menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

El hijo de la panadera

21 0
05.09.2026

Imagen de una de las sesiones del cine de verano. / INFORMACIÓN

El cine me hizo bastante daño durante la adolescencia. Tampoco quiero responsabilizar enteramente a Hollywood, porque yo puse mucho de mi parte, pero durante algunos años creí que las películas contenían información útil sobre el amor y aquello fue un error.

Uno veía a un muchacho enamorarse de la chica más guapa del instituto y daba por hecho que aquello podía suceder también en la provincia de Alicante. El protagonista solía ser tímido, algo torpe y no demasiado popular, características en las que algunos podíamos reconocernos. Lo que olvidábamos era que aquel adolescente estaba interpretado por un actor de veintisiete años al que habían despeinado y puesto unas gafas para afearlo. Nosotros no necesitábamos tanto trabajo de caracterización. Ellas tampoco salieron indemnes. El cine les presentó hombres taciturnos, difíciles, con una herida antigua y cierta resistencia a hablar de sus sentimientos. Bajo todo aquello había, por supuesto, una persona estupenda esperando a que alguien tuviera la paciencia de descubrirla. A veces un hombre insoportable era simplemente un hombre insoportable.

Richard Gere también hizo lo suyo. En Oficial y caballero entraba en una fábrica vestido de uniforme, encontraba a Debra Winger, la cogía en brazos y se la llevaba mientras todo el mundo aplaudía. Aquello nos pareció romántico. Traslademos la escena a Carrús. Imaginemos que aparezco una mañana en una fábrica de calzado vestido de oficial y caballero —aunque nunca he sabido dónde podía conseguir semejante uniforme—, entro sin permiso y avanzo entre las máquinas dispuesto a sacar en brazos a la muchacha de la que estoy enamorado.........

© Información