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Periodismo basura

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16.04.2026

Archivo - El jefe de prensa de "Alvise" Pérez, Vito Quiles, a su salida del Juzgado de Instrucción tras declarar como investigado por presuntas injurias / María José López - Europa Press - Archivo

Se ha instalado en la democracia española la costumbre de que cuando gobierna el PSOE, solo o en coalición, surge y brota un acoso desde diversos medios de comunicación, existentes o creados ex profeso, que utilizando la mentira y la invención periodística tiene como objetivo crear un ambiente político irrespirable para tratar de modificar la intención de voto de los españoles. Tal vez el amable lector se acuerde del contubernio que en los últimos años de gobierno de Felipe González se formó en España para derribar al PSOE a cualquier precio. A este grupo se le llamó el sindicato del crimen y lo formaron directores de ciertos periódicos, locutores de radio en sus programas y el Partido Popular de la mano de Francisco Álvarez Cascos. Años después, uno de sus integrantes, Luis María Anson, entonces director de ABC, admitió y contó que aquel grupo se reunió y se organizó con el objetivo de crear el caos en las instituciones españolas a base de mentiras y a pesar de que conocían muy bien que toda la porquería que hacían pública en sus medios de comunicación y en las intervenciones parlamentarias eran eso, porquería y basura. También admitió Anson que con aquel contubernio pusieron en peligro el Estado español lo que por supuesto les dio igual. Lo único que importaba era terminar a cualquier precio con los años de éxito del socialismo español que transformó un país anclado en la antigüedad como consecuencia de la dictadura franquista para meternos de lleno en Europa y la libertad.

Volvió a resurgir esta urraca periodística durante los dos Gobiernos de José Luís Rodríguez Zapatero tras lo infaustos años de José María Aznar. Después de las elecciones generales de 2004 que ganó el PSOE días después de los terribles atentados islamistas del 11M surgió la “teoría de la conspiración” la cual afirmaba que, en realidad, no fueron obra de un grupo radical islamista sino fruto de un acuerdo entre el PSOE, ETA y los servicios secretos de Marruecos según estos conspiradores. A ello hay que sumar la persecución que se llevó a cabo por los periódicos habituales de las hijas del expresidente Zapatero. A la miserable teoría de que el PSOE había formado parte de una banda de criminales que se conchabaron para realizar el atentado del 11M, se unió, como cabía esperar, el Partido Popular. Fueron los años del “usted ha traicionado a los muertos” que soltó a Zapatero Mariano Rajoy desde la tribuna del Congreso de los Diputados. Pero lo que estaba por venir superó con creces a los conspiranoicos.

Con la llegada a la Moncloa, contra todo pronóstico, de Pedro Sánchez, el antiguo contubernio y los conspiranoicos aparecieron de nuevo con más rabia que nunca. La formación de Gobierno por Sánchez fue lo más parecido a dar una patada a un avispero. Pero esta vez no sólo se recuperó la tradicional campaña de mentiras y medias verdades de los periódicos sino que aparecieron lo que se conoce como pseudemedios, una especie de periódicos digitales que como dice su nombre sólo existen en internet y cuya financiación responde a dos orígenes: o son financiados por partidos políticos, es decir, Vox o PP, o subsisten gracias a la publicidad de determinadas comunidades autónomas que premian con ello los creadores de noticias falsas. A esta nueva hornada de creadores de noticia falsas se unieron falsos periodistas que lograron conseguir una acreditación de prensa en el Congreso de los Diputados gracias a un fallo en el sistema de control. Mercenarios como Vito Quiles y Bertrand Ndongo, sin ninguna característica que reúnen los periodistas, se han dedicado en los últimos años a reventar las comparecencias de los diputados en el Congreso de los Diputados ante la prensa, a acosar a todos los políticos que no pertenecen al PP ni a Vox preguntando bobadas que sólo buscan marear y obtener algún titular para los pseudomedios para los que trabajan y sobre todo para acosar a políticas y a periodistas también mujeres. Especial relevancia ha tenido, de manera reciente, el acoso verbal y físico contra Sarah Santaolalla, colaboradora de varias cadenas de televisión. Vito Quiles la persigue por la calle, la espera en el portal de su casa y trata de entrar en su trabajo. Ha hecho pública la dirección donde vive tratando de provocar con ello que algún tarado la acose también. Además Vito Quiles está siendo juzgado por las injurias dichas en sus redes sociales contra Rubén Sánchez, portavoz de Facua, al que acusó de pederasta y proxeneta.

A todo esto hay que sumar determinados jueces y magistrados que aceptan querellas basadas en recortes de periódicos y en pantallazos de todos esos pseudemedios que sólo existen gracias a la publicidad de Comunidades Autónomas gobernadas por el PP, contribuyendo a crear un ambiente político turbio y de falsa conflictividad que sólo existe en la cabeza de los conspiranoicos. Pero ya se sabe, el que pueda hacer que haga.

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