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MAGA es solo un síntoma

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02.04.2026

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el multimillonario Elon Musk. / Europa Press/Contacto/Molly Riley/White House

«El número de multimillonarios estadounidenses aumentó un 85 % entre 2010 y 2023 de 404 pasaron a 748, sin embargo, la proporción de contribuciones políticas de los multimillonarios aumentó un 1.700 %». «El gobierno de los plutócratas» era el título de esta columna en diciembre de 2024, era todo un síntoma, el presidente Donald Trump se había rodeado en su gobierno y en su toma de posesión de un selecto y nutrido grupo de multimillonarios o centibillonarios, como les denomina el premio Nobel de economía Paul Krugman (personas cuyo patrimonio neto supera los 100 mil millones de dólares).

Todos hemos conocido las andanzas en la Casa Blanca de Elon Musk, el hombre más rico del mundo que compró Twitter para convertirlo en «X» que es una red racista, invadida literalmente por nazis. Jeff Bezos compró el Washington Post y desde allí apoyó la campaña de Donald Trump prohibiendo que se escribieran artículos apoyando a la candidata demócrata, como siempre había hecho el Washington Post; parte de la redacción dimitió y crearon The Contrarian donde cuelgan sus informaciones y artículos. El periódico que derrocó a Richard Nixon es hoy una sombra de lo que fue. Aunque ustedes a Bezos le conocerán mas por ser el propietario de Amazon o como el hombre que alquiló Venecia para celebrar su boda el año pasado. Lo último es la compra por David Ellison -hijo de Larry Ellison el sexto hombre más rico del mundo- de Paramount que incluye la CBS; ahora Paramount ha adquirido la Warner Brothers y con ello el control de la CNN cuando ya tenían cerrado otro acuerdo con Netflix, pero Donald Trump ha presionado para que se cerrara con su amigo Ellison. Legal y políticamente, plataformas como Facebook, Instagram y YouTube se han protegido gracias a una idea que ellas mismas y otras han promovido: que no son solo tecnologías innovadoras, sino también plataformas de expresión, por lo que imponerles cualquier límite equivaldría a censura y a frenar el progreso tecnológico. Era el argumento de Zuckerberg cuando testificó ante el Congreso norteamericano en un caso histórico de adicción a la tecnología contra Meta y YouTube.

Podríamos seguir hablando no solo de las inversiones en campaña, también de las que se hacen en el salón de baile de la Casa Blanca o comprando criptomonedas a beneficio de la familia Trump. El problema no es Trump ni siquiera los MAGA (Make América Great Again) el sector mas derechista del partido republicano norteamericano; eso es solo un síntoma o si se quiere la punta del iceberg de cómo el dinero organizado dirige el Gobierno y potencia a la ultraderecha, MAGA es el síntoma y Trump su mascarón de proa. «Los 12 milmillonarios más ricos del mundo acumulan, en conjunto, más riqueza que la mitad más pobre de la población mundial es decir, más que 4.000 millones de personas» («Contra el imperio de los mas ricos» Informe OXFAM. Enero 2026).

Los multimillonarios no solo han gastado dinero para influir en las políticas, también lo han hecho para cambiar las reglas de manera que el dinero sea más poderoso. Es lo que en España supuestamente hicieron las grandes empresas a través del despacho del ministro Cristóbal Montoro, para hacerse leyes a medida. Los multimillonarios no solo ayudaron a Donald Trump a recuperar la Casa Blanca, sino que también ayudaron a crear nuevas reglas de facto bajo las cuales pueden usar su cargo para su enriquecimiento personal. También influye para que no salgan reglas que intentan aumentar los impuestos sobre las grandes fortunas, como el 15 % de la OCDE, o regular la influencia y exigir responsabilidades a las redes sociales como en la normativa en la Unión Europea.

«Tenemos que elegir. Podemos tener una riqueza extrema concentrada en manos de unos pocos o podemos tener democracia, pero no podemos tener ambas cosas». Las palabras las pronunció hace un siglo un juez del supremo norteamericano y las recoge Oxfam en el informe citado que concluye con tres recomendaciones:1, los países deben reducir de forma drástica la desigualdad económica; 2, frenar el poder político de los súperricos; y 3, construir el poder político de la mayoría. O, si lo prefieren como dijo en 1936, Franklin D. Roosevelt cuando declaró la guerra «al gobierno del dinero organizado». Los impuestos progresivos y la sindicalización masiva redistribuyeron drásticamente la riqueza y, aún más drásticamente, el poder del gran capital. Por eso el presidente Roosevelt, desde su silla de ruedas, fue el gran impulsor del Estado del Bienestar en Estados Unidos y en Europa.

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