias ocasiones con distintos títulos.
1939: Se declara la guerra y Sartre es movilizado en el servicio de meteorología mientras que Bost es enviado al frente. Simone les escribe a ambos diariamente ( esta correspondencia se publicará tras su muerte) Sartre es hecho prisionero y Bost herido y evacuado.
1941: Sartre se escapa y en unión con Beauvoir tratan de poner en marcha una red de resistencia teórica al nazismo, Socialisme et Liberté. Es denunciada por “incitación al libertinaje a una menor”, por la madre de una de sus alumnas-amantes, lo que desvela su bisexualidad, que no oculta. El 8 de julio fallece su padre. Será reintegrada en su puesto en la Liberación.
1943: Abandona la enseñanza para dedicarse a la escritura. Publica L´Invitée. Conoce a Albert Camus. Contrato para algunas intervenciones radiofónicas.
1944: Publicación de Pyrrhus et Cinéas. Se relaciona con Nathalie Sarraute, Violette Leduc y Ernst Hemingway.
1945: Publicación de Sang des autres. Funda junto a Jean-Paul Sartre la revista Temps modernes ; el comité de redacción está formado por Michel Leiris, Raymond Aron. Maurice Merleau- Ponty, Jean Paulhan y Albert Ollivier. .
1946: Publicación de Tous les hommes son mortels. Conoce a Boris Vian.
1947: Publicación de Por una moral de la ambigüedad. Viaja a Estados Unidos en donde conoce al escritor Nelson Algren( futuro premio Politzer), su amor transatlántico, con quien establece una relación amorosa. Éste le hace conocer el todo Chicago, en especial los bajos fondos, los barrios pobres e instituciones carcelarias,…además de diferentes garitos.[ Se puede acceder a las Cartas a Nelson Algren. Lumen, 1999; cartas de amor que abarcan desde 1947 a 1964].
1949: Publicación de El segundo sexo que le supone la consagración mundial como icono de la liberación de la mujer.
1950: Se aleja de Nelson Algren , se vuelven a ver en 1951, sólo queda la correspondencia entre ellos.
1951: Viaja de nuevo a EEUU. Publica« ¿ Hay que quemar a Sade? ».
1953: Conoce a Claude Lanzmann del que se convierte en amante.
1954: Publica Los Mandarines, novela con la que obtiene el premio Goncourt. Publica también Amérique au jour le jour 1947.
1955: Participa, en Helsinki, en el Congreso del movimiento por la Paz . Adquiere su apartamento en el XIV que ocupará durante toda su vida.
1956: Viaja a China, se compromete contra la guerra de Argelia y firma una petición contra la intervención rusa en el conflicto. Denuncia en Les Temps modernes la intervención soviética en Hungría.
1957: Publica un ensayo sobre China, La Longue Marche.
1958: Publicación de Memorias de una joven formal, primera entrega de us escritos autobiográficos.
1960: Publica La Fuerza de la edad, segunda entrega de su autobiografía. Firma el manifiesto de los 121, en el que se reivindica el derecho a la insumisión a la guerra de Argelia.
1961: Conoce a Franz Fanon y escribe el prefacio al libro de Gisèle Halimi sobre Djamila Boupacha.
1963: Publicación de La fuerza de las cosas., tercera entrega autobiográfica.
1964: Publicación de Una muerte muy dulce, dedicada a la muerte de su madre; para la elaboración de esta obra es ayudada por Sylvie Le Bon, estudiante de filosofías a la que adoptará en 1981.
1967: Se compromete contra la guerra de Vietnam, participando en el Tribunal Russell contras los crímenes de guerra. Viaja a Egipto e Israel.
1968: Publicación de La mujer rota. Apoya el movimiento de mayo.
1970: Publicación de La vejez. Se une a la movida maoísta y codirige, con Sartre, la revista La Cause du peuple. Publica el ensayo La vejez, unánimemente aplaudido.
1971: Firma y promueve el Manifiesto a favor del aborto, conocido como el de las 343 salopes y funda junto a la abogada Gisèle Halimi la asociación Choisir que lucha en favor de las salopes reivindicando el derecho a interrumpir voluntariamente el embarazo ( IVG), asociación de la que es presidenta.
1972: Publicación de la última entrega de su obra autobiográfica: Final de cuentas. Testimonia en un proceso, en el Gisèle Halimi defiende a una madre que ha ayudado a abortar a su hija; Beauvoir es inculpada también. Escribe el prefacio de la revista Les Temps modernes dedicado a « Les femmes s´entètent».
1974: Funda con Anne Zelenssky la Liga del derecho de las mujeres, de la que será presidenta hasta su muerte.
1975: Ella y Sartre van a Lisboa a apoyar la revolución de los claveles.
1979: Se publica la obra que había sido rechazada por Gallimard y Grasset; su título: « Quand prime le spirituel».
1980: Muerte, el 15 de abril, de Jean-Paul Sartre.
1981: Publicación de La Ceremonia del adiós, con unas entrevistas con Jean-Paul Sartre, en la que se repasan los diez últimos años de la vida de su compañero. El 9 de mayo muere Nelson Algren.
1983: Publica la mayor parte de su correspondencia con Sartre. Recibe el premio Sonning.
1984: Publicación de Simone de Beauvoir aujourd´hui, seis entrevistas realizadas entre 1972 y 1982 con Alice Schwarzer. Participa en la película El segundo sexo, realizada para la televisión por Josée Dayan.
1986: Fallece el 14 de abril, siendo inhumada en el cementerio de Montparnasse, y enterrada junto a Jean-Paul Sartre, en su dedo el anillo que le había regalado Nelson Algren.
« Memorias de una joven formal » ( 1958)
« Mi vida conducirá a alguna parte »
« Encaraba la vida como una aventura feliz»
« Mi obra más importante es mi vida »
Desde esta primera entrega de su autobiografía la escritora da prueba de una puntillosidad enorme en lo que hace a la memoria, al recuerdo de los años pasados, que, todo hay que decirlo, respondía a la inagotable elaboración de notas que conservaba en cuadernos que luego le servían para dar detallada cuenta de los avatares de su vida. No hace falta decirlo, pero bueno, los tomos de sus memorias son un verdadero repaso de los años esenciales del siglo veinte, por una testigo y protagonista que siempre estuvo en la cresta de la ola, con la cercanía de los hechos y con los peligros que ello pudiera suponer.
No está de más mencionar cómo desde 1926 la escritora comenzó a escribir, a la edad de dieciocho años, las anotaciones que posteriormente fueron publicadas bajo el título de Cahiers de jeunesse ( Gallimard, 2008) en ellos puede verse el nacimiento del personaje que luego cobraría importante relevancia, en los momentos en los que está comenzando a construir su propio yo, « es todo mi yo mismo que yo escribo», el libro del que nos ocupamos, no obstante, remonta a años anteriores: nada menos que a cuando la niña contaba con tres años y desde ahí avanza hasta los veinte que es cuando conoció a Jean-Paul Sartre [para conocer las relaciones con éste ha de recurrirse al segundo volumen autobiográfico: La fuerza de la edad.]
No es la suya la propia mirada condescendiente que rezuman en los textos de memorias, diarios , autobiográficos en los que habitualmente quien los escribe tiende a embellecer el pasado y a limar aquellos aspectos o hechos que resultan más problemáticos o impresentables, ya que su acercamiento está realizado desde la más absoluta de las sinceridades y hasta podría decirse que hasta con cierta dureza con respecto a sí misma: así sus consideraciones acerca de su desaliño y falta de gusto en el vestir lo que hacía que tuviese un aspecto de dejada, o la tendencia ahorradora, al límite, que respiraba en el domicilio familiar . Da a conocer sus casquetas constantes y fogosas, por los límites de la violencia. Al principio, sí que salta a la vista que la joven era formal, y nada subversiva ni rebelde, plegándose al catolicismo propio de su casa, conformismo que no duró mucho tiempo ya que las incoherencias que ella comprobaba que se daban con respecto a la religión por parte de los creyentes y sus comportamientos que no seguían para nada las indicaciones morales de la religión; van quedando explicitadas la rígida educación del medio familiar y escolar que la asfixiaban, pues el destino que marcaba esa educación era o bien el matrimonio de conveniencia (arreglado por los padres) o la soltería forzada. Esta ruptura fue paralela a la que se fue dando con respecto a su padre, al pasar de una admiración desmedida hacia él, ejemplo de un complejo de Edipo o, mejor de Electra realmente desarrollado, del que con el paso del tiempo fue tomando conciencia de que no todo era tan maravilloso como se lo había pintado.
Estos cambios de postura y la rápida evolución de sus pensamientos van en paralelo, y también se pude afirmar que provocados, por sus numerosas lecturas: primero las permitidas por sus padres a las que fue sumando una serie de lecturas prohibidas, al mismo tiempo que ya escribe pequeñas historias, considerando que la escritura era de las actividades más bellas que pudiesen realizarse. Las lecturas le interpelan y le hacen plantearse preguntas, dudas y poner en duda las ideas anteriormente aceptadas; brillante en sus estudios, obteniendo la segunda plaza para cursar los estudios de filosofía tras otra Simone, Weil, que fue quien obtuvo la primera plaza, premonitorio de lo que luego sucedería en las pruebas de oposición a agregadurías en la que quedó segunda tras su compañero Sartre.. Ya se puede atisbar su propósito de construirse una personalidad y dar un sentido y dirección a su vida; ella que se consideraba la persona más tendente a la felicidad. Soñaba con un futuro en el que el éxito le sonreiría y en el que ella sería siempre dueña de sí misma sin someterse a nadie; y en su soledad, y habiendo dejado de creer en Dios y en la vida tras la muerte, comienza a pensar en que la inmortalidad le llegará por medio de la literatura. Todo esto, deja ver que, lo vive con altibajos que le llevan del sentimiento del absurdo del mundo al entusiasmo ante él, y solamente ya en la cercanía de los viente años se marca como objetivo acabar con tales sentimientos contradictorios y cambiantes.
Sorprende el detallismo con que la escritora rememora las escena vividas en su casa: las visitas de los amigos de sus padres, las reuniones en las que se tomaba el té en el salón , las flores que lucían en los marcos de las ventanas, las descripciones de los amigos, con pelos y señales…luego vendrá la enumeración de sus primeras lecturas, sus primeras vacaciones, la playa, el sol y el mar…conocemos a sus amigos y sus ramalazos de entrega a los demás, tras la sombra de Garric, al igual que su estrecha y cómplice relación con un primo suyo . En suma asistimos a la constitución de una identidad propia, y vemos los primeros pasos de la mujer cuya pasión por la libertad fue la guía de su existencia.
El homenaje que dedica en luminosas páginas a su amiga cuya desaparición supuso un duro golpe, ya que ésta era la compañera perfecta con la que soportar la carga de la existencia. Precisamente es con la muerte de Zaza (Élisabeth Lacoin), quien no pudo consumar su ruptura con su medio familiar al no darle tiempo, con la que finaliza el libro, con la escritora sumida en cierto sentido de culpabilidad(«juntas habíamos luchado contra el destino fangoso que nos acechaba, y durante mucho tiempo he pensado que había pagado mi libertad con su muerte») y dando vida a su amiga a través de las palabras…
Ya en este primer volumen autobiográfico, magníficamente escrito, salta a la vista la pasión por la libertad que va a ser la columna vertebral de la vida toda de esa escritora, del mismo modo que deja ver el amor que tenía hacía sí misma, y la clara conciencia de uno se hace, o debe hacerse, así mismo. Y si en su momento y en años posteriores también se subrayaba la prosa brillante pero demodée, ahora, sin embargo, su valoración ha crecido al poder considerársele como un caso, avant la lettre, de la hoy conocida como auto-ficción. La vida propia, convertida por medio de la escritura, en obra de arte: « mi vida sería una hermosa historia que se volvería verdadera a medida que yo me la fuese contando»…y con este libro comenzó la tarea, dejando por escrito el ejemplo de una vida ejemplar en lo que hace a incidir en la independencia de las mujeres, de la construcción de su propia vida sin depender de ningún dueño ni maestro..
