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La clase política se ha olvidado de los jóvenes

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07.03.2026

La clase política se ha olvidado de los jóvenes.

La sociedad española desde hace décadas ha mantenido un pacto con sus jóvenes: haz las cosas bien y te irá bien. Parece sencillo, parece lógico y hasta parece justo. Nos dijeron que teníamos que estudiar, trabajar y esforzarnos, que los resultados vendrían solos, y nosotros, jóvenes e ilusos, nos lo creímos. Seguramente quisimos ser el reflejo de nuestros padres, a quienes hacer las cosas bien les permitió vivir mejor que a nuestros abuelos.

Con ellos, con nuestros abuelos, siempre estaremos en deuda porque su esfuerzo permitió que España se convirtiera en el estado democrático, de Derecho y de bienestar que hoy nosotros disfrutamos o, por lo menos, sostenemos. Sin embargo, la clase política ha ido más allá y se ha empeñado en materializar ese agradecimiento en forma de revalorización y aumento de las pensiones.

Es cuanto menos curioso que, en la era de la polarización, la inestabilidad y del colapso parlamentario, toda la clase política esté de acuerdo en premiar a nuestros mayores. Sería loable si de verdad ese empeño en mejorar la situación económica de los pensionistas no tuviese un trasfondo evidentemente electoral –prueba de ello es que ni para ponerse de acuerdo lo hacen bien, prefiriendo engañar al ciudadano con ingeniería legislativa con tal de rascar un poco más de rédito electoral–.

Las pensiones no son sino una muestra más de las preocupaciones que hoy realmente ocupan a toda nuestra clase política, especialmente al Gobierno, quien debería marcar la agenda política a pesar de sus escándalos y vergüenzas diarias; de éstos tampoco se libra el Ayuntamiento de Alicante después de emborronar con corrupción más propia de otros tiempos cualquier atisbo de solución al problema de la vivienda en el municipio.

Que cada semana haya un nuevo asunto o escándalo que eclipse a todos los demás ya no extraña a nadie, lo que resulta sorprendente es que, siendo el momento más complicado para acceder a una vivienda o a un alquiler, estando entre los países con mayor paro juvenil de la Unión Europea y aumentando cada vez más la desigualdad económica generacional, la clase política nunca se acuerde de los jóvenes. ¿Los motivos? Los de siempre: no somos rentables electoralmente y no podemos molestar lo suficiente, como sí hacen otros grupos sociales.

Los jóvenes tendremos que esperar a que se aproximen algunas elecciones para poder conformarnos con alguna limosna, como el transporte joven o el bono cultural, asumiendo que la actual clase política no sabe –o no le interesa– resolver los verdaderos problemas de los jóvenes, agravando así la brecha del pacto social.

El pacto parecía sencillo, parecía lógico y hasta parecía justo, no contábamos con una clase política incompetente y despreocupada sus jóvenes.


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