La condena de ser terceros
Jude Bellingham celebrates after winning the 2026 World Cup football tournament third-place match. / ROBERTO SCHMIDT / AFP
El reciente Campeonato Mundial de Fútbol ha dejado al descubierto un hecho tan sorprendente como revelador. Tanto Francia como Inglaterra reconocieron que el partido para decidir el tercer y cuarto puesto nadie lo quería disputar. Después de semanas de competición, de superar a la inmensa mayoría de las selecciones participantes y de situarse entre las cuatro mejores del planeta, la sensación no era de satisfacción, sino de frustración. Haber llegado tan lejos parecía no tener valor. Solo existía una posición digna de ser celebrada, la primera.
Podría parecer una simple anécdota deportiva. Sin embargo, encierra una de las grandes contradicciones de nuestra época. Hemos construido una sociedad en la que el éxito ha dejado de medirse por lo conseguido para medirse exclusivamente por aquello que no se ha alcanzado. El segundo pierde. El tercero fracasa. El resto, simplemente, desaparece.
No se trata únicamente del deporte. Esta forma de entender el mundo impregna prácticamente todos los ámbitos de nuestra vida. Competimos por ser los mejores estudiantes, los trabajadores más productivos, las empresas más rentables, las universidades mejor clasificadas, las ciudades más innovadoras o los países más poderosos. Vivimos rodeados de rankings........
