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A vueltas con la rotonda de l’Aljub

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23.03.2026

La rotonda de l’Aljub, que es uno de los puntos más saturados de tráfico de Elche, en una imagen reciente. / Áxel Álvarez

Desde hace más de una década, la rotonda de l’Aljub, cuyo nombre procede del árabe y tiene un significado relacionado con el agua, se ha convertido en uno de los símbolos más claros de los desafíos urbanos de Elche, y en un quebradero de cabeza para los gobiernos municipales. Pero, para mí, la zona tiene un significado que va más allá del tráfico, de los coches y de las decisiones del Ayuntamiento: me trae recuerdos de mi infancia, allá por 1977.

Entonces, los terrenos donde hoy se levanta el centro comercial de l’Aljub y sus aledaños eran campos abiertos, pedregosos y polvorientos, perfectos para improvisar partidos de fútbol con amigos.

Solo existía el cementerio, silencioso y apartado, y el resto era un espacio en el que la imaginación convertía piedras en porterías y líneas invisibles marcaban los límites del juego; sin saberlo, empezábamos a habitar un lugar que años después sería un nodo vital de la ciudad.

Hoy, el lugar me devuelve a esos recuerdos; la rotonda, saturada hasta el límite, con sus semáforos, carriles y embotellamientos, parece un gigante que absorbe el tráfico sin piedad.

Cada hora punta es un recordatorio de que la ciudad creció demasiado rápido y de que la infraestructura nunca alcanzó a acompañar ese desarrollo. Los coches se mezclan, los conductores tienen que ejercitar la paciencia, y, en medio de todo, uno recuerda cómo aquel terreno polvoriento se transformó en un espacio en el que la movilidad y la vida urbana se encuentran y chocan.

El problema ha dejado de ser solo una molestia cotidiana, y se ha convertido en un asunto político de primera........

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