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Entrevista a Agustín Guillamón: «El 21 de julio sea optó por colaborar con el Estado en lugar de destruirlo»

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23.07.2026

Agustín Guillamón: «El 21 de julio de 1936 nadie planteó seriamente coordinar y fortalecer el poder real que ya ejercían los comités revolucionarios. Se optó por colaborar con el Estado en lugar de destruirlo»

En el 90 aniversario de la revolución social del 36, Santiago Lupe, director de Izquierda Diario, conversa con Agustín Guillamón, uno de los historiadores más brillantes que han investigado en profundidad el proceso revolucionario, los organismos de poder obrero que emergieron, las limitaciones estratégicas de la teoría libertaria para resolver la cuestión del poder y las propuestas de sus sectores más revolucionarios, como los Amigos de Durruti.

¿Qué es la historia para ti?

La historia es un campo de batalla más de la guerra de clases en curso. La revolución social de 1936 no fue un concepto abstracto. Fue una práctica concreta: trabajadores que dejaron de obedecer, fábricas expropiadas, colectividades organizadas y barrios enteros gestionando su vida cotidiana desde los comités revolucionarios, que eran los potenciales órganos de poder de la clase obrera Eso es precisamente lo intolerable para la historiografía dominante: la evidencia histórica de que una sociedad puede organizarse sin jerarquías impuestas.

La tarea del historiador crítico no consiste en embellecer ni condenar, sino en comprender y explicar. Comprender implica restituir conflictos, devolver la voz a los vencidos y resistirse a cerrar el pasado con interpretaciones sectarias y definitivas.

Porque lo que está en juego no es solo la interpretación de lo ocurrido, sino la posibilidad misma de imaginar alternativas. Una historia domesticada produce un presente sin fisuras y un futuro clausurado. En cambio, recuperar la dimensión conflictiva del pasado abre la puerta a otras formas de vida y de organización social.

La historia, arrancada de las manos del poder, deja de ser un museo o un libro y se convierte en una herramienta. Y toda herramienta, en manos adecuadas, puede servir para algo más que contemplar: puede servir para transformar, para cambiar el mundo. Una historia que no sea herramienta, no me interesa.

En el libro explicas que el éxito de los combates no cayó del cielo, ni fue fruto del espontaneísmo, sino que fue una obra cuidadosamente preparada con antelación en particular por los comités de defensa de la CNT. ¿Cómo se había preparado el proletariado barcelonés para el golpe militar?

La CNT comprendió muy pronto que las libertades republicanas solo existían si podían defenderse en la calle. Por eso, el 25 de abril de 1931, solo once días después de la proclamación de la República, se crearon los comités de defensa de la CNT.

Tras las derrotas insurreccionales de enero de 1932 y de enero y diciembre de 1933, en octubre de 1934 se abandonó la táctica insurreccional, conocida como “gimnasia revolucionaria” y comenzó una preparación mucho más rigurosa. En enero de 1935 varios grupos de la FAI se constituyeron en Comité Local de Preparación Revolucionaria y los cuadros de defensa empezaron a concebirse como el embrión de un ejército proletario, capaz de enfrentarse a un ejército profesional, fogueado en una brutal guerra colonial en Marruecos.

Eso implicaba una preparación rigurosa en diversas áreas: estudio de táctica militar y técnicas de guerrilla urbana, información y espionaje, logística, abastecimiento, entrismo en el ejército, armamento y entrenamiento militar, e incluso planificar ya la futura conversión de industrias civiles en industrias de guerra.El 19 de julio de 1936, la guarnición militar de Barcelona contaba con unos tres mil hombres disponibles, frente a los casi dos mil de la guardia de asalto y los doscientos “mossos d´esquadra”. La guardia civil, que nadie sabía con certeza por el lado que se decantaría, contaba con unos tres mil. La CNT-FAI disponía de unos veinte mil militantes, organizados en comités de defensa de barriada, dispuestos a empuñar las armas. Se comprometía, en la comisión de enlace de la CNT con la Generalidad y los militares leales, a parar a los golpistas con sólo mil militantes armados. Pero las negociaciones de la CNT con Escofet, comisario de orden público, y con España, consejero de Gobernación, fueron infructuosas.

La noche del 17 de julio el cenetista Juan Yagüe, secretario del sindicato del transporte marítimo, organizó el asalto a los pañoles de los buques atracados en el puerto, consiguiendo unos 150 fusiles; a los que el 18 se sumó lo conseguido de armerías, serenos y vigilantes de la ciudad. Este pequeño arsenal, guardado en el sindicato del transporte, en las Ramblas, provocó un enfrentamiento con la comisaría de orden público, que lo reclamaba. Se corría el peligro de un enfrentamiento armado con la guardia de asalto, y los propios militantes cenetistas llegaron a amenazar a los, en su opinión, demasiado conciliadores Durruti y García Oliver. El incidente se zanjó con la entrega a Guarner, mano derecha de Escofet, de algunos viejos fusiles inservibles, que evitaron una ruptura entre republicanos y anarquistas en vísperas del golpe militar. El gobierno de la Generalidad temía más una insurrección cenetista que un golpe de estado militar y fascista.

Los anarcosindicalistas decidieron no declarar la huelga general y dejar que los soldados sublevados........

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