Bruselas quiere poner 10 billones de los ahorros y pensiones europeos al servicio del rescate del gran capital
¿Estamos ante una estrategia para defender a “Europa” o ante un intento de reforzar a las grandes empresas, bancos y fondos que dominan su economía?
Los grandes cambios no siempre llegan con una ruptura espectacular. A veces avanzan lentamente, mediante decisiones que parecen aisladas y que solo adquieren sentido cuando se observan juntas. Venezuela ofrece un ejemplo especialmente revelador: durante años fueron apareciendo señales económicas, laborales y políticas que apuntaban a una transformación del proceso bolivariano. La pregunta no es solo qué cambió, sino por qué a no pocos les costó tanto verlo.
Por Hansi Quednau, desde Alemania
Hay frases que parecen inocentes hasta que uno empieza a preguntarse qué es lo que significan realmente. Ursula von der Leyen acaba de pronunciar una de ellas.
Europa, -vino a decir la señora-, tiene unos 10 billones de euros de ahorro de los hogares en cuentas bancarias y necesita poner ese dinero «al servicio de sus empresas». Dicho así, podría incluso parecer razonable. Si Europa necesita inversiones y los europeos tienen enormes cantidades de dinero ahorrado, ¿por qué no juntar ambas cosas?
El problema comienza cuando hacemos cinco preguntas muy sencillas:
¿quién pone el dinero?,
¿quién lo administra?,
¿quién obtiene los beneficios?
y ¿quién soportará las pérdidas si las cosas salen mal?
Porque detrás de la frase de von der Leyen no hay simplemente una recomendación para que las familias obtengan unos eurillos más de rentabilidad. Existe un proyecto económico mucho más ambicioso. Y comprenderlo no exige saber economía. Nos basta con seguir el recorrido del dinero.
DIEZ BILLONES QUE NO ESTÁN DURMIENDO EN UN CAJÓN
El punto de partida es cierto: los hogares europeos conservan aproximadamente 10 billones de euros en depósitos bancarios y Bruselas quiere conseguir que una mayor parte de ese dinero termine financiando empresas e inversiones europeas. Las informaciones que han desencadenado la polémica explican precisamente esa intención. La propia Comisión Europea sostiene que una proporción extraordinariamente elevada del patrimonio financiero de las familias permanece en depósitos y considera que podría proporcionar mayor rentabilidad si una parte se invirtiera en los mercados de capitales.
Pero conviene aclarar inmediatamente una cosa: el dinero depositado en un banco no está parado. Los depósitos forman parte de la financiación bancaria. Los bancos conceden préstamos a familias y empresas, compran activos y realizan multitud de operaciones económicas con esos recursos. No existen diez billones de euros acumulando polvo en una gigantesca caja fuerte europea.
Por tanto, Bruselas no está intentando poner en movimiento un dinero que estuviera inmóvil. Lo que pretende modificar es el camino por el que circula una parte de ese ahorro.
Simplificándolo mucho: actualmente, una parte importante sigue este recorrido: familia → depósito → banco → crédito. El modelo que quiere ampliar la Unión Europea sería: familia → fondo, acción, seguro o pensión → mercado financiero → empresa.
Parece una mera diferencia técnica. Pero no lo es. Cambia quién administra ese dinero, quién cobra por administrarlo y, sobre todo, cambia parte del riesgo que soporta el propietario de esos ahorros.
¿POR QUÉ Y PARA QUÉ NECESITA AHORA EUROPA TANTO DINERO?
Esta es la verdadera pregunta. Europa afronta un enorme problema de inversión. La Comisión calcula, siguiendo el diagnóstico del informe Draghi, que serán necesarios entre 750.000 y 800.000 millones de euros adicionales cada año hasta 2030 para modernizar la economía europea. ¿De qué estamos hablando? Hablamos de digitalización, redes eléctricas, energía, inteligencia artificial, nuevas industrias, infraestructuras, tecnologías estratégicas y empresas capaces de competir internacionalmente. Y sobre todo, eso de lo que estamos hablando es de un gigantesco aumento del gasto militar.
Europa está intentando renovar una parte sustancial de su aparato productivo porque está perdiendo terreno frente a China y Estados Unidos. Necesita fábricas, centros de datos, tecnología, energía barata, cadenas de suministro propias y, sobre todo, empresas de carácter militar que lleguen a alcanzar dimensiones globales. En un mundo caracterizado por fortísimas pulsiones interimperialistas, no se puede........
