La mujer de la Transición
Carmen Díez de Rivera
El Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias que la Editorial Tusquets otorga todos los años al mejor trabajo en español sobre figuras relevantes de la política, la cultura o la historia española ha sido, desde su creación en 1987, garantía de calidad en todas y cada una de las obras premiadas. Soy lector asiduo de la obra premiada en cada convocatoria y la galardonada este año ha venido a apoyar mi opinión sobre el Premio Comillas. Me refiero a La soledad fue el precio. Vida de Carmen Díez de Rivera (Tusquets Editores, 2026) escrito por Carmen Domingo.
Carmen Díez de Rivera es sin duda una de esas personas protagonistas de la Transición que el paso implacable del tiempo, una personalidad arrolladora y la envidia que despertó a su alrededor, ha situado en un casi olvido muy injusto. El libro de Carmen Domingo lleva a cabo un estudio sobre la personalidad de Carmen Díez de Rivera, compleja y contradictoria en ocasiones, como son todas las personas que han tenido que vencer dificultades de todo tipo en su vida, pero también un estudio sobre la Transición española, sobre los años que mediaron entre la muerte del dictador Franco y la aprobación de la Constitución de 1978 desde el punto de vista de una mujer culta y formada, que hablaba 4 idiomas y licenciada en Ciencias Políticas que desde que comenzó a trabajar con 17 años en la Revista de Occidente, en RTVE después y como Directora del Gabinete de Presidencia con el primer Gobierno de Adolfo Suárez más tarde , tuvo que hacerlo, en aquellos últimos años del franquismo y primeros de la Democracia, con auténticos mastuerzos casposos que representaban la esencia de la dictadura franquista.
Sufrió Carmen Díez de Rivera dos hándicaps que la persiguieron toda su vida. El primero su origen familiar y el conocimiento que tuvo, siendo aún muy joven, de que su verdadero padre fue Serrano Súñer, hombre fuerte del franquismo en los primeros años de la dictadura y ferviente defensor de las ideas nazis. El segundo su belleza. Se cuenta que a finales de los 70, cuando entraba en algún restaurante de Madrid, se hacía el silencio. Sólo aquellos que en su juventud fueron obsequiados con la belleza pueden entender qué significa ser objeto de miradas cuando se entra en una estancia o, lo que es aún peor, sentir las miradas en tu espalda cuando la abandonas. Durante casi toda su vida la primera cualidad que se tuvo siempre en cuenta de Carmen Díez de Rivera fue su belleza. En los medios de comunicación y en los mentideros políticos fue siempre su principal objeto de comentarios y casi siempre con un tono machista y envidioso. Francisco Umbral la llamó la musa de la Transición, un calificativo ridículo.
Decía al principio que a pesar del protagonismo que tuvo durante la Transición su nombre apenas ha sido objeto de interés por los historiadores y por los otros protagonistas de la Transición. Carmen Domingo, autora de este libro, nos ofrece el verdadero protagonismo que tuvo Carmen Díez de Rivera durante el tiempo que estuvo trabajando con Adolfo Suárez. Fue clave para la legalización del partido comunista (PCE) convenciendo al entonces rey Juan Carlos I y a Adolfo Suárez de la necesidad de ello venciendo con su influencia el temor de ambos. Fue también fundamental, gracias a su educación, su cultura y sus cuatro idiomas para rebajar el malísimo concepto que se tenía en Europa de Adolfo Suárez por su pasado falangista. Consiguió que Suárez autorizara el funeral por los asesinatos de los abogados de Atocha el 26 de enero de 1977 y tuvo un papel imprescindible para los iniciales contactos entre Suárez y la oposición política perseguida por el franquismo durante cuarenta años. Fue además consejera directa de Juan Carlos I con el que hablaba a diario y la única cara visible en Europa del primer Gobierno de Adolfo Suárez. Pero a pesar de todo ello su nombre apenas aparece en la historia de la Transición y cuando lo hace es de manera displicente y con la continua referencia a su manera de vestir o su aspecto físico.
Nadie mencionó a Carmen Díez de Rivera ni en sus memorias ni en las biografías escritas de políticos de la época. Me refiero a los Landelino Lavilla, los Fernando Ónega, los Juan Fernández Miranda etc. Tampoco Victoria Prego en su conocida serie de televisión se refirió a ella. En la biografía de Adolfo Suárez que escribió Carlos Bella, un tomo de 550 páginas, apenas se hace mención a su fundamental presencia. Y lo último ha sido que Juan Carlos I, en su reciente libro de memorias, no dice ni una palabra de Carmen Díez de Rivera. Podría pensarse que este silencio responde a algún tipo de venganza por haber sido una mujer que nunca encajó porque en realidad perteneció a un país que no existía, por haber desobedecido a su clase social, por haber sido una mujer libre en lo intelectual y económico, por haber viajado, por su carácter indómito. Qué sé yo.
Poco antes de morir a causa de un cáncer en noviembre de 1999 habló por teléfono con Alfonso Guerra. "La lucha contra esta enfermedad es muy dura y yo ya he luchado todo lo que he podido" dijo a Guerra con un hilo de voz. Murió unos días después.
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