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Palabras mágicas

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20.04.2026

GRAFCAT7343 BARCELONA 4/11/2019.- La escritora chilena Isabel Allende posa para los medios de comunicación, antes de recibir hoy lunes el Premio Internacional de Novel Histórica Barcino, que concede el Ayuntamiento de Barcelona, y que el jurado le otorgó por su implicación con la época que le ha tocado vivir y haber preservado la memoria de su país. EFE/Quique Garcia / Quique Garcia / EFE

Sinceramente, hacía años que no leía un libro que me transportara a universos tan diferentes. Mi escritora favorita, Isabel Allende, ha escrito un libro en el que hace un repaso por toda su literatura y su obra, incluso por la vinculación entre ambas, contando anécdotas muy jugosas que vale la pena escuchar.

Y digo escuchar porque, desde hace ya mucho tiempo, el audiolibro es mi manera de llegar a la palabra escrita. Me resulta más sencillo, más agradable, y me acompaña en estos momentos en los que una voz que te susurra al oído ayuda a sobrellevar los avatares de esta recuperación que, si bien empieza a ver la luz, avanza a paso de tortuga, pero firme, eso sí.

Este libro me ha impactado por diferentes razones. La primera de ellas ha sido reconocer —y volver a conocer, mediante las anécdotas— no solo la vida de la autora, que ya conocemos, sino también hacer un repaso mental de todos sus libros, leídos por mí varias veces, sobre todo los primeros. Y, en ese ejercicio, reencontrarme con aquella adolescente que devoraba los libros más que la comida, algo que, de algún modo, me sucede hoy en este reposo obligatorio con los audiolibros, que se han convertido en el alimento que me empuja a seguir adelante, junto con las personas que me quieren.

Imagino que el hecho de que la autora sea octogenaria ha influido en que, como ella misma dice, haya dejado otros proyectos en pausa para escribir este ensayo sobre su vida y su obra, que, desde mi punto de vista, vale mucho la pena para quienes somos incondicionales de su literatura.

Precisamente, este fin de semana me perdí la convención socialista celebrada en la ciudad condal, una de mis ciudades favoritas del mundo, por mi situación personal, que me impide viajar para recuperar mi movilidad. En Barcelona se encontraba nuestro presidente, Pedro Sánchez, y quien siempre será mi presidente admirado, José Luis Rodríguez Zapatero, así como otra Isabel Allende —en este caso, Isabel Allende Bussi—, referente socialista donde los haya, que acudió a representar todo lo que su padre significó y, por qué no decirlo, lo que representó durante años la izquierda en Latinoamérica.

Nada es casualidad —o causalidad, como diría el cantante argentino Diego Torres—. Por ello, aunque no pude acompañar como diputada —actualmente de baja— a Isabel Allende Bussi y a mi querido Zapatero en la convención, de alguna forma, leyendo este libro, paladeé quién soy, quién fui y quién seré a través de sus páginas.

Gracias a la narradora del audiolibro por hacernos sentir que absorbíamos cada palabra como si la autora estuviera a nuestro lado. Y gracias a ti, Isabel, por prestar tu voz tanto en los agradecimientos como en la dedicatoria, permitiendo que tus lectores te sintamos aún más cerca.

De este libro me quedo con tres ideas. La primera: que en un libro debe haber pausas, al igual que silencios en la música, para poder disfrutarla. La segunda: que en los chistes es imprescindible la pausa y la modulación de la voz para alcanzar el momento exacto de la risa. Y la tercera: que la literatura no deja de ser un contrato entre la autora y sus lectores; que se puede dominar la técnica de escribir correctamente, pero no necesariamente el don. Gracias por tener ese don y por transmitirlo en tu literatura.

Y gracias también a la convención socialista catalana, que nos hizo recordar la importancia de la política con mayúsculas: esa que trabaja en conjunto para todas las personas.

Esas son las verdaderas palabras mágicas: las que nacen de los libros y las que se construyen desde el compromiso colectivo. Las que, aunque no siempre podamos vivir en primera persona, sentimos profundamente como propias.

Gracias a Isabel Allende, la escritora. Y gracias a Isabel Allende Bussi por desplazarse hasta estos lares para recordarnos la importancia de la política en mayúsculas.

Porque esas son, al fin y al cabo, las verdaderas palabras mágicas.

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