Es digno de ser destacado que este libro obtuvo un enorme éxito entre las jóvenes, y las tomas de conciencia y la ruptura con las ideas impuestas de la tradición, la historia de una liberación en vías al cumplimiento de un destino, tratadas con finura a la hora de detenerse en los crujidos y matices de la adolescencia en ruptura con los límites, se puede aventurar que hicieron más en el despertar de la conciencia femenina, feminista, que El segundo sexo, libro que aun habiéndose vendido(¿leído?) cantidad no resulta desde luego fácil de abordar; resulta significativa la publicación, que ya he indicado anteriormente, de sus obras de memorias en la Pléiade y que el libro del que hablo haya sido incluido en el programa de agregación para el año que viene . Ya en 1929, el 30 de mayo, escribía en su diario: « ¿qué obra hay más bella que este destino que trato de cumplir?
Tras sus primeras consideraciones acerca de la escritura y su elogio de la novela como género que permite el desdoblamiento de los personajes, exponer el problema de la discontinuidad afectiva, la experiencia de otras vidas y la expresión de diferentes puntos de vista, toma conciencia de sus limitaciones: despegarse de la realidad, llegando a ver el mundo de una manera deformada. Es esto último lo que le empuja hacia el género autobiográfico, como expresión de la singularidad del autor y la expresión de forma directa la facticidad de lo real…
« Se trata en la autobiografía de partir de la singularidad de mi vida para encontrar una generalidad, la de mi época, la del medio en el que vivo»; así una buena autobiografías erá aquella que hable a los lectores de sí mismos. El género exige una elaboración para captar la atención del lector e igualmente evitar el narcisismo al pretender elevarse a la generalidad.
No esquiva los problemas como la dificultad de conocerse a sí mismo, lo que no impide que una se pueda contar en su yo móvil; y los problemas de la pretensión de exhaustividad y de rigurosa cronología.
Dudas de continuar la experiencia iniciada en Mémoires d´une jeune rangèe, por escrúpulos de usar la primera persona ya que así como la infancia y la adolescencia son objeto de relato con pocos problemas, no sucede lo mismo cuando se entra en la narración de la edad adulta ya que ello expone más al autor y hace que entren en la páginas otros seres que siguen en vida y se pueden sentir señalados. Además de los cuatro tomos, han de contarse en este conjunto Una muerte tan dulce ( sobre la muerte de su madre) y Las ceremonias del adiós ( sobre los últimos años de Sartre); y los escritos publicados, tras su muerte, por su hija adoptiva, Sylvie Le Bon de Beauvoir que reúnen un amplio epistolario y un diario que escribía intermitentemente.
En 1956 comienza la escritura de la Mémoire…como realización de un proyecto que había sopesado. Los pinitos por escribir sobre su infancia venía de tiempos atrás, y en unas novelas cortas ya da protagonismo a diferentes personajes ocultándolos bajo otros nombres (Zaza, su primo Jacques…) que supusieron cambios en su infancia / adolescencia…del mismo modo que deja ver algunos momentos esenciales ( pérdida de fe tras sus ramalazos místicos y sus mortificaciones…) o la frecuentación de bares al final de la obra. También en las novelas hay retazos de su vida y cameos de personajes que adoptan las ideas y características de personajes reales.[ Michel Leiris, La edad del hombre / paso doloroso a la edad adulta, asociaciones libres debidas a su cura psicoanalítica]. Del proyecto, reimpulsado por la publicación de Leiris, pasa a verter sus cuitas biográficas en las cartas a Nelson Algren a quien conoció en 1947.
Pacto autobiográfico, compromiso con la verdad, con los lectores (peritexto- interior- y epitexto – exterior-). Aunque hasta pasadas bastantes páginas no aparece el nombre, iniciar con la fecha de nacimiento cuando, por otra parte, la escritora ya es ampliamente conocida, deja ver a las claras que habla de sí misma. ¿ Título? Tristan Bernard, Mémoires d´un jeune homme rangé ( 1899): el libro estaba en la biblioteca de su padre. Guiño, al igual que otro había lanzado con respecto a un texto de Jacques Maritain: Primauté de le spirituel. Bernard trayectoria inversa ya que su propósito es integrarse en los valores de la sociedad burguesa. Sin obviar a la condesa de Ségur (Pétite fille modéle) a quien Simone leía de pequeña; su abulela escribía cuentos infantiles en una publicación titulada La Poupée modéle…Jeune fille en aquella época se usaba en contraposición a mujer casada…así desde el título se delimita la época que va a ser abarcada: desde niña hasta encuentro con Sartre; rangée = conforme al orden…ironía, señalada por el meapilas François Mauriac, es cierta ya que la fama que por entonces tenía la mujer estaba ligada con el escándalo permanente; así pues a la ironía se puede sumar la provocación; « se ha forjado de mí os imágenes, Soy una loca, una medio loca, una excéntrica […]. Zapatos llanos, moño estirado, soy una mandona, una dama con vocación de patrona, una institutriz ( en el sentido peyorativo que la derecha otorga a este palabra, […] Nada ha impedido conciliar los dos retratos. Se puede ser una desvergonzada cerebral y una dama patrona pervertida».
No se hace mujer se deviene (o se hace) o ¿ cómo escapar a la fábrica de chicas): «describo mi infancia y mi adolescencia parisina[…], mi medio social, la burguesía de extrema derecha con sus contradicciones, mis impulsos, mis crisis intelectuales, morales, religiosas, reconstruyendo un conjunto a la vez lineal y sintético, en un desarrollo continuo que me ha hecho lo que soy, que ha determinado mi vocación de escritora» ( así presentaba en 1958 su obra en France Observateur); y en la nota con ruego de inserción en el libro se leía: «mientras que mis semejantes abrazaba unánimemente una misma carrera, el matrimonio, las circunstancias y mis gustos me condujeron a empujar mis estudios con el fin de ganarme la vida. El paso de una vida burguesa a una vida intelectual provoca habitualmente conflictos que han sido descritos a menudo; han tomado en mi caso una forma bastante singular por el hecho de que yo era una mujer».
Un relato de infancia y de juventud en el que se entrecruzan el orden cronológico y el orden temático. 1) se inicia el 9 de enero de 1908 y finaliza con la obtención de la agregación, dividiéndose la narración en cuatro partes marcadas por fechas determinadas: la institución escolar, cambio de domicilio a la rue de Rennes en 1919-hecho de importante significación ya que refleja el empobrecimiento; 2) la segunda comienza con los problemas de la pubertad que suponen una mutación biológica…fin de los estudios secundarios, licencia en filo, éxito en la agregación ( conoce a Sartre y también a Zaza)…21 años supone la mayoría de edad.
La organización cronológico-temática ( niñez, adolescencia y juventud) refleja sus pasos obligados: genealogía de los padres, familia ampliada, iniciaciones y aprendizajes, juegos y entretenimientos, relación con la naturaleza (Merygnac), religión, la idea de la muerte, sexualidad, amistad, primeros amores…y a los 21 queda abierta en la visión del proyecto.
Lo que siguen son pinceladas, a modo d salpicaduras, acerca del libro sobre sus personajes, temas, etc.:
Orden lógico (cronológico: hacia el futuro), dialéctico en la progresión contradictoria
A/1) primera parte: perspectiva de la liberación, formateo de la chica: a) constitución de la chica formal( educación adultos, guerra del 14…patriotismo); 2) padres y tensión entre el conformismo instalado y los pintos de fuga (en verdad, no me sometía a nadie: era y me mantenía siempre siendo mi propia dueña) ; 3) conformismo tanto en lo escolar como en lo religioso…exploraciones sexuales, algunas lecturas…contrapartida frente a lo adultos (Poupette y Zaza).
B) oposición de lo afectivo y lo intelectual. Tres momentos: pérdidas dolorosas / degradación económica y afectiva debido al empobrecimiento, alteraciones por la pubertad, angustias ante el porvenir, broncas con la madre.
C) Tres años de estudios que preceden el concurso ( laberinto)…desesperación- tentaciones místicas. Se recupera gracias al trabajo, al orgullo o a encuentros fecundos (Garric, Jacques…Pradelle)…bares.
D) firmeza: me había puesto en marcha de cara al porvenir, todos los días tenían un sentido hacia la liberación definitiva. Se muere su abuelo…Meyrignac ( tías y primos)… Todavía valores burgueses ( Herbaud, Sartre…liquidación con Jacques) que dejan de ocupar su mente…Nueva ascensión ligada con Sartre.
Personajes en el itinerario: Poupette, Zaza, después del padre, Jacques, Herbaud, Pradelle…vida intelectual; Stépha en el sexual. / Encuentro con Simone Weil (1909 – 1943)agregaduría, Fuerza de las cosas: admiración y rencor…Tendencia a seguir modelos, iniciadores…y llegar a superarlos ( negativo / positivo), o utilizándolos como contra -modelos (evitar ciertas cosas: obediencia de Zaza, matrimonio pactado de la hermana de ésta, Lily…)
Espacio: la liberación se amplia en el espacio parisino ( VI / XIV / VII)…parque de Luxemburgo, Odéon, Boulogne, Belleville ( equipos sociales).
Relato de conversión. Nacimiento de una intelectual
Conversión inversa = apostasía ( François Mauriac…libro doloroso de leer para un cristiano…una iluminación a la contra).
En vez de privaciones del catolicismo pensando en el más allá, ella apuesta por el más acá.
Momentos clave: Pablo, Agustín, Claudel / Simone no una iluminación sino una gradual toma de conciencia: ya en el origen las diferencias de sus padres ( escepticismo paterno, frente a piedad materna)…tentaciones místicas (carmelita / Juana de Arco)…Tierra / cielo: se inclina por la primera. Dudas (creación ex nihilo, gracia…) ; da la vuelta a la apuesta de Pascal…diferentes pasos e iluminación en Meirygnac y lectura de T. S. Eliot
Nueva proyecto, nuevos valores, nueva fe…inmoralidad por la escritura como sustituta de la vida eterna de la religión (entraré en miles de corazones).
Relato de vocación: nacimiento de una escritora:
Lecturas…Alcott, G.Eliott, …
—–Entre + el cuento de hadas ( la bella durmiente del bosque / Cendrillon): princesa – todas las capacidades y bondades- y hada
+ el mito platónico : Aristófanes y el andrógino, El banquete…al que se puede, debe, añadir la figura de los gemelos ( mitología romana-Rómulo y Remo- : Castor y Pollux, dioscuros…hijos de Zeus…)
+ el modelo místico: Sartre como dios encontrado tras una búsqueda…que comienza en Désir ( libros piadosos: ascensión, progresos,,,pendientes escarpadas para el alma, obstáculos, desiertos áridos.hasta ver el brillo rosáceo del cielo)
Nacimiento de una identidad:
+ sexual: psicoanálisis ( ambivalencia: debería haber recurrido en Mémoires…( alguna mención cercana a la oralidad…Segundo sexo: crítica la visión masculina, simplificaciones, y terapia como normalización social…)
+ relación con padres
escepticismo padre ( intelectual)
meapilas madre ( al principio amor pre-edípico…luego desmarque)
Heroína trágica ( an varias nouvelles y proyectos de….)
“ Crimen espiritual” ( luego de la publicación se enteraría de detalles por parte de la familia de su amiga)
Registro de escritura:
Biografía escrita por mí misma
De lo particular a lo universal
Lectura sociológica e histórica
La condición femeninas
Una autobiografía feminista
se deja absorber por Sastre ( Le Doeuf, Toril Moi, Kristeva…desde el psicoanálisis) Maurice
Algunas señalan que Sartre se inspiró y hasta cogió ideas de Simone de Beauvoir( Margaret A. Simons)—Le Bon de Beauvoir lo niega
Ciertos modelos ( inteligencia) masculino…No seremos amantes sino compañeroS
Órganos sexuales femeninas…uff!
