Derrumbe
La inversión anunciada por la Generalitat y las imágenes de trabajadores muestran dos realidades opuestas del CAMP Santa Faz de Alicante
La inversión anunciada por la Generalitat y las imágenes de trabajadores muestran dos realidades opuestas del CAMP Santa Faz de Alicante / Rafa Arjones / INFORMACIÓN
Hace dos semanas nos despertábamos con la noticia de la situación del centro de personas con discapacidad psíquica de Santa Faz. Un lugar que, tras meses en condiciones deplorables —con ratas, cucarachas y otras realidades innombrables— volvía a ocupar titulares.
La falta de dignidad hacia estas personas con discapacidad no ha sido suficiente, hasta ahora, para poner solución a una situación tan grave. Personas vulnerables cuyos cuidadores, en el momento en que escribo estas líneas, siguen sin cobrar. A ello se suma la falta de médicos necesarios para garantizar una atención adecuada, lo que agrava todavía más una situación ya de por sí insostenible.
Ojalá, cuando este artículo vea la luz, esto ya no sea así y podamos volver a creer en la humanidad.
Pero este artículo se titula «Derrumbe» porque ha tenido que caer, literalmente, una parte del centro para que vuelva a ser noticia. Un trozo de ese edificio derrumbado ha sido necesario para que volvamos a escuchar que quienes cuidan de estas personas siguen sin cobrar, pero continúan al pie del cañón. Porque saben que, sin ellos, estas personas quedarían completamente abandonadas por una administración que, en teoría, debería protegerlas.
¿En manos de quién estamos? ¿Quién nos gobierna en la Comunitat Valenciana? Porque la política autonómica es, en gran medida, la responsable directa de garantizar la dignidad, la atención y los recursos necesarios para estas personas.
Por suerte, el derrumbe se produjo en un almacén y en un horario en el que no había nadie. Pero, ¿os imagináis qué habría pasado si hubiera sucedido en las instalaciones donde residen las personas? Habría sido una tragedia sin precedentes.
Sin embargo, parece que, para gran parte de la sociedad, las personas con discapacidad, las personas vulnerables y sus familias no existimos. A veces da la sensación de que no estamos ni en los presupuestos, ni en la sensibilidad, ni en la preocupación de unos responsables políticos que parecen gobernar más para sí mismos que para el conjunto de la ciudadanía. Como si el objetivo fuera el privilegio, y no el servicio público.
Pero esa es la realidad que, en demasiadas ocasiones, la sociedad tolera. No se escucha aquello que no nos afecta directamente. Y, sin embargo, la vida da muchas vueltas.
Es imprescindible seguir avanzando hacia una sociedad más justa. Una sociedad que ponga en el centro a las personas, que garantice los recursos necesarios y que actualice, de una vez por todas, los salarios de todo el personal de los servicios sociales. Porque quienes cuidan, acompañan y sostienen a las personas más vulnerables tienen derecho a la misma vida digna que procuran cada día a quienes atienden.
Estado en el que ha quedado la caseta tras derrumbarse el techo en las instalaciones del CAMP Santa Faz / INFORMACIÓN
Ojalá llegue el día en que la humanidad y el sentido común vuelvan a situarse en el centro. Porque la política debería ser la herramienta para trabajar por las personas, para preocuparse y ocuparse de ellas, y no para el beneficio propio.
Acabo de cumplir 46 años con el honor de haber sido la primera representante política en silla de ruedas tanto en Les Corts Valencianes como en el Ayuntamiento de Alicante. Creo que, desde esa responsabilidad, he podido mostrar y demostrar todo lo que queda por hacer.
Ahora, desde este reposo obligado que me mantiene en mi ciudad, solo me queda este altavoz.
Por eso digo: basta ya de enfrentamiento, de insulto y de privilegios. Dejemos de contribuir al derrumbe de las instituciones y de la sociedad. Empecemos a construir con el otro.
Porque, si no lo hacemos, el derrumbe será generalizado. Un derrumbe social alimentado por el odio que ya estamos viendo en el mundo.
Y frente a eso, quiero creer que la mayoría de la sociedad quiere construir, no destruir. Y mucho menos hacerlo a costa de los más vulnerables, como está ocurriendo en el centro de Santa Faz y con quienes los cuidan. Porque mañana también puedes ser tú. No lo vamos a tolerar.
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