Superhéroes y los perdedores habituales
Superhéroes y los perdedores habituales / Lucía Feijoo Viera / PI STUDIO
La clasificación mundial de multimillonarios exhibe sus alas y parte de la ciudadanía lanza su admiración ante esa obscena realidad. La acumulación de riqueza determina que el sistema establecido funciona con plena desigualdad global. El éxito de algunos se cimenta sobre la flojedad ajena. Unos pocos controlan billones de dólares a la vez que los Estados se debilitan. Los servicios públicos, el clima y otras cuestiones quedan en la cuneta. Y los superhéroes del capitalismo puro y duro campean libremente. La libertad que pregonan es patrimonio de ellos. Los demás ven la jugada y a más de uno le gustaría estar en idénticas condiciones. Agachan las orejas y ovacionan con fervor.
La audacia y la innovación no empujan imparablemente hacia la cima. Los sistemas tributarios injustos, los monopolios o la explotación laboral conforman el caldo de cultivo perfecto que enriquece a unos y empobrece a muchos. Unas reglas del juego hechas a imagen y semejanza de un poder antidemocrático. Si la riqueza extrema no se redistribuye bien se normalizan los abusos y la austeridad se dirige solo a una mayoría de ciudadanos. Ese es el objetivo de cualquier crisis para los más conservadores.
Las respuestas de los gobiernos varían en función de sus inclinaciones políticas. Pero los desequilibrios siempre favorecen a los ejemplares habituales de la fauna nacional e internacional. La democracia y la cohesión social requieren normas firmes en defensa de ambas cosas. Estas circunstancias exponen la necesidad de unas condiciones de mayor igualdad y estabilidad. Derechos laborales, calidad de vida, economía productiva, pensamiento crítico, solidaridad, seguridad y una Europa social que no asuma los caprichos bélicos y los intereses de quienes promueven la violencia.
No se están asumiendo con España al frente de la manifestación. Nuestro país no rompe ningún tratado, eso sí, ni cuestiona su pertenencia a la OTAN, una alianza que no implica cesión o vasallaje respecto a la proyección militar estadounidense. Ser aliado no significa ofrecer una disponibilidad ilimitada, que es lo pretendido por Trump.
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Hablando del concepto de democracia, cabe señalar la espuria utilización del discurso político para atacar al adversario o al enemigo, incluso. El hecho de asegurar que el Gobierno de coalición progresista, con Pedro Sánchez en el principal puesto de mando, está convirtiendo a España en una dictadura es uno de los más desquiciados infantilismos de la oposición compuesta por el PP y Vox, dos hermanos que no paran de soltar exabruptos como única forma de conseguir la batuta de la orquesta nacional. Una vez conquistada, el concierto se transformaría en desconcierto absoluto.
Verdad es que el 74 % de la población mundial vive bajo algún tipo de autocracia y que casi una cuarta parte de los países está retrocediendo democráticamente. El nivel actual es parecido al de finales de los años 70. No es así en el ámbito español, pese a la deriva antidemocrática de las dos infumables derechas extremas. Los Estados Unidos del magnate presidente ofrecen un palpable panorama de deterioro democrático. Los derechos civiles, la separación de poderes y los controles institucionales están en mínimos históricos, incluyendo a los tribunales y a organismos independientes. El retroceso supone una autocratización acelerada y provoca gran inquietud.
La creciente supremacía del dios de barro, Donald Trump, se une a la reducción del poder legislativo y a una galopante tendencia hacia la politización de la administración pública en beneficio de perfiles leales. Hay más y no es de escasa importancia. La falta de equidad y transparencia dibuja el rebajamiento de una democracia electoral que sobrevuela hoy en el país de la Estatua de la Libertad con su antorcha apagada.
¿Da casi igual que gobierne la derecha o la socialdemocracia? Es cierto que la injusticia es la nota predominante y que se suele hablar mucho y no hacer lo suficiente. Unos intentan ser útiles a la sociedad, si bien es preciso hacer un seguimiento de los anuncios realizados, y otros defienden los intereses de las élites económicas principalmente, aunque pongan disfraces a sus palabras. En ese panorama, la ultraderecha crece sin despeinarse como si ahí residiese la solución con un control de precios o la nula especulación sobre productos básicos, energía, combustibles y vivienda, ahora que la situación bélica en Irán complica el paisaje en todos los sentidos.
El crecimiento económico y el desarrollo sostenible buscan mantener sus tendencias. Acumulación de recursos y riqueza cuando se están desplegando ideas acerca del decrecimiento con una justa redistribución que contribuya a vivir de manera digna, sin incrementar la producción. El asunto estriba en cómo lograr un alto bienestar y un clima seguro sin crecimiento, ese dogma de fe del mercantilismo. Frente a las clases medias y pobres están las clases rentistas y los ricos. La presión funciona y se benefician esos que usted ya sabe. No es imprescindible mucho más de lo justo. Por ahí circula la alternativa al modelo actual, donde los superhéroes multimillonarios exhiben sus poderosas alas y campean libremente. Pronto irán de vacaciones al Mar de la Tranquilidad de la Luna.
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