Funciones de la biología femenina…no mola
Simone de Beauvoir logró tejer una red de varios modelos de relatos, al combinar el orden cronológico y el orden lógico, a articular lo particular y lo general, contar su propia juventud y la de su amiga, al dar cuenta de la polvareda de los hechos y de su significación.
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El segundo sexo: cuarenta años
Un torpedo contra la línea de flotación del patriarcado triunfante
Fue en año 1949 cuando Simone de Beauvoir dio a conocer la obra en la que venía trabajando; la mujer formaba parte de aquella colla de amigos que trataban de hallar sentido al mundo soñando con cambiarlo, los cafés de Saint-Germain.des-Près daban cuenta de las fogosas discusiones que allá se establecían en torno al arte, política y filosofía. La mujer sentada al lado de quien era su amor necesario, Jean-Paul Sartre, que no les impedía mantener sus amores contingentes.
Habiendo nacido en 1908 en el seno de una familia acomodada de la pequeña burguesía, su padre hubiera preferido tener un hijo en vez de aquella chica que – según la opinión del progenitor – pensaba como un chico. El desmarque con respecto a los valores familiares, más en concreto con respecto a las creencias religiosas, irrumpió temprano, al tiempo que nacía en ella la idea de que iba a dedicar su vida a los estudios y a la escritura. Los estudios de filosofía le llevaron a la Sorbona en donde se encontró con Jean-Paul Sartre y con otros compañeros de estudios; en un mundillo de hombres, cosa que a sus padres no les gustaba en absoluto, tal osadía por parte de la joven hizo que su hermana menor lo tuviese más difícil ya que ella se ciñeron las restricciones para que ésta, Hélène( 1910), se viera obligada a llevar una vida más conforme a los roles femeninos , del gusto de la tradición y de su familia.
Tras obtener la habilitación para enseñar , su primer destino fue Marsella, para continuar en Rouen y posteriormente París, en víspera de la guerra. Su segunda novela, el manuscrito de la primera había sido rechazado, L´Invitée vio la luz en 1943 obteniendo gran éxito. Con Sartre y Merleau-Ponty funda la revista Les Temps Modernes, que se convierte en órgano de difusión de las ideas existencialistas: los humanos se forjan a sí mismo siendo los únicos responsables de su vida más allá de cualquier destino marcado por doctrinas metafísicas, religiosas o morales. Comparte con Sartre la idea del absurdo del mundo y la necesidad de buscar un sentido a la vida. Algunos amores contingentes con algunos alumnos le obligan a abandonar la enseñanza y vivir de la escritura, literaria y ensayística.
Como queda dicho desde el inicio y deja ver el mismo título-aniversario de este artículo, fue en 1949 cuando vio la luz la obra que supuso una renovación en el feminismo moderno, convirtiendo a su autora en portavoz de esta corriente tanto en su país como , y en especial, al otro lado del charco. En El segundo sexo se analizan con detalles, y el recurso a los ejemplos cotidianos, las expresiones sociales, culturales y científicas que consagran la inferioridad femenina, dedicando especial atención a la maternidad, el matrimonio, que no es que salgan muy bien parados al ser señalados como modos de sujeción de las mujeres; algunos de sus postulados, de manera especial el celebérrimo no se nace mujer sino que se deviene, adoptan un aire provocador, para la época, frente a las ideas dominantes del patriarcado y la habitual sumisión a la que son reducidas las mujeres, que hace que éstas queden al margen de la marcha y funcionamiento del mundo. El acento queda puesto, por activa y por pasiva, en que las cosas pueden ser trasformadas, señalando que más que como consecuencia de cambios políticos, estos cambios vendrán facilitados / favorecidos por la búsqueda de la independencia económica: « por medio de su acción, la mujer puede en todo momento, si lo quiere, modificar su situación. Esta acción , supondrá, por añadidura, la justificación de su existencia, es decir su libertad».
El revuelo fue de órdago, y en el Hexágono se habló de ella como pornógrafa, siendo el escritor ultra-católico François Mauriac quien abanderó la embestida en su contra, contra la abyección, tratando de reunir opiniones en contra, saliéndole el tiro por la culata, ya que las opiniones recogidas fueron casi en su totalidad favorables a la obra. La dureza y crudeza de los temas tratados y los ejemplos ofrecidos hicieron que la Iglesia la incluyese en su inquisitorial Índice, tampoco gustó al PCF la obra contra la que utilizó todas las baterías a su disposición para descalificarla. Albert Camus interpretará el rechazo como una muestra de que los machos latinos se habían sentido insultados. Muy distinta fue la reacción por parte de no pocas mujeres que vieron en la obra una apuesta por la liberación y por la reivindicación de sus derechos, también son destacables los apoyos del antropólogo Claude Lévi-Strauss o del personalista cristiano Emmanuel Mounier. Más éxito tuvo la obra más allá de las fronteras hexagonales, muy en especial en EEUU en donde la obra traducida, en 1953, se convirtió en libro de cabecera del movimiento feminista, como más tarde se convertiría en referencia del movimiento de liberación de la mujer en los años setenta.
La figura de Simone de Beauvoir no se redujo únicamente a sus lecciones y argumentaciones teóricas sino que también brilló en la práctica cuando redactó el «manifiesto de las 343», que afirmaba que las firmantes también habían abortado; Le Temps Modernes dedicó no pocas páginas, con su firma, a la lucha contra el sexismo, ampliando el altavoz de tales ideas con la creación, junto a Gisèle Halimi, de la revista Choisir que desempeñó un destacado papel en la legalización del aborto. Estas implicaciones prácticas le van a empujar a revisar su obra, subrayando que en ella se dejó llevar por salidas de orden individual olvidando la acción colectiva como modo esencial para luchar por la emancipación y contra la dominación masculina.
Como queda insinuado su radio de escritura también se desarrolló por territorios literarios y como significativa muestra de ello ahí está la obtención del premio Goncourt en 1954 con su Les Mandarins, en donde se narraba su relación con el escritor norteamericano Nelson Algren y la polémica entre Albert Camus y Jean-Paul Sartre. A partir de 1958 comienza su autobiografía: Memorias de una chica formal ( 1958), La fuerza de la edad ( 1960), La fuerza de las cosas ( 1963) y Final de cuentas ( 1972), en ellas abarca desde su infancia, y la educación burguesa recibida, hasta los tiempos de compromiso y lucha en diferentes frentes, pasando por su importante relación con Jean-Paul Sartre, amén de viajes, amores, encuentros, reflexiones políticas y filosóficas, etc.
Su intensa existencia se apagó en 1986, seis años después que su compañero en afectos, perceptos y conceptos, por decirlo en deleuziano.
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Simone de Beauvoir, límites del individuo
¿Hay que quemar a Sade?
Fecha y lugar de nacimiento: 9 de enero de 1908, en París
Profesión: filósofa y escritora
Obras: Por una moral de la ambigüedad, El segundo sexo, Los Mandarines, Memorias de una joven formal, etc.
Año y lugar de fallecimiento: París, 1986.
Curioso resulta que quien en principio parece un siniestro escritor ( ¿ y persona?), haya atraído las reflexiones de tantos y tan prestigiosos pensadores y escritores ( George Bataille, Albert Camus , Jacques Lacan, Pierre Klossowski, Jean-Paul Sartre, Maurice Blanchot, Theodor W. Adorno, îer Paolo Pasolini, Roland Barthes, Philippe Sollers, Michel Foucault , Marcelin Pleynet , Gilles Deleuze, etc.), la célebre filósofa francesa, a la que se dedica esta página entre ellos. Llamativo también resulta , en el caso de esa pionera del feminismo, su soledad – como mujer- en medio de los estudiosos( ¿ Sade es cosa de hombres?), lo temprano de su aproximación ( 1955), y lo peliagudo de acercarse a tal personaje, teniendo en cuenta las prohibiciones que han pesado sobre este maldito “divino marqués”.
Sea como sea, la obra de Simone de Beauvoir es brillantes donde las haya, y ello, al menos en dos sentidos: uno, por el acercamiento en sí que hace a la escritura del autor de La Filosofía del tocador, las interpretaciones de sus escritos y el recurso a aspectos psicológicos que quizá puedan explicar su sexualidad atormentada que toma vía de escape en esa escritura abismada y brutal que parece hecha con un sangriento látigo; en este terreno, reseñable resulta también el detallado ajuste de cuentas que mantiene Beauvoir con los más tempranos estudiosos del autor (Blanchot y Klossowski, en especial), puntualizándoles y discutiéndoles en un campo que en aquel momento parecía ser coto privado. Si decía que quería destacar dos aspectos, el segundo que cabría subrayar es la adopción – que practica la autora- de Sade como paradigma, al límite, de la postura de los individuos frente a los demás individuos, y frente a la sociedad en su conjunto. En su lectura, pues, se matan dos pájaros de un tiro: conocer al escritor visitado y conocer, también, la filosofía de Simone de Beauvoir, y del existencialismo, por extensión.
Sade se atrevió a la soledad, a la separación con respecto a los lazos sociales impuestos ( a pesar de posibles y originarios contratos sociales no cabe duda de que toda vida en sociedad implica imposición, renuncias, y limitación de libertad personal, que se combinan con innegables ventajas que añadiría el otro), a dar rienda suelta a su poder, sin delegarlo en nadie, emanado de la naturaleza y que, en su caso, desembocarían en violencias varias; si bien matar lo que se dice matar solamente a través de sus escritos. Frente a quienes afirmando la maldad de la naturaleza le añadían como remedio una moral que limase los aspectos destructores de ésta, o de aquellos que defendían la bondad intrínseca de la naturaleza, Sade toma un camino que parece, sorprendentemente, dar por buena la segunda de las posiciones mentadas: la naturaleza es buena, mas sus ramalazos de brutalidad, de odio y destrucción, son naturales a su vez, inevitables y punto. Los instintos naturales que asoman en la misma sexualidad – según el marqués –egoísmo, tiranía y crueldad; no obviamente, ni solamente cuando los miembros del acto se visten de cuerocomo luego han afirmado innúmeros teorizadores de la naturaleza humana. Creo recordar, en este orden de cosas, una afirmación fuerte que hacía Simone de Beauvoir en su obras maestra (El segundo sexo) – y cito de memoria: el hombre inventó el tálamo para dominar a la mujer. Tiens!
Escarba la filósofa con tino, y sin miedo, en la obra y en la vida de Sade, y lo señala igualmente como contraejemplo, como espejo del horror que nos adelante el desastre y nos pone ante los ojos los peligros con los que , casi inevitablemente, habremos de enfrentarnos. Sirve también el escritor para alejarnos de las respuestas inocentes y demasiado rápidas y fáciles con respecto al género humano…como concluye la autora. « Sade ha vivido, hasta la hez el momento del egoísmo, de la injusticia, de la desgracia, y ha reivindicado su verdad. Lo que da supremo valor a su testimonio es que nos inquieta. Nos obliga a poner en cuestión el problema esencial que bajo otras figuras recorre nuestro tempo la verdadera relación del hombre con el hombre ».
¿ La segunda filósofa ?
Es célebre aquella oposición para plazas de profesores de filosofía, al filo de la década de los treinta, en la que Jean-Paul Sartre obtuvo la primera plaza y Simone de Beauvoir la segunda. Desde entonces ya parece que la plza de segundona le estaba adjudicada de por vida. La curiosa pareja fue siempre vista como él y su acompañante, e´l como maestra y ella como la alumna o a lo más como mera repetidora de las teorías del brillante escritor y compañero.
