Quien no arriesga…
Vivimos tiempos en los que solo hay espacio para «cambiar todo lo que deba ser cambiado», fidelistamente hablando, si aspiramos a sostener sobre bloqueos y amenazas, la Patria. Dormirse hoy entre la inercia, a la espera de milagros tal vez sea, a estas alturas, el método más eficaz para hacerles el juego a las crisis.
Cierto es que salir adelante en medio de estas circunstancias: con una economía paralizada, viviendo bajo apagones superiores a las 20 horas como promedio, y sufriendo los efectos genocidas de un cerco energético y de todo tipo que nos impone la mayor potencia extranjera, puede resonar —sobre el comprensible agotamiento social— como una escalada quimérica a empinados cerros.
Resistir es una cualidad inherente a nuestra sangre; bien lo sabemos, porque lo atestigua la historia luego de tantas batallas; pero como cualidad al fin, también conocemos que, sin resiliencia y acción coherente, la resistencia se fractura o llega a ser........
