Los desvíos inesperados pueden ser las mejores experiencias del viaje
Todo comenzó como casi todos los viajes por carretera: una taza de café en la mano, la música puesta y la seguridad —falsa, por supuesto— de saber exactamente hacia dónde nos
dirigimos. Sin embargo, la carretera venezolana tiene su propia personalidad. A veces sonríe con un paisaje despejado, otras te sorprende con una curva inesperada. Y en algún punto, entre un letrero medio torcido y una decisión tomada demasiado rápido, el rumbo simplemente se pierde.
Lo curioso es que el cuerpo suele notar el cambio antes que cualquier mapa o aplicación de
navegación. La respiración se altera, la tensión aparece y la mente intenta aferrarse al plan
original. Pero de repente, la carretera deja de ser la que esperabas.
Menos vehículos. Más silencio. Una montaña imponiéndose en el horizonte. Y es allí donde surge un momento casi mágico en el que la rigidez cede y nos permitimos pensar: "Bueno… ya que estamos aquí".
Desde la Programación Neurolingüística (PNL) comprendemos que la necesidad de control
absoluto es una de las mayores fuentes de estrés, no........
