La ironía de los jeltzales Beatriz Artolazabal y Jesús María Guinea
Por Endika Ruiz de Loizaga Fernandez
Cada 3 de marzo Gasteiz revive uno de los episodios más dolorosos de su historia. Se recuerda a los trabajadores asesinados en 1976, se habla de memoria, de dignidad obrera y de justicia. Los representantes institucionales acuden al monolito, guardan silencio, colocan flores y se sitúan cuidadosamente para la fotografía. Es el momento protocolario, el instante en el que la política parece detenerse.
Entre quienes se acercaron al monolito estuvo la concejala Beatriz Artolazabal. Allí, como tantos otros responsables públicos, adoptó el gesto serio que exige el momento y se arrimó al monumento para la imagen institucional. Un gesto que pretende transmitir respeto y compromiso con la memoria de la clase trabajadora.
Pero a nosotras y nosotros nos resulta inevitable ver en esa escena una amarga ironía.
Porque desde esa misma tribuna se habla de derechos laborales mientras, en la práctica diaria, se siguen gestionando servicios públicos a través de subcontratas donde las condiciones laborales distan mucho de esa dignidad que se reivindica en los discursos. La memoria simulan........
