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El Comandante del silencio

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23.06.2026

Ramiro Valdés Menéndez no buscaba flores. Tampoco rechazaba cuando se las daban. En un acto en el Mausoleo al Che en la ciudad de Santa Clara, le dieron una, una espiga larga y de colores claros, y respondió con una sonrisa. Luego se incorporó a la muchedumbre que iba a ponerle flores en la base de la estatua del Che.

Al verlo, las personas empezaron a cederle el paso y él con otra sonrisa, con delicadeza, sin reparar en sus grados de comandante, indicó con la mano. Que no hicieran eso y fue él quien cedió paso al pueblo.

Ramiro ahora se nos fue, quizás cuando más falta nos hacía. Y su perdida pone delante una pregunta: ¿lo conocemos realmente? Los enemigos de la Revolución tejieron sobre su persona una imagen lúgubre. La de un hombre insensible, duro, una gente fría y llena de cálculos. El propio........

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