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¿Un árbol para el 14?

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14.02.2026

Ojalá, en las cercanías de este 14 de febrero, el mundo y la patria nuestras, sobre los que se posan nubes muy grises y soplan vientos con olor a azufre, tuviera, como en la pradera esperanzadora de colores de un cuento infantil, un árbol de corazones. Uno que adorara toda la especie humana, y toda la «especie cubana», por su belleza y esplendor, y especialmente por su significado.

Los lectores perdonarán que en horas como las de hoy regrese a esa preciosa fábula de la escritora española Elena Ramírez Martínez, con la esperanza de que ese árbol sirva de semilla a los buenos y nobles sentimientos, esos que no todo el mundo alberga en lo profundo de sus corazones.

Ojalá ocurra el prodigio de esa historia y que cada una de las hojas del árbol de corazones empezaran a desprenderse de él, y una suave brisa fuese trasladando y meciendo a cada uno de los corazones de colores, mientras el aire se haga cada vez más puro, las nubes vayan blanqueando su color, y —como en la fábula— la pradera, poco a poco, luzca en todo su esplendor, mientras el mundo rejuvenece con brotes nuevos de bellos sentimientos de arrebatadores colores.

La anécdota la conté también en otro momento, pero las circunstancias me incitan a recordarla. En un ejercicio académico se situaba a la raza humana al borde de la catástrofe, y los asistentes al curso debíamos escoger a quienes —a semejanza de la historia bíblica— se montarían en una réplica del Arca de Noé, para reiniciar todo desde cero. Reinventar el camino de la civilización desde una isla salvada........

© Juventud Rebelde