El filósofo y su sombra
Al igual que en el caso del mote (Castor) que un amigo le pusiera en el último año de estudios en la Sorbona, alegando – basándose en el apellido y su semejanza con una palabra inglesa- que « los castores van en manadas y tiene espíritu constructivo» la joven salió un poco “rana” si se tiene en cuenta que siempre iba sola entre hombres ( por ejemplo en la preparación de las oposiciones y en las prácticas en el instituto Janson-de-Sailly era la única mujer junto a Claude Lévi-Strauss y Maurice Merleau-Ponty), igual que no era muy de manada y constructivo que digamos-al menos para la sociedad mayormente masculina y biempensante- su vida “alegre”, su asistencia a fiestas cuya presencia era la única femenina, o también su negativa a aceptar, más tarde, la condecoración de la Legión de honor…digo que del mismo modo tampoco parece, para nada, justo no ver en Simone de Beauvoir una filósofa de pleno derecho, como lo reivindica Michèle Le Doeuff, alegando para ello la multiplicidad de influencias que se ve en su obra magna (El segundo sexo): Hegel leído por Kojévé, el joven Marx, Engels, Freud y , también, no solo como algunos suelen pretender, o el existencialismo…lo que hace que se la pueda considerar sin lugar a dudas como una filósofa con filosofía propia y muy propia. Injusto resulta así no encontrar su nombre – ni en su propio país- en los manuales de filosofía (por ejemplo, véase el reciente Lire les Philosophes. Classes terminales), en las dl existencialismo mismo ( por ejemplo, la de Pietro Prini, editada por Herder), ni en los diccionarios especializados (Por ejemplo el Ferrater Mora)…y , como definitiva muestra, en el Petit Larousse se lee : « discípulo de Jean-Paul Sartre» ( sic!).
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El Castor, filosofía y género
(Hika, 196zka. 2008ko otsaila)
El día 9 de enero de 1908 nacía una mujer que se haría célebre por sus escritos y por sus comportamientos comprometidos, al tiempo que intempestivos en las más de las veces, a lo largo de su agitada vida. Mujer que transcurridos cien años desde aquella fecha no ha dejado de estar presente, a pesar de su fallecimiento en abril de 1986, por medio de su vivo, e incitador, pensamiento, convertido por ella y por otras en motor para la acción reivindicativa.
Ya desde su adolescencia puede verse en la hija mayor de la familia, ella, una dedicación poco acorde con lo que los roles sociales asignaban a las jóvenes de la época, entregada de cuerpo y alma a los estudios, pronto universitarios, brillando en ellos y hasta codeándose con los (masculino) más movidos y destacados de entre ellos, en estudios y en fiestas; recuerdo una biografía, editada hace como tres años por Circe, de las dos hermanas, es decir de su hermana, pintora, y de ella, Simone, en donde quedaba claro esto de lo que hablo, y hasta es más cómo el comportamiento discordante de la mayor iba a hacer que la pequeña se viese vigilada más de cerca para que no se saliese del redil de las gentes de orden de la que provenía la familia (“Las hermanas Beauvoir”). La libertad no se mendiga sino que se coge, eso es lo que hizo en su vida, como señalo, desde muy joven, Simone de Beauvoir: luchar por ser una mujer libre e independiente y no tener siempre a algún hombre por encima (Padre celestial, padre terrenal, cura, marido, por no referirme a otros comisarios de, o hasta hijos del género masculino. “Padre, padrone, padrenuestro” que dijese la otra.)
Si como señalo, desde el principio se ve la implicación de la joven mujer por poner en práctica la libertad en su propia vida, el codearse desde que cursaba sus estudios de filosofía con algunos camaradas entre los cuales destacaba Jean-Paul Sartre con quien desde entonces no se separó, sí que la marcó. Es más mucho se ha hablado sobre la célebre oposición a agregadurías de filosofía, a finales de los veinte, que ambos habían preparado juntos, y a la que ambos se presentaron a la vez, y sobre todo mucho se ha hablado sobre el resultado de la oposición y su justicia o no: el primer puesto le fue concedido a Sartre el segundo, a la autora de El segundo sexo. No entraré en la pelea de a quién se le debería haber adjudicado cada uno de los puestos, posturas las hay para todos los gustos; es decir, para los dos.
La sombra del autor de La náusea -a pesar de su pequeña estatura- era alargada, y su presencia brillante en el panorama artístico y filosófico hexagonal, lo que convirtió a su acompañante en eso, en la compañera de, siempre juntos en la calle, en los distintos actos públicos, en los sonados viajes -a veces recibidos como si se tratase de verdaderos jefes de estado-, en sus domicilios contiguos y en sus particulares amores (una reciente novela Sartre, roman, de Michel Antoine Burnier & Michel Contat, destacaba estas relaciones amorosas y la división ya clásíca entre amores contingentes y necesarios), sin cortar la libertad de los amores ocasionales propios; alguno de ellos, por cierto, dejó tanta huella en la mujer que hasta dio órdenes precisas para, en el momento de su muerte, ser incinerada con el el anillo de plata que le había regalado (los amores de Beauvoir -la “alocada ranita”- con su amigo americano -“el dulce cocodrilo”-, al que me estoy refiriendo, Nelson Algren, puede conocerse a través de las cartas, publicadas por Lumen).
Y si hablaba de la sombra del compañero que de alguna manera ensombrecía la figura de la mujer, ha habido quienes han llevado más lejos esta afirmación hasta el punto de hablar de anulación y hasta de interferencias de la filosofía del primero en las obras de la segunda; hasta en su señera obra feminista, en la que se vería, según algunas críticas, el masculinismo del inspirador (Michèle Le Doeuff mencionaba ejemplos en un libro publicado en la colección verde de Cátedra: El estudio y la rueca, creo recordar).
Cabe de todos modos establecer netas distinciones entre las obras de ambos, y de los géneros más explorados, evitándose así las supuestas sombras y pudiendo hablarse, quizá con más propiedad, de complementariedad o hasta, si se tercia, de división de trabajo, y hasta de trabajo realizado en discusión y diálogo permanentes. Así si en su brillante texto autobiográfico, Las palabras (Les mots), el futuro filósofo, mostraba su deseo claro de querer llegar a ser escritor como Stendhal, y filósofo como Spinoza, y acabó siendo el filósofo existencialista par excellence, creador de escuela y de manera de vivir (y hasta de vestir), y representante paradigmático del pensador comprometido hasta sus últimos días, las pinceladas autobiográficas de la autora de Les Mandarins, que salpican tanto esta obra como prácticamente todas sus novelas y libros de memorias, dejan ver una escritora que opta más por exponer sus ideas y la crónica de sus tiempos (y ambientes) por medio de la novela, y haciendo constar además su falta de inspiración en el terreno de la creación filosófica; cuestión -harto discutible dicho sea de paso- pues ahí están sus filosofías puestas en acción, en incesante y tenaz trabajo por plasmar la libertad, por ser muestra de autenticidad y coherencia, y como muestra de lo que afirmo ahí están sus Por una moral de la ambigüedad -ensayo por dotar de una moral al existencialismo-, La vejez -defensa de tal época de la existencia como continuación del mantenimiento por parte de los individuos del compromiso y la libertad en cualquier edad-, ¿Hay que quemar a Sade? -los límites de la libertad individual, en contacto con los otros, tomando como medida al divino marqués-, o la ya nombrada El segundo sexo obra pionera del feminismo y de la lucha en pro de la emancipación de las mujeres de las opresoras redes de los poderes androcéntricos, falocráticos, machistas, o masculinos, o…como quieran nombrarse. Obra cuya tesis básica de que “la mujer no nace sino que se hace”, neto despegue de la mera diferencia biológica, es apoyada y contrastada con distintos filósofos; no estando ausentes los análisis debidos al psicoanálisis, la sociología, y la aplicación de dichos saberes a los temas más acuciantes de la vida de las mujeres (la menstruación, la sexualidad, la violación, el embarazo, el aborto, el lesbianismo, etc.) Como muestra del habitual vanguardismo de la Iglesia a la hora de apoyar a las mujeres, el libro fue enviado directamente al Index librorum prohibitorum, pero es que a quién se le ocurre hablar de ciertos temas con semejantes descaro y desparpajo…¡A Simone de Beauvoir, y en 1949! Mas no quedaron ahí las reacciones airadas ante la aparición de la obra nombrada: así, un representante de la derecha más mojigata, meapilesca y rancia, François Mauriac, llegaba -en el colmo de la obscenidad- a comentar a un periodista de Les Temps Modernes (revista de cuya dirección Beauvoir era una de las cabezas visibles) que conocía “todo sobre la vagina de su jefa” (no sería aplicable a este destacado pensador católico aquel dicho paulino de que “nada hay impuro para los ojos de los puros” ya que al contrario él convertía, con su sucia mirada, en impuro lo más puro, por lo que quizá le sería más aplicable algo así como con pan sueña el que hambre tiene), tal sujeto ya había señalado días antes en la prensa que estábamos ante un nuevo e inmejorable vomitivo (“hemos alcanzado literalmente los límites de la abyección. Es el bejuquillo que nos hacían insurgitar cuando éramos niños para que vomitáramos. Acaso sea éste el momento de la última náusea: la de la liberación”) ¡Pura escatología!; en el otro lado del espectro político, tampoco gustó el libro, así a Albert Camus le pareció un ataque que trataba de “deshonrar al macho francés” (¿quizá sería la visión solar-mediterránea del autor de La peste?), o el PCF, tan vanguardista y fino comme d´ habitude, se preocupaba seriamente porque las ideas de la autora no iban a gustar nada a los obreros de las fábricas y que sus ideas iban a hacer partirse de la risa a las obreras de Billancourt.¡Y así!
La primera mujer filósofo
La expresión es debida a la revista Paris-Match, a pesar del indudable carácter sensacionalista de dicha publicación fue una de las revistas de gran tirada en saludar con alborozo la obra de la que hablo, le dedicó siete páginas. Así se pronunciaba: “Una mujer llama a las mujeres a la libertad. Simone de Beauvoir es sin duda la primera mujer filósofo que ha aparecido en la historia de los hombres. Tenía que emprender la tarea de extraer de la gran aventura humana una filosofía de su sexo. Todos los problemas que caracterizan la preocupación de la mujer moderna: libertad de vivir, aborto, prostitución, igualdad de sexos, matrimonio y divorcio, parto sin dolor, etc. El acceso a la igualdad política, adquirido desde hace cuatro años, justifica que la eterna cuestión femenina sea tratada en términos modernos por una joven filósofo, fría y lúcida. Arremete contra todos los tópicos…”.
