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Marañón, su Tiberio y el resentimiento

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15.04.2026

En el 95 aniversario de la II República / INFORMACIÓN

Fue uno de los "padres espirituales" de la Segunda República, su casa y su clínica en Madrid fueron incautadas y saqueadas. Muchos de sus libros y documentos, destruidos, quemados o robados. Su clínica, requisada para ser utilizada por las milicias. Recibía amenazas de muerte. Su vida corría un peligro cada día que pasaba en la capital. Hoy, en el 95 aniversario de proclamación de la República, rescato del exilio del silencio a Gregorio Marañón, su figura de intelectual y libre pensador, acompañado de su más lúcida creación literaria: Tiberio, el emperador romano que le ayudó a diagnosticar la enfermedad de España: el resentimiento.

Tiberio es algo más que una novela histórica sobre la Roma imperial. El emperador se convierte en un espejo deformante, pero reconocible, de las tensiones morales, políticas y espirituales que atravesaron España en los años de la guerra civil y de su largo preámbulo. Es un personaje escindido: hombre de formación sólida, en sus orígenes moderado y reflexivo, encarna una sensibilidad que podría haber tendido al equilibrio, pero acaba atrapado por la lógica del poder absoluto, el aislamiento y la sospecha. La metamorfosis de Tiberio en un gobernante desconfiado y crecientemente cruel, que termina por temer tanto a sus enemigos como a sus amigos, guarda resonancias evidentes con el clima de delación, persecución y ajustes de cuentas que caracterizó la guerra civil, en ambos bandos.

La decadencia romana se ofrece como metáfora de una España que, en vísperas de la guerra, había perdido la confianza en sus propias instituciones y en la posibilidad de reformas graduales. El Senado romano, impotente, teatraliza un poder que ya no posee, del mismo modo que las Cortes españolas, en los años treinta, se convirtieron para muchos contemporáneos en un escenario de oratoria brillante pero estéril, incapaz de frenar la deriva hacia la confrontación armada. El paralelismo no es tanto político como moral: en ambos casos se describe una sociedad que ha dejado de creer en las vías intermedias y en los frenos legales.

Marañón, médico de cuerpos y de almas, proyecta en Tiberio una suerte de diagnóstico clínico del poder enfermo. La soledad del príncipe, sus obsesiones, remiten a la psicología del caudillismo y de los liderazgos mesiánicos que proliferaron en la Europa de entreguerras y se reflejaron, con acentos propios, en la España de la guerra civil. El gobernante que mira el mundo desde la altura, rodeado de consejeros obsequiosos y de informes interesados, es, en cierto modo, el reverso patológico del intelectual comprometido que aspira a mantenerse en diálogo crítico con su........

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