El desconcierto de Europa ante la guerra de Irán
Sánchez avisa que la guerra en Irán es "un extraordinario error que vamos a pagar"
Los bombardeos masivos y de duración indeterminada sobre Irán lanzados por los Estados Unidos e Israel son objetables y condenables por muchas razones. Primero, el uso unilateral de la fuerza está prohibido en el Derecho Internacional para resolver los conflictos. Este principio, consagrado en la Carta de Naciones Unidas, en su día impulsada por Washington, no puede aplicarse selectivamente según nos guste más o menos el Estado objeto de la agresión, y vaya por delante que el régimen de los ayatolás es una teocracia atroz responsable de vulneraciones graves y repetidas de los Derechos Humanos, con la que nadie sensato simpatiza, y que últimamente había asesinado a decenas de miles de manifestantes contrarios al gobierno.
Si la intención fuera humanitaria, es decir, tratar de frenar violaciones masivas de los Derechos Humanos en Irán, habría que haber presentado los hechos y buscado el aval de la ONU, y ante el veto de Rusia y China, tratar de organizar una coalición internacional que legitimara la intervención y que contara con un plan claro y definido de los objetivos de la misma. No ha sido el caso. En segundo lugar, no se ha demostrado una amenaza inminente a la paz y la seguridad internacionales, lo que además es contradictorio porque Trump alegó que tras los ataques, también unilaterales de junio de 2025, se había destruido el programa nuclear iraní. En tercer lugar, si el objetivo es forzar un cambio de régimen (¿a quién no le gustaría un régimen democrático y pacífico en Teherán?), a la ética de los principios hay que añadir la de las consecuencias.
Por un lado, es poco probable que se pueda derribar al régimen solo desde el aire, sin una invasión terrestre. Por otro, suponiendo que la república islámica colapsara, construir una democracia viable sobre las ruinas de un régimen teocrático en un país de noventa millones de personas con enormes fracturas étnicas y religiosas constituye un reto de proporciones colosales, que requiere una inversión en apoyo militar y reconstrucción que Estados Unidos ha demostrado en el pasado no estar dispuesto a mantener en el tiempo, como sucedió en Afganistán, que acabó volviendo a manos de los talibanes.
Libia es otro ejemplo del fracaso de la imposición desde el exterior de un cambio de régimen. En Irak, más de veinte años después de la invasión ordenada por Bush, todavía hay fuerzas armadas estadounidenses en el país, su débil democracia está sostenida sobre partidos confesionales, y paradoja, fuertemente infiltrada por Irán y sus milicias afines. En cuarto lugar, la respuesta iraní a la agresión ha sumido a la región en el caos, afectando al flujo normal de petróleo y gas por el golfo pérsico hacia Europa, lo que nos va a ocasionar perjuicios importantes por la subida de los precios.
Por todo ello, tendría que haber sido evidente que la UE hubiera actuado unida en su rechazo a esta guerra ilegal y mal planeada, sobre la que además no fue consultada ni informada, salvo determinados Estados miembros. Sin embargo, el reflejo natural de la mayoría de los líderes europeos sigue siendo el del atlantismo irreflexivo y el apaciguamiento a Trump, incluso tras sus constantes muestras de hostilidad hacia nuestra Unión y el intento de anexionarse Groenlandia, o la callada por respuesta.
Miles de fieles rezan en la mezquita Mosala en rememoración al difunto líder supremo de Irán Alí Jameneí. / EFE / Jaime León
Solamente España fue capaz de condenar desde el primer momento la intervención. El resto, inicialmente, o bien respaldaron la operación, justificándola por la naturaleza represora del Estado iraní, caso del canciller Merz, quien además relativizó gravemente la importancia del Derecho Internacional, cuyo respeto y promoción es objetivo de los Tratados europeos, y no restringió el uso de las bases de EE UU en Alemania, o evitaron criticarla. Junto a él, Macron y Starmer en su primera reacción condenaron los ataques de Irán a múltiples objetivos en la zona (también muchos de ellos en violación del Derecho Internacional), pero no la agresión inicial. Solo posteriormente el primer ministro declaró que el Reino Unido no participaría en una guerra "sin base legal" y el presidente francés reconoció que la operación se encontraba fuera del Derecho Internacional, a rebufo de Pedro Sánchez.
Por su parte el presidente del Consejo Europeo Antonio Costa y la Alta Representante para la Política Exterior Kaja Kallas tampoco han calificado la guerra como ilegal, por falta de consenso entre los Veintisiete, aunque podrían haberlo hecho igualmente porque tal declaración habría estado en línea con los Tratados.
La palma se la llevó una vez más la presidenta Von der Leyen, quien además de hablar de lo que no es competente, tampoco fue capaz de decir las cosas como son, aun cuando ella no representa a los Estados miembros y puede expresarse como quiera, pero al igual que con Palestina, no pierde la ocasión de equivocarse cuando Israel y Estados Unidos están de por medio.
De remate, Trump ha acabado amenazando a España con represalias comerciales por su postura y por no permitir el uso de las bases conjuntas para la operación militar, lo que ahora sí ha obligado a la UE a demostrar más unidad frente al aspirante a Emperador de occidente. Europa solo podrá sobrevivir en un mundo basado en reglas y en el multilateralismo. Necesitamos mucha más valentía moral en la cúpula de la Unión.
Suscríbete para seguir leyendo