No cabe duda que El segundo sexo es un libro -de mil páginas, por cierto- que ha tenido una influencia indiscutible en la vida y en el pensamiento de la sociedad. Desde luego, qué duda cabe que, mucha más que El Ser y la Nada o Crítica de la razón dialéctica, las dos obras filosóficas más destacadas de su compañero Sartre. ¿Pero a qué genero pertenece el texto del que hablo? ¿Es una novela, una confesión, un panfleto…? Si bien es cierto que Simone de Beauvoir se inclinó más por la escritura de sus memorias y de novelas (en las que vehículaba la/s existencia/s), no parece justo, de ninguna de las maneras, ignorar su obra filosófica, luego abandonada por su propia decisión. Indudablemente el libro nombrado es una obra clave de la filosofía del siglo pasado; tanto si se mira la filosofía -ciñéndose a la etimología- como “amor a la sabiduría”, como si se interpreta tal disciplina como “búsqueda de la felicidad” -o modo de vida, etc.- El segundo sexo es un libro de filosofía con todas las de la ley, y con plenos derechos. Tales derechos parecen, sin embargo, negársele -a la obra y a la autora- en las historias, introducciones, diccionarios, materiales de enseñanza filosóficos; y a los hechos me remito y que nadie tema que no voy a pasar exhaustiva lista; baste con acercarse a los manuales clásicos de la rama nombrada para ver que la ausencia de la filósofa parisina es total, en algunos casos podría comprenderse pues no llega a abarcarse, en ellos, la época a la que pertenece (Bréhier, Severino), en otros, sin embargo no hay excusa: ahí están los Hirschberger, Ferrater Mora, Copleston, Störig, la historia de La Pléyade, Hottois, Cooper, Huisman, la de la Encyclopaedia Universalis, Bermudo, Delacampagne, Besnier, Descamps, Descombes, la de Châtelet en la que no es nombrada ni en la cronología bibliográfica final, Quintanilla, o la historia de la ética dirigida por Victoria Camps, cuya capítulo dedicado a Sartre lo escribe por cierto una feminista de pro -Celia Amorós- que bien podía haber prestado un hueco a las incursiones por la moral de la filósofa de la que hablo…) ¡y no sigo! En algunas obras se la nombra como “amiga de Sartre”, como “discípula de”, como “colaboradora”, vamos todo queda reducido a notas a pie de páginas en las que se recurre a ella, la “grande Sartreuse”, como la llamasen con maldad manifiesta sus enemigos, para reforzar la filosofía del maestro, en un claro papel de segundona. Decía Michèle Le Doeuf, en este orden de cosas, que en el caso del Castor se veía un claro ejemplo de poligénesis en la construcción de su obra, de manera que no era discípula de un solo maestro sino que su obra la iba tejiendo con materiales provenientes de varios filósofos, de distintas disciplinas, reivindicando así para ella el título de filósofa de pleno derecho; otra cosa será constatar que el mundo de la filosofía, entre otros, es un campo dominado por hombres. Más mérito habrá de atribuirse a esa mujer combativa que se atrevió a penetrar en campo adverso, aunque ello le pudiese suponer en algunos casos ver marcado su propio pensar por la influencia del campo -androcéntrico- visitado.
“Un hombre no habría tenido la idea de escribir un libro sobre la singular situación que ocupaban en la humanidad los machos. Que es un hombre es absolutamente claro (va de soi). Un hombre está en su derecho siendo un hombre, es la mujer quien se halla en una situación de desventaja…Él es el Sujeto, él es lo Absoluto; ella es el Otro”, y es en aquel contexto en el que Simone de Beauvoir se enfrentó a la arriesgada tarea de continuar en su empeño de ahondar una perspectiva de moral existencialista -tarea ya abordada anteriormente en sus Pyrrhus et Cinéas o en Por una moral de la ambigüedad– centrando ahora su femenina mirada en la condición femenina. Quizá la particularidad de la búsqueda beauvoiriana resida en poner el acento en la moral, aspecto dejado para más tarde precisamente por su compañero en El Ser y la Nada. En su marcha hacia la libertad absoluta con un agudo sentido ético, Simone de Beauvoir va a tratar de completar las carencias de su amigo (tapar los agujeros) en la contradicción entre libertad y necesidad; y así va a tratar de tomar el ejemplo privilegiado de la mujer como menor de edad bajo tutela masculina, y la construcción del arquetipo femenino como ser dependiente y entregado, status que no responde a ninguna esencia previa o eterna (el eterno femenino resulta una entelequia similar al alma negra o el ser judío) . La realidad femenina es una construcción social, y la filósofa va a reivindicar el riesgo de asumir la libertad por las mujeres sin tener que esperar a órdenes o responder a comportamientos consagrados como los correctos y/o adecuados.
Ante la libertad absoluta y asituacional de Sartre en su obra antes citada (con aquel punto de partida de que “el hombre es una pasión inútil”), Beauvoir va a poner en litigio la libertad ligándola de manera tajante con la situación concreta, y para ello va a destripar el meollo de las relaciones entre opresores y oprimidas, tomando como apoyos al Hegel de Kojevé o al Marx de los manuscritos de 1844, y arreglando las cuentas con ciertas posturas antropológicas engelsianas (cerrando así cualquier puerta a la aceptación de un feminismo marxista). Por una parte, subyacería en la travesía de la filósofa, la dialéctica del dueño y el esclavo de la que la mujer queda excluida ya que no rivaliza sino que queda marginada, por su función reproductora, en un afuera de esa dialéctica, reducida a una cercanía grande con respecto a la naturaleza de la cual ha despegado sin embargo el hombre por medio de la cultura y sus actividades: caza, guerra, etc. Si el esclavo vence al dueño (o el proletario al burgués, en la lectura marxista y kojéviana), la mujer reducida a su función procreadora no puede vencer a su dueño pues el otro es partícipe necesario en el acto reproductor. Huye la filósofa de una explicación biologicista y lo hace por momentos cayendo en cierta mistificación trascendentalista hegeliana -poniendo en el lugar esencial: el reconocimiento de sí de la conciencia, de cuya lucha por cierto la mujer queda excluida por sus dedicaciones- mas no cesa en su empeño de pisar suelo y para ello se va a valer de las conceptualizaciones sobre el trabajo del joven Marx (Althusser pace!) y va a situar las puertas de la liberación femenina en la participación en actividades antes casi exclusivas de los hombres, en la integración en el proceso de producción y en la independencia económica subsiguiente va a hallar la autora una palanca importante para avanzar en la salida femenina de los marcos estrechos del cuidado de la prole, etc. En el trabajo los humanos al tiempo que transforman la naturaleza se transforman, se objetivizan, se constituyen a sí mismos; de ahí la importancia esencial de la presencia de la mujer en las labores productivas para dejar de ser un otro de los humanos masculinos y evolucionar, despegando de los aspectos que parecen tenerla enraizada en las cercanías de la animalidad. Así, y sin entrar en más detalles, se puede afirmar que la travesía beauvoiriana se apoya en una cierta lectura de Hegel, en una lectura marxista que le hace compartir, a su modo, su concepción de la filosofía de la historia y su antropología, y recurriendo al existencialismo fenomenológico, además de a algunas apoyaturas psicoanalíticas, con lo cual es obvio que la huella -o la sombra mentada- de su compañero queda absolutamente desbordada en el terreno filosófico.
“Todo sujeto se manifiesta de forma concreta a través de proyectos que le trascienden, no realiza su libertad más que a través de la perpetua superación por otras libertades; la única justificación de la existencia presente es su expansión hacia un futuro de infinitas posibilidades. Cada vez que la trascendencia cae en la inmanencia, la existencia queda reducida al en-sí, y la libertad a la facticidad. Esta caída es una falta moral si es consentida por el sujeto. Si le es infligida, se convierte en una frustración y una opresión; en ambos casos supone un mal absoluto”. Con este clarificador programa filosófico de partida, Beauvoir trata de dar armas a las mujeres para que tomen los medios para reconocerse como alteridad y como sujetos libres. Entrega el arte de ser otras, de ser segundas…y combatir la sumisión del primero, del uno mismo, de los varones. Puede así afirmarse que la obra de la que hablo es una de las obras del pensamiento francés -no solo- más importantes del siglo pasado, y ello tanto desde el punto de vista del feminismo como desde una óptica filosófica. Es obvio, no obstante, que Simone de Beauvoir no habría escrito la misma obra a mediados del siglo pasado que si lo hubiese hecho en la actualidad; y lo digo ya que las críticas han llovido sobre su obra desde ópticas feministas al señalar las deficiencias de la postura de la pensadora al tomar tal cual ciertas doctrinas de Hegel o Marx, sin limarlas de sus aspectos androcéntricos, del mismo modo que dio por buenas las conclusiones de la antropología o los estudios de la prehistoria y de la etnología de la época. Desde entonces ha llovido mucho y los conocimientos sobre los últimos de los aspectos señalados han avanzado cantidad, dicho lo cual, Simone de Beauvoir indudablemente se apoyó en las teorías más progresistas y avanzadas de su tiempo.
Sea como fuere, Beauvoir entregó una filosofía viva que sirvió, y sirve en gran medida ya que la sombra de El segundo sexo es alargadísima e inevitable al hablar de estos temas, de bandera de lucha, y de compromiso para muchas mujeres que fueron despertadas del sueño dogmático masculino, para vivir como personas integrales, y no como floreros (¡ay Kant!), ni como hombres defectuosos o incompletos, que dijesen los Aristóteles o santo Tomás de Aquino, ni como seres de cabellos largos e ideas cortas(Schopenhauer dixit), ni como las ayudantas (secretarias…) de, alejando a las mujeres del que parecía, hasta entonces, su inevitable triángulo (Kinder, Kuche, Kirche: Niños, Cocina, Iglesia)… y en tal combate, Simone de Beauvoir dejó además de su obra, su propio ser de mujer comprometida, infatigable, creadora y apoyando los combates de los humanos (combatientes argelinos, disidentes del Este, prisioneros, emigrantes, organizaciones y/o periódicos prohibidos, etc.) Así fue Castor, apodo con la que se la conocía y que le fue puesto jugando con el vocablo inglés (Beaver) por uno de los componentes del grupo de amigos de l´École Normale Supérieure (Nizan, Maheu, Sartre)… como se lo explicó el segundo de los nombrados “los castores van en grupo y tienen espíritu constructor”.
El segundo sexo: cincuenta años
Igualdad, diferencia , postfeminismo
En junio de 1949 veía la luz el primer tomo de «El segundo sexo» ( Los hechos y los mitos ) de Simone de Beauvoir, cinco meses más tarde lo haría el segundo ( La experiencia vivida ). Con tal aparición llegó el escándalo de la sociedad biempensante y el éxito inmediato de la obra, acompañados de discusiones que todavía hoy no han cesado. El libro de Castor ( Beauvoir = castor / apodo con el que se le conocía debido a su carácter laborioso e infatigable) ya había sido publicado en parte en la revista Les Temps modernes ( codirigida por aquel entonces por Jean-Paul Sartre y Maurice Merleau-Ponty). Como digo el escándalo no se hizo esperar y como muestra la Iglesia-siempre en vanguardia- incluyó la obra en el Índice de libros prohibidos.
Abajo de los Pirineos las cosas estaban mucho peor, y así la censura franquista no permitió que el libo se publicase. Hasta ahora, que se cumple el cincuentenario, el libro no ha sido traducido por acá. Se han podido leer las traducciones realizadas en Latinoamérica (la argentina Siglo Veinte y posteriormente la traducción de Aguilar) , pero ahora, al fin, la editorial Cátedra, presenta una muy cuidada edición de la obra de la mano de Alicia Martorell – traductora ya premiada por su encomiable actividad en tales lides- con una presentación destacable de Teresa López Pardina. ¡ Bienvenida sea!
Las mil páginas de la obra se atrevieron , en aquellos mojigatos tiempos, a hablar de cuestiones que hasta entonces no parecían convenientes, ni e buen gusto. Simone de Beauvoir se lanzó con valentía a tratar de clarificar la “realidad femenina” relegada, la mujer, a ser la Otra del varón dominante. Para llevar a cabo tal propósito la filósofa existencialista se sumergió en el análisis de lo que decían sobre este asunto la biología, el psicoanálisis y el materialismo histórico, para después estudiar la historia y el papel que a lo largo de ella se ha asignado a las mujeres, los mitos y cómo han enjuiciado éstos a la mitad del cielo despreciada. Posteriormente, la autora seguirá su exploración del desarrollo de la vida femenina (niñez, adolescencia, madurez, etc.), los diferentes prototipos femeninos y la sexualidad, la especificidad psicológica y su univreso imaginario. No evita los detalles, la escritora gala, y así penetra con crudeza en temas como la menstruación, la violación, el embarazo, la menopausia, la iniciación sexual, el masoquismo, la frigidez, el adulterio, el aborto, el lesbianismo, etc., etc., etc. Imposible detenerse ni siquiera de modo superficial en la complejidad de esta obra en este escaso espacio.
