Política y sensibilidad
Pablo Ruz, durante su visita al Colegio de Educación Especial Virgen de la Luz antes del inicio de curso. | ÁXEL ÁLVAREZ / AXEL ALVAREZ
Mi tribuna de hoy tiene su inspiración en la reciente puesta en marcha del nuevo Colegio Virgen de la Luz. Hay familias que han esperado durante más de veinte años, hay profesionales que han defendido durante años la necesidad de unas instalaciones adecuadas y, sobre todo, hay niños y jóvenes para quienes disponer de un espacio pensado de verdad para ellos supone una diferencia que difícilmente puede medirse en cifras. Por ello, esta es una obra pública más relevante que cualquier otra.
Para comprenderlo hay que mirar hacia atrás, porque el Virgen de la Luz tiene una historia que comenzó mucho antes de que este nuevo edificio fuera siquiera una posibilidad. Entre los nombres vinculados a sus orígenes aparece Mariano Vázquez Martínez.
Según nos informa la Memoria Digital de Elche de la Cátedra Pedro Ibarra de la UMH, este psicólogo trabajó en Aspanias en 1978 y realizó pruebas de evaluación que permitieron organizar grupos de alumnos atendiendo a su desarrollo cognitivo, su destreza psicomotriz y su integración social, y de aquella experiencia surgió un proyecto pedagógico pionero en la Comunidad Valenciana: el Centro Virgen de la Luz, concebido como espacio educativo y terapéutico para personas con discapacidad intelectual.
Recordar ese origen permite entender que estamos ante algo mucho más profundo que una infraestructura. Hay una concepción de la educación........
