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La angustia del móvil

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19.09.2026

La angustia del móvil

Era cuestión de trabajo, pero debo ser uno de los segundos (no diré primeros porque esos eran riquísimos y altísimos ejecutivos y yo no) usuarios de celular, se decía así, en España. Mi primer móvil lo tuve en el año 89, que ya ha llovido, y era un mamotreto negro con una antena larguísima. Lo malo es que no podías llamar a casi nadie, porque era carísimo, y lo más malo es que tu señorito te tenía localizado permanentemente para cualquier ocurrencia. Cuando sonaba el celular nunca era por nada bueno, ya sabías que le ibas a tener que echar varias horas por la noche a un discurso, una estrategia o a organizar un sarao, que solía ser el escenario menos apetecible. Al menos para mí.

Ya entonces que no contestases una llamada de trabajo era delito de abandono, como quien deserta de su turno de centinela. Recuerdo alguna bronca gorda por haber olvidado el móvil en el despacho y estar en otro lugar, y ya era difícil que el bicho te pasara desapercibido, porque abultaba como un demonio. Como no cabía en un bolsillo la estrategia era llevarlo en una bandolera, igual que si fuera una Glock de 9 mm, y si no querías llamar la atención vendían unos chismes que ponías encima de la mesa, o donde........

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