Obra harto documentada, ésta se mueve a caballo entre la sociología, la política, lo mundano y lo filosófico. Sería injusto olvidar el aspecto de compromiso personal que hace que la obra no fuese escrita por una neutral « tercer sexo», sino por una mujer que escribe con su propio cuerpo esta obra que pasaría a convertirse en fundamental para el pensamiento de las mujeres. Texto ineludible para cualquiera que se acerque al tema de la mujer. Libro del que no se puede escapar, y del que no escapa nadie que haya escrito sobre la mujer después de su publicación, ya sea para criticarlo o para desarrollarlo, y es que , con todo, es difícil oponerse al postulado fundamental que viene a ser la tesis central de la obra: « la mujer no nace sino que se hace». Vamos que la sociedad masculina fabrica una mujer a la medida de sus intereses: buena madre y ama de casa, o…lindo florero.
Considerada como dentro del feminismo ilustrado o de la igualdad por unas o como puente entres éste y el posmoderno, al abrir la puerta a la diferencian entre sexo y género, entre biología y cultura, Simone de Beauvoir ha sido criticada por no saber soltar amarras de modo definitivo con las posturas de Sartre – el de El ser y la nada , manteniéndose dentro del marco del individualismo burgués y manteniendo a la mujer como Otra del sujeto masculino ( así, ella más bien sería sujeta-da). Magnífico en este orden de cosas resulta el libro de Michéle Le Doeuf, El estudio y la rueca, editado por Cátedra. La filósofa se poya en el pensamiento de Beauvoir, subrayando las diferencias con respecto a la filosofía sartreana, para avanzar en la lucha a favor de la liberación femenina.
También ha solido ser criticada Simone de Beauvoir por su postura a veces cuasi-despectiva con respecto a la maternidad. Estas críticas han solio venir de las filas del feminismo de la diferencia; cercana a tales posturas, en algunos aspectos, puede situarse a Sylviane Agacinski quien en su Política de sexos ( Taurus) mantiene unas posturas que postulan la igualdad ( y hasta la paridad en lo que hace a la representación política), sin olvidarse de poner el acento en los aspectos propios del ser femenino en crítica permanente con el falogocentrismo (Derrida dixit ).
El brillante ensayista Gilles Lipovetsky siguiendo con su tarea de disecar las sociedades contemporáneas, se centra en su última entrega en la situación de la mujer. La tercera mujer ( Anagrama) da cuenta , con cierto tonillo satisfechos con lo que hay, muy propio del autor en muchas de sus obras, por no decir en todas, de la « victoria» de la mujer como una de la características de nuestro hoy. Francamente, si nos quedamos en los meramente descriptivo, se podría estar de acuerdo en que los hombres están asociados fundamentalmente con las actividades e « instrumentales», mientras que las mujeres los están más con los roles privados, estéticos y afectivos; sin embargo, no hace falta ser situacionista para mantener que las situaciones no se han de soportar sino que se han de cambiar. Lipovetsky se erige en notario de lo que hay como si fuese algo marcado por la providencia o por ineluctables factores naturales ( sin mención alguna a las causas…). De todos modos no es, en absoluto, una pérdida de tiempo la lectura, aunque a veces se haga a contrapelo, de esta obra que da muchas pistas y abre muchos caminos para la rumia y el debate.
Lejos de cualquier espíritu amalgamador, insultante y panfletario( véase el artículo de Juana Salabert en El Mundo de los Libros del sábado 20 de febrero) se hace una defensa de la mixitud, defendida por la nombrada Agacinski que es una postura atractiva en este « intento de elaborar una cultura con dos sujetos respetuosos de sus diferencias, modelo para una coexistencia en la diversidad a nivel universal» (esta frase entrecomillada es debida a Luce Irigaray – nave-insignia- , todo en femenino, del feminismo de la diferencia en su última obra Être Deux. Grasset, 1997). Antes de finalizar no puedo resistirme a señalar lo equilibrado de las posturas de Rosa María Rodríguez Magda en defensa de un «feminismo transmoderno» (El modelo franskenstein. Tecnos, 1997) como forma de continuar hacia adelante por la misma senda que hace cincuenta años abriese ejemplarmente Simone de Beauvoir.
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Simone de Beauvoir, escribir la libertad
En un día como hoy de 1986 se apagó la existencia de esta mujer independiente que no se acomodaba al rol que habitualmente se asignaba a las mujeres y luchó por construir su libertad y ampliarla a la totalidad de los humanos; en especial, a la de las mujeres.
El día 19 de abril un cortejo de cinco mil personas acompañaba a la difunta hacia el cementerio de Montparnasse donde iba a recibir sepultura junto a su compañero, su cómplice, su amante, su amor “necesario” (frente a los “contingentes”) que había sido allá enterrado exactamente un mismo día 19 de seis años antes(había fallecido el día 15 de 1980); en aquella ocasión el cortejo fúnebre estuvo compuesto por más de cuarenta mil. Las cifras que señalo son muestra de cómo la filósofa quedó ensombrecida por la grandeza del pequeño filósofo, ya desde la propia oposición a agregadurías en la que a él se le concedió la primera plaza y a ella la segunda ella quedó convertida en discípulo(sic!) del gurú del existencialismo(como consta en el Petit Larousse), no ocupando lugar propio en las distintas historias de la filosofía(no pasaré lista hoy); a lo más alguna mención a su Segundo sexo, obra maestra de la pensadora, cuya huella sigue marcando a cualquiera que se preocupe de la cuestión femenina…et tout le reste
c´est littérature ; es así como quedó relegada al papel de compañera de Jean-Paul Sartre-la grande Sartreuse dirían con maldad- y como escritora.
Ya desde joven mostró su independencia, ante unos padres pasmados, y su clara decisión al optar por unos estudios que parecían terreno acotado para hombres. Entre los que preparaban las oposiciones a filosofía en la École Normale Superieure se codeaba con Jean-Paul Sartre, Paul Nizan y René Maheu, y en el primer liceo, en prácticas, era la única mujer junto a los Maurice Merleau-Ponty o Claude Lévi-Strauss. Fue su amigo Maheu quien jugando con la palabra inglesa (beaver) le puso el mote de Castor, ya que tales animales , tal espíritu le acompañó a lo largo de su vida a esa infatigable y luchadora mujer tanto con su presencia en innumerables movilizaciones, como con su escritura que da cuenta de su tiempo y de su presencia en él, sin obviar sus escritos filosóficos que fueron- y son- instrumentos que empujan a luchar por la dignidad y la libertad universales.
De su preocupación por cómo ubicarse en la situación en que a uno le toca vivir optando por “liberar su libertad” para sí y para los demás queda sobrada constancia desde su primer ensayo en el que asistimos al diálogo entre (1944) y en el que pretende sentar las bases para una ética existencialista, luego vendría >(1947). Los dos personajes plautianos, del libro primeramente citado, discuten acerca que qué hacer: el segundo personaje representa la pasividad mientras que el primero se plantea un futuro construido en torno a un proyecto previo; la búsqueda del lugar adecuado en lo que hace al compromiso con la libertad se convierte así en la tarea a perseguir por cualquiera que se precie.
Esta donación de sentido a la existencia-que prima sobre la esencia- sería precisamente el punto de partida de la obra con la que la filósofa-llevando-turbante-que diría Beatriz Preciado- elaboraría su obra maestra: El segundo sexo (1949) que hizo llevarse las manos a la cabeza a todos los machitos que en el mundo había, encabezados por la santa madre Iglesia que prohibió su lectura, catalogándolo dentro del Índice de libros prohibidos. Mil páginas se alzaban contra una supuesta inamovible naturaleza femenina; en ellas la autora criticaba los discursos dominantes (biológicos, psicoanalíticos, del materialismo histórico) y revisaba la historia, la antropología y los mitos creados por la literatura, para pasar posteriormente a estudiar la vida de las mujeres (la menstruación, la maternidad, la prostitución…), abriendo así los caminos del feminismo moderno y sus distinciones entre género y sexo. Más tarde vendría su estudio sobre Sade(1955) en donde tomando como base al marqués estudiaba las relaciones entre lo individual y lo colectivo, y balizaba los límites de la libertad individual.
Una filosofía que se elevaba de lo particular a lo universal ofreciendo una verdadera arma para vivir con la dignidad de los seres libres ; «queriendo hablar de mí, me daba cuenta de que me era preciso describir la condición femenina…Intentaba poner orden en el cuadro que se me ofrecía, incoherente a primera vista : en todo caso el hombre se planteaba como el Sujeto y consideraba a la mujer como un objeto, como el Otro…Me había puesto a mirar a las mujeres e iba de sorpresa en sorpresa. Es extraño y estimulante descubrir entonces, con cuarenta años, un aspecto del mundo que atrapa los ojos y que no se veía».
Toda una vida entregada a liberar la libertad con la escritura y el compromiso…«se escribe a partir de lo que se ha conseguido ser», una gran mujer que echó por tierra la afirmación de Stendhal: «todo genio nacido mujer es un genio perdido para la Humanidad»…¡Gracias Castor por sus lecciones, por las sendas que abrió y por el compromiso de una vida que, cual viejo topo, horadó los intocables cimientos de la sociedad patriarcal!
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Simone de Beauvoir al desnudo ( * )
Fue entre mayo y julio de 1948 cuando la revista Les Temps modernes, publica algunos extractos que luego pasarían a formar parte de la obra más célebre , e influyente, de la intelectual francesa: El segundo sexo, que vería la luz al año siguiente.
« No se nace mujer, se llega a serlo. Ningún destino biológico, psíquico, económico no define la figura que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana; es el conjunto de la civilización la que elabora lo femenino, como este producto intermediario entre el macho y el castrado»
« Cuanto menos permiten a un individuo las circunstancias económicas y sociales actuar sobre el mundo, más le aparece ese mundo como dado. Es el caso de las mujeres que heredan una larga tradición de sumisión »
Por una moral de la ambigüedad
« Nuestras libertades se soportan las unas con las otras como las piedras de una bóveda»
Se suele afirmar , al menos algunos y algunas, que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer; hasta en este dicho asoma una relación de dependencia o indisoluble unidad entre hombre y mujer como si fueran inseparables, en especial las que están detrás de los que están delante. Esto ha sucedido de manera ejemplar en quien fuese adalid del feminismo moderno y cuya sombra sigue cubriendo el presente de las luchas de la mujeres: siempre se ha asociado a Simone de Beauvoir como seguidora o alumna de su compañero Jean-Paul Sartre 8 y los malintencionados calificándola como la Grande Sartreuse), calificación que habitualmente cobra presencia en los mismos diccionarios o manuales de la filosofía[ sin entrar en mayores,basta con mirar las historias, manuales, enciclopedias o iniciaciones a la filosofía: las de Bréhier, Sverino, Abbagnano, Hirschberger, Ferrater Mora, Copleston,la historia de la Pléiade, la de Hottois, Cooper, Husman, la de la Encyclopaedia Universalis, Bermudo Ávila, Besneir, Descamps, Descombes, la de Châtelet, Störig, Jacobo Muñoz, o…para comporbar la ausencia de mujeres y más en concreto la de Simone de Beauvoir…Diré más, llama más la atención todavía que en los Historia de la ética, publicada por Crítica y dirigida por Victoria Camps, la entrada de Sartre está cubierta por la promotora de la crítica de la razón patriarcal, Celia Amorós…ni la nombra, y, por supuesto, no se le otorga en tal obra un capítulo propio]; la injusticia de este papel de mera comparsa es injusto a todas luces y ello desde los tiempos en que ambos se conocieron como preparándose para obtener plaza en la enseñanza: el primer puesto le fue otorgado a él, el segundo a ella – más de una, y más en concreto, una ha dudado de la justicia de la decisión : ahí está, por ejemplo, Michèle Le Doeuf – ; las incursiones en el terreno filosófico por parte de el Castor, no es que resultaran baladís: y no solo la celebérrima El segundo sexo, sino Por una moral de la ambigüedad, Pyrrhus et Cinéas, o sus derivas sobre el marqués de Sade, etc. . Lo mismo se podría aplicar en el terreno de la escritura , en donde su presencia sin lugar a dudas resulta más reseñable que la de su compañero…En lo que se refiere a esto último, si damos por buena la aseveración de que el ser publicado en la selecta colección La Pléiade, de la editorial Gallimard es la indudable prueba de calidad, este año acaban de ver la luz dos tomos debidos a los escritos autobiográficos de la escritora, cuando las obras novelescas del escritor y compañero fueron publicadas en dicha colección allá por 1982 ( posteriormente se publicarían dos tomos más: uno con textos autobiográficos y filosóficos, y más tarde sus obras teatrales). Conste que no soy de la opinión de que se deban establecer comparaciones competitivas entre los componentes de las parejas creativas (Louis Aragon y Elsa Triolet, Alberto Moravia y Elsa Morante, o Siri Husdvedt y Paul Auster, por ejemplo) sino subrayar las relaciones de colaboración y si es caso de complementariedad; si incido, no obstante, en este aspecto es debido al papel de segundonas que habitualmente se otorga a las mujeres en estas parejas y en otros ámbitos, en casi todos, de la actividad humana.
