Dos soledades: la puerta que se cierra y la puerta que desaparece
Dos soledades: la puerta que se cierra y la puerta que desaparece
Hay dos maneras de quedarse solo. Una, con la satisfacción silenciosa del que cierra la puerta de su casa tras un largo día y suspira aliviado. Otra, con el gesto torcido de quien lleva años comprobando que, al otro lado de esa puerta, en general, no hay nada que merezca demasiado la pena. Lope de Vega representó la primera. Diógenes el Cínico, la segunda. Y aunque ambos elevaron la soledad a la categoría de virtud, lo hicieron desde posturas vitales tan opuestas que casi parecen estar hablando de cosas distintas. Porque no es lo mismo buscar la soledad que huir de la gente, aunque el resultado -quedarse solo- sea aparentemente el mismo.
Los versos de Lope, «a mis soledades voy, de mis soledades vengo; porque para andar conmigo, me bastan mis pensamientos», son una de las declaraciones de autosuficiencia más elegantes que ha producido nuestra lengua. No hay en ellos resentimiento, ni queja, ni un asomo de amargura. La soledad no es un exilio ni un refugio de urgencia, sino un destino elegido con la misma naturalidad........
