La ilusión del confort: cómo la sobreprotección desarma a las nuevas generaciones
Aula vacía en un centro educativo. / Pascual Fandos
Hace unos meses provocaron un enorme revuelo mediático las palabras de un dirigente empresarial al criticar la fragilidad de algunos jóvenes trabajadores para encajar la disciplina laboral. Le llovieron críticas por las formas, pero en el fondo de su diagnóstico tocó una fibra tan real como incómoda: estamos educando a generaciones enteras sin herramientas para tolerar la mínima frustración.
En los países nórdicos conocen bien este fenómeno bajo el término de los padres curling: adultos que van barriendo obsesivamente el terreno por delante de sus hijos para que no se tropiecen con ningún obstáculo, norma o conflicto. La idea sonaba estupenda sobre el papel, pero el experimento ha resultado fallido. Cuando a un niño se le acostumbra a que todo se negocia y a que su voluntad es sagrada, el choque al entrar en el mundo adulto es devastador. Ni el mercado laboral, ni las relaciones personales, ni la vida real son un entorno de armonía permanente.
Tras décadas de ejercicio en las aulas y en la inspección educativa, he observado con honda preocupación cómo esta misma filosofía ha colonizado el sistema desde su cimiento más determinante: la Educación Primaria.
Se ha producido una peligrosa confusión conceptual al equiparar la autoridad docente y el rigor académico con el "autoritarismo", cuando no tienen nada que ver. La verdadera libertad de un ciudadano no nace de la complacencia, sino del conocimiento sólido y la autodisciplina. Sin embargo, bajo el paraguas de metodologías de moda —como el aprendizaje por proyectos, gamificación, ABS—, se ha instalado........