Sobre esta imprescindible mujer refractaria – como la clasificará Michel Onfray- acaba de publicarse una obra de Carmen G. de la Cueva( Alcalá del Río, Sevilla, 1986) editada por Lumen: « Un paseo por la vida de Simone de Beauvoir», obra que invita a acercarse a la figura de la filósofa y feminista que formuló en su filosofía la relación que estructura desde miles de años la relación entre hombres y mujeres. La radicalidad de su propuesta residía en una convicción de orden existencialista: la existencia precede a la esencia, apoyándose para desmontar los discursos esencialistas en la crítica de los discursos dominantes en distintos campos del saber: biología, psicoanálisis, materialismo histórico, y en otras representaciones presentes en la literatura, los mitos, etc., etc., etc.
La obra que ahora se presenta plantea el acercamiento como buscando una relación entre colegas, fundamentalmente femeninas, que se encuentran y comienzan a charlar acerca de las posibilidades que brinda el futuro, y así, en este orden de cosas, el acento es puesto en la presencia de cara a las jóvenes de hoy de las enseñanzas de la propia vida de Simone de Beauvoir; « por los pasillos de la casa de Simone de Beauvoir no caminamos solas ni de puntillas. Vamos todas cogidas de la mano: Simone, vosotras y yo, como unas amigas que después de mucho tiempo vuelven a encontrarse para hablar y saber por fin que otra vida es posible» Una existencia, la de una chica rara – como ella misma se consideraba- que rompía desde sus primeros pasos con los cánones establecidos por la sociedad biempensante, y más en concreto con su tradicional familia, de cuyo control escapó ( su hermana menor, que se convertiría en pintora, lo pagó, ya que sus padres pensaron que bastante tenían con una…que les había salido rana, embarcada en un ambiente, el de los estudios filosóficos, en un mundo de hombres; recuerdo al respecto un libro editado hace como una quincena de años por Circe: Las hermanas Beauvoir). Una vida como ejemplo de asunción de una identidad propia, independiente…atreviéndose a ser sí misma. Ya lo dejaba claro en su Pirrus y Cineas: « si yo me busco en los ojos de otro antes de haberme dado una figura propia, no soy nada: no tomo mi propia forma, no me otorgo una existencia propia, que si previamente no me lanzo al mundo amando, haciendo». La tarea permanente de hallarse como objeto y libertad, actuando, en la tensión de la libertad propia y la de los otros.
La autora del libro no cae en hagiografía alguna sino que pinta las luces sin olvidar las sombras y los tonos intermedios. Se basa para ello fundamentalmente en las obras autobiográficas, que como siempre sucede con las entregas de este tipo, presentan la imagen que quien las escribe quiere dar de sí. Carmen G. de la Cueva nos hace penetrar así en las interioridades de una vida en marcha y transformación, en busca del lugar propio, y una voz propia, en la vida y en el mundo. Somos puestos al corriente de las contradicciones que van a ser encaradas por quien se convertiría en indiscutible icono del feminismo, en una trayectoria que no fue un camino de rosas ( también es verdad que éstas van acompañadas de espinas) sino que hubo de enfrentarse con no pocos obstáculos, teniendo en cuenta la época en la que le tocó vivir y las concepciones que imperaban con respecto al papel y las funciones que debían cumplir las féminas. Así frente a las limitaciones a que se ha sometido a las mujeres, « que no pueden sino estar a merced de las leyes, de los dioses, de las costumbres, las verdades, creados por los machos», ella va a combatir por hallar su propio camino, trascendiendo lo dado por medio de la revuelta, en una permanente tarea por disipar la ignorancia y las imposiciones.
Y la sevillana pone el foco en la persona y en el ejemplo de su existencia más que en el recurso habitual de conocer a a la pensadora a través de citas una y otra vez repetidas. Desde sus amores de juventud, con alguna chica ( Zara), a su conocimiento y relación con Sartre, amor necesario frente a los amores contingentes ( ¡ ay Nelson Algren!). Y el título de la propia obra da cuenta de las tendencias flâneuses de la filósofa y novelista, a la que acompañamos en paseos interminables en su soledad, en la que la rumia se apodera de su mente al tiempo que contempla el recorrido, ensimismada. Escapa así el acercamiento a la imagen extendida de la dependencia de ella con respecto a la obra de su compañero Sartre, e igualmente huye de la mirada sobre su obra olvidando la personalidad y los avatares de la mujer que llevó a alcanzar notoriedad de sus obras y también de su presencia. Y somos puestos al corriente de su compromiso, del ambiente del París de la época, de sus lecturas, de sus hijas y de su afán por escribir su propia vida.
La prosa de la autora sigue el camino diegético, lo que viene a suponer que conozcamos el camino que le fue llevando a la sevillana a acercarse a la francesa, no exento de dificultades, hasta ir estableciendo con ella una relación de intimidad tal, que le conduce a pasear con ella como si fuesen dos estrechas amigas, y sabido es que entre éstas la verdad siempre está presente, como presente están los crujidos que la autora leída y visitada provocan en la escritora que a ella se acerca, que con ella pasea.
Así esta obra supone una invitación a acercarse a la escritura de Simone de Beauvoir a través del conocimiento de su persona; el volumen gana más atractivo, si cabe, por las significativas ilustraciones de Malota (Mar Hernández), y dos invitaciones / incitaciones planean: reclamar que las obras, un tanto desatendidas de Simone de Beauvoir, sean publicadas debidamente y que la lectura suponga un ejemplo, en paralelo y a pesar de las diferencias de épocas, de las zancadillas que las jóvenes, y no tan jóvenes, de hoy van a encontrar en este mundo de dios (masculino)… Invitación pertinente y de indudable actualidad en estos tiempos que junto a cierta oleada feminista, de fachada, no faltan las posturas reaccionarias (o neo-) y no me refiero únicamente a los sermones patriarcales de los misóginos clérigos sino también a algunas pensadoras que se enfrentan a las teorías de género y a su promotora, encarnada en la pensadora presentada ( véanse los dardos de , por ejemplo, Nancy Huston en su recientemente traducido Vosotras bellas, vosotros fuertes ).
( * ) No hace falta aclarar que el título no se refiere a la desnudez de la nombrada. Cuestión que por cierto armó cierto revuelo cuando en la portada de Le Nouvel Observateur, con ocasión del cien aniversario del nacimiento de la escritora, salía una foto de ella desnuda, de espaldas…Ante las críticas los responsables de la revista mantuvieron que la foto era hermosa y que además ayudaba a vender…La escritora Geneviève Brisac respondía con justa cólera que nunca se les habría ocurrido mostrar en tal pose a Julien Gracq, Charles De Gaulle, Vladimir Jankélévitch o Henri Michaux…y concluía con sorna adelantando la posible respuesta de que las nalgas de estos no eran tan bellas.
La filosofía habitada: el existencialismo
Un certero retrato de una época en los terrenos del pensamiento filosófico y político.
Se ha hablado al referirse de los filósofos existencialistas como los buscadores del sentido; pues bien, la autora de la obra que he leído, Sarah Bakewell ( Bournemouth, 1963) parece hacer suya dicha búsqueda con respecto a la fenomenología y el existencialismo , y a sus protagonistas. La obra que presenta, « En el café de los existencialistas. Sexo, café y cigarrillos o cuando filosofar era provocador » (Ariel, 2016) resulta, a mi modo de ver, francamente ejemplar en varios aspectos que señalo a continuación.
Se mezcla, con calculada medida, la lectura de la autora de los diferentes autores y lo que supusieron en su formación y en su vida, con la rigurosa presentación de los diferentes pensadores, y pensadoras, tanto en sus postulados filosóficos como en sus avatares existenciales. El centro de gravedad puede situarse, sin que esto signifique monopolio alguno, en los personajes que aparecen en la misma ilustración de la portada del libro: Maurice Merleau-Ponty, Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir y Albert Camus; y si digo que no significa la presencia de los nombrados el monopolio del discurso es debido a que los autores visitados son muchos más y van más allá de las fronteras hexagonales y de los tiempos en los que tal corriente filosófica se convirtió, poco menos o más, que en una moda que se traducía en el modo de vestir, en los lugares de alterne, o las músicas que se escuchaban en los diferentes garitos jazzísticos; la filosofía desbordaba los marcos académicos para inundar la calle, emparentándose en esto con las corrientes griegas que consideraban la filosofía, más allá de su definición etimológica , como modo de vida: más en concreto , postura encarnada por los estoicos y los epicúreos, si bien ante ya, Sócrates realizaba su labor en las plazas y no en los recintos dedicados a la enseñanza (la Academia platónica, y más tarde el Liceo aristotélico enclaustrarían tal actividad en los recintos educativos).
Los otros filósofos presentados hacen girar la mirada al este, a Friburgo, más en concreto, que se convirtió en el verdadero templo de la fenomenología, en torno a la enseñanza de Edmund Husserl, y posteriormente a Marburgo, hipnotizado por el magisterio de Martin Heidegger; en relación con estos irrumpirán en las páginas Karl Jaspers, Emmanuel Lévinas, Karl Löwith, Hannah Arendt, Herbert Marcuse, y otros muchos ( Raymond Aron, Henri Lefebvre, Simone Weil, Ernst Cassirer, Hans-Georg Gadamer, …), sin olvidar a algunos antecesores esenciales como Sören Kierkegaard o Franz Brentano. La presencia de políticos, escritores y artistas también se deja notar: Franz Fanon, Arthur Koestler, Jean Genet, Alberto Giacometti, Juliette Gréco, Boris Vian, o la novelista y filósofa británica, Iris Murdoch a quien se debe la expresión con que titulo esta recensión.
Con una habilidad destacable la ensayista / historiadora va tejiendo una red con la misma facilidad con la que las arañas elaboran sus admirables telas , en sus precisión, y entrega una obra que se lee como una novela, si exceptuamos las incursiones en la exposición, ciertamente rigurosa, de las doctrinas filosóficas de los pensadores nombrados y en algunos más que me dejo en el tintero. Si afirmo que se lee con facilidad es debido a que las anécdotas personales y los sucesos, en los que los numerosos protagonistas se ven involucrados, en aquellos años realmente intensos del siglo pasado. Sarah Bakewell nos facilita una visión panorámica que nos lleva desde Saint-Germain de Près, sus cafés, sus conciertos de jazz y sus célebres frecuentadores, a la Selva Negra en donde , en su alejada cabaña, Heidegger se mantiene en medio del bosque, aislado del bullir de las grandes urbes, entregado a su meditación sobre el ser.
