La belleza de admirar lo bello
La belleza de admirar lo bello
Hoy me concedo una tregua en mi habitual reflexión sobre educación. No porque me falten motivos —más bien al contrario—, sino porque la tensión acumulada ha alcanzado un punto difícilmente sostenible. La conselleria, institución llamada a proteger los derechos y necesidades del alumnado, parece haberse replegado sobre sí misma, adoptando decisiones erráticas y poco conciliadoras con quienes sostenemos el sistema desde su primera línea: los docentes.
Un colectivo que, lejos de sentirse respaldado, percibe cada vez con mayor nitidez la presión y el menosprecio en un contexto donde los puentes hacia el entendimiento se resquebrajan. Y, sin embargo, lo que se demanda no es desmesurado o quizá sí —juzgue el lector— si entendemos como excesivo reclamar aulas dignamente equipadas, ratios coherentes que permitan atender la diversidad real del alumnado, el respeto y la promoción de nuestra lengua, y unas condiciones salariales para los docentes equiparables a las de sus homólogos en el resto de territorios........