En aquellos tiempos oscuros de los que hablase Hannah Arendt, las cosas no eran un remanso de placidez, sino que los amenazantes nubarrones se plasmaron en situaciones violentas en medio de las cuales se vieron inmersos prácticamente la totalidad de los pensadores nombrados y por extensión, todo el Viejo continente. No todo iban a ser interminables conversaciones sobre la libertad o la fenomenología- de la que en el círculo parisino, Aron fue el que primero habló- , noticias de su ex-compañero de estudios- que luego la historia les alejaría a las antípodas- que impulsaron a Sartre a viajar a Alemania para ponerse al corriente de aquella novedad filosófica, enunciada por Husserl como una vuelta a las cosas; con él nos desplazamos a conocer los presupuestos del fundador de la fenomenología ( los fenómenos, la epojé, la intencionalidad) , sus fuentes anteriores, Brentano, y sus derivas hacia mayores cotas de subjetivismo. Cuestión, entre otras, que supuso el desvío de su discípulo Martin Heidegger, de quien igualmente se nos darán a conocer sus concepciones y conceptos clave en su obra de 1929: « Ser y tiempo» ( Sein, dasein, …), al tiempo que seremos testigos del alejamiento de su maestro y sus posteriores tensiones con otros colegas y/o discípulos.
Como decía, la historia vivía momentos de convulsiones, en los que la bandera de la libertad, de la autenticidad, etc. debían ser puestas a prueba, pasando de la páginas a los hechos. Sin entrar en mayores detalles, que el libro por supuesto desmiga, podemos asistir al célebre debate en Davos, en 1929 entre Cassirer y Heidegger, con un asistente que más tarde cobraría relevancia en el mundo filosóficos. Lévinas, quien se alejó del maestro no sólo a causa de su compromiso político sino ya que optó por situar en el lugar primordial la ética – basada en la mirada del otro- en vez de la ontología, ya que esta conducía a un dominio que exigía sumisión . La bestia parda se adueñó del territorio alemán, en 1933 Hitler, se adueña del gobierno proclamando leyes de excepción, racistas, etc. No conforme con tal territorio , sus ejércitos marcharon con el fin de ampliar sus posesiones, el espacio vital decían en siniestro eufemismo, para lo cual invadieron distintos países. Si en Alemania, la aceptación del puesto de rector por parte de Heidegger, y sus proclamas y nefastas colaboraciones, supusieron una enorme, y desagradable, sorpresa para muchos de sus colegas y alumnos, en territorio francés ( y germano, claro), aun no siendo conscientes de los peligros exactos que el nacionalsocialismo pudiera suponer, al final , unos debieron huir (Simone de Beauvoir buscándose la vida por la denominada zona libre) , otros fueron reclutados para cumplir sus deberes militares ( Sartre en una estación meteorológica, siendo posteriormente detenido por los alemanes; para más tarde crear una red resistente no excesivamente activa. Merleau-Ponty embarcado con las fuerzas aliadas. Albert Camus, luchando en la red resistente Combat, y a su vez en el periódico del mismo nombre). Mientras tanto Lévinas vio su familia diezmada por su condición de judío, él mismo hubo de probar el encierro en una lager. Husserl ninguneado, Jaspers destituido de sus puesto debido a que su mujer era judía…El repugnante compromiso de Heidegger nos es expuesto en sus diferentes comportamientos…y su posterior silencio ante la reclamación de explicaciones por parte de Herbert Marcuse, de Karl Jaspers, o del poeta Paul Celan y de todo el mundo que esperaba alguna explicación de su compromiso con el nacionalsocialismo.
Fue después de la guerra cuando Sartre et famille, dieron un giro a su quehacer , privilegiando la necesidad del compromiso (el célebre engagement), que a no mucho tardar se traduciría en su apoyo al comunismo soviético; él que había sido insultado con furia, fue aceptado con los brazos abiertos del mismo modo que a las posturas de la ortodoxia comunista se le abrieron las puertas de Les temps modernes, la revista que dirigía Merleau-Ponty, en compañía de Sartre y Beauvoir . Fueron precisamente estas posiciones políticas las que supusieron el enrarecimiento de las relaciones con Camus-que más tarde devendrían ruptura total con ocasión de la guerra de Argelia- y los desacuerdos con Merleau-Ponty que se balanceó, en poco tiempo, de posturas críticas (en Les aventures de la dialectique) a sus posicionamientos cercanos a la ortodoxia soviética y pro ( Humanisme et terreur) .
Como ya queda dicho, y repetido, mientras se nos relata la historia de sus vidas, de sus amores, viajes y aventuras se nos van entregando certeros retratos de las obras esenciales de cada cual: La náusea, El ser y la nada, El segundo sexo, Fenomenología de la percepción; las obras teatrales de Sartre o de Camus-de quien se nos cuentan igualmente algunas de sus novelas: La peste, El extranjero…- . El retrato más perfilado es el que se centra en la pareja Beauvoir/Sartre y su amor necesario frente a los amores contingentes, que les condujo a vivir, viajar, discutir en una complicidad estrecha hasta la muerte de él, en 1980…seis años después fallecería ella. No se nos privan las precisiones sobre el modo de trabajar de ambos y el recurso a diferentes drogas con el fin de producir con mayor intensidad, de la misma manera que no se nos evitan los amoríos de cada cual, y muy en concreto el sonado del Castor con el escritor americano Nelson Alegre.
Los detalles de los tiempos agitados nos son entregados con suma precisión, las vidas agitadas de los protagonistas son desnudadas hasta en los detalles más nimios, las disputas , los debates y la rupturas nos son descritos al milímetro; lo esencial de las obras esenciales de todos ellos nos son presentadas, reitero que, con tino y rigor. Por si lo que digo no fuera ya suficiente, se ha de añadir que la autora de la obra nos desvela la influencia que estos pensadores y sus obras han tenido en su modo de vivir y enfrentarse a la existencia, a lo que ella añade sus balances respectivos con respecto a estos autores a los que tanto ha admirado pero que a la vez le han repugnado en algunos de sus comportamientos ( el descrédito mayor se lo lleva Heidegger, pensamiento del bosque versus el pensamiento oceánico de Jaspers; tampoco le faltan críticas hacia Sartre y sus elogios con respecto a la violencia en los tiempos de las luchas de liberación nacional…y su posterior compañerismo de viaje con los maoístas); del mago de la Selva Negra, no obstante, reivindica sus posturas anunciadoras del ecologismo, en sus fervientes críticas de la técnica, salvando igualmente algunas páginas de hondo sabor poético transitando por los holzwege , esos caminos del campo, que no llevan a ninguna parte o a lo más al claro del bosque, que cual cegadora iluminación puede ser compartido con los otros. Los que mejor parados salen: Simone de Beauvoir por haber abierto el campo a lo femenino en la reflexión filosófica, y otros, y Maurice Merleau-Ponty por la introducción de la corporeidad y ciertas precisiones psicológicas- en la onda de la Gelstat– ( es curioso que de estos dos últimos no se señalen, casi, los desvaríos ideológicos que se señalan en los otros) …
Una reivindicación de la actualidad y pertinencia del existencialismo por su exigencia de libertad, de coherencia, de autenticidad, de responsabilidad, en estos tiempos en los que las corrientes deterministas conducen a justificar cualquier comportamiento como si todo viniese dado, y los individuos no fuésemos más que marionetas incapaces de romper con los hilos que nos orientan; .« Lo que lees influye en tu vida: la historia del existencialismo , a medida que se fue extendiendo por el mundo en los años cincuenta y sesenta, transmite eso mucho más que cualquier otra filosofía moderna. Alimentando el feminismo, los derechos de los gays, las rupturas de las barreras de clase y las luchas antirracista y anticolonial, ayudó a cambiar la base de nuestra existencia de hoy de un modo fundamental…»
Oscura galería de perdedores
« Un paseo por el lado salvaje»
Galaxia Gutenberg /Círculo de Lectores, 2011.
Las novelas del escritor americano(1909-1981) hundían sus raíces en la realidad por él vivida; su escritura se desliza en paralelo de su vida, dando cuenta, con la fidelidad de un espejo, del ambiente de perdedores, borrachos, parados, excombatientes; hombres derrotados, heridos por las embestidas de la existencia. Así vivió él desde sus años mozos en su Detroit natal. Su padre modesto maquinista y su madre dueña de una tiendita del tres al cuatro, Nelson se crió en una barrio de emigrantes judíos codeándose con los márgenes ; tales frecuentaciones le impulsaron desde joven a delinquir y a radicalizarse mostrando inequívocas tendencias hacia la militancia comunista, o si no que se lo pregunten al FBI que llegó a escribir quinientas páginas sobre las andanzas de quien con el tiempo se convertiría en amante de Simone de Beauvoir; las cartas de ella se pueden leer en una recopilación publicada por Lumen bajo el título de .
Su obra sirvió de inspiración a cineastas varios (Otto Preminger y Edward Dmytryk) y también a cantantes: Bob Dylan cantó al boxeador Hurricane quien había sido rescatado del olvido y la marginación por Nelson Algren al escribir una novela sobre él; más explicita, y declarada, es la influencia sobre Lou Reed que se inspiró en el libro que presento para componer su Walk on the wild side.
El periodista, estudios cursados en Illinois, publicó la novela en 1956, y sin duda su profesión, además de su infancia y sus viajes, le sirvieron de materia prima para escribir esta historia de perdedores. Un padre entregado de cuerpo y alma a comer el tarro a sus paisanos con sus soflamas religiosas se olvida de su hijo, cuya educación se va a culminar en la calle. Dove Linkhor, el hijo, escapa de aquel pueblito perdido de Texas y se dedica a vagabundear codeándose con todo tipo de seres marginales: truhanes, jugadores, delincuentes, borrachos, chulos y prostitutas , entre éstas últimas va a haber una, Hallie, que se va a entregar a la educación del solitario muchacho; más tarde se juntará con polizones que viajan en tren y sus idas y venidas se van a convertir en su dedicación esencial. A través de estos viajes vemos radiografiados los bajos fondos sin el recurso a enseñanzas morales ni a ningún atisbo de compasión, ni pena…la obra de un lírico y vacilón notario que constata la bondad hallada en ese medio frente a la falta de escrúpulos que emana de la considerada gente bien.
Es de celebrar la presentación de esta excelente novela, cuyo autor permaneció, y permanece, sepultado por el peso de sus célebres coetáneos Faulkner, Steinbeck, Hemingway o Farrell amén de por su comportamiento al límite que le llevaba a la ruina económica y personal al gastarse todo lo que sacaba de los guiones cinematográficos y de sus libros en litros de alcohol y frecuentes timbas ; tampoco ayudó a su, buena, fama precisamente el ser tachado de “comunista” y el no reflejar los brillos sino solo las sombras de su país. Suena el Hammond de Jimmy Smith…
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Añado algunos enlaces que conducen a diferentes artículos…y el que avisa no es traidor: puede haber algunas repeticiones con respecto a los textos transcritos:
https://laescueladeguajara.wordpress.com/category/simone-de-beauvoir/
https://laescueladeguajara.wordpress.com/2023/03/14/dos-filosofas-y/
https://laescueladeguajara.wordpress.com/2018/12/17/simone-de-beauvoir-una-mujer-refractaria-i/
https://laescueladeguajara.wordpress.com/2018/06/20/simone-de-beauvoir-al-desnudo/?relatedposts_hit=1&relatedposts_origin=6466&relatedposts_position=0
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https://www.pensamientocritico.org/inaurd0308.html
https://gara.naiz.eus/paperezkoa/20110414/260004/es/Simone-Beauvoir-compromiso-para-escribir-libertad
https://archivo.kaosenlared.net/simone-de-beauvoir-al-desnudo/index.html
https://kaosenlared.net/simone-de-beauvoir-cuenta-su-ninez-y-juventud-ii/
Por Iñaki Urdanibia para Kaosenlared
