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Pulsión de cambio valenciana

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26.06.2026

Hay barreras mentales más difíciles de derribar que las físicas. A lo largo de la historia, muchos de los mayores frenos al progreso no han sido materiales, sino emocionales y culturales: la resignación, el miedo y la desmoralización colectiva. Si miramos atrás, comprobamos que numerosos avances que hoy consideramos irrenunciables -las vacaciones pagadas, el voto femenino o la libertad de vivir con dignidad la diversidad sexual y de género- tardaron demasiado en llegar porque hubo quienes se empeñaron en presentar cada conquista como una amenaza.

El miedo a la vanguardia no impulsa; bloquea. No construye alternativas ni abre horizontes, pero sí resulta una herramienta eficaz para paralizar a las mayorías sociales. Por eso, la moral de derrota ha sido siempre uno de los instrumentos más útiles de quienes quieren que nada cambie. Cuando se instala la idea de que no merece la pena intentarlo, de que todo está perdido de antemano o de que el cambio es imposible, lo que realmente se busca es que el progresismo baje los brazos antes incluso de disputar el futuro.

Ahora bien, también es legítimo temer el retroceso. Hay regresiones políticas y sociales que obligan a mantenerse alerta y a luchar. Del miedo al pasado puede surgir la acción; del desánimo a la acción, en cambio, hay un abismo.

Eso es exactamente lo que está en juego también en nuestro presente. De cara a 2027, en València y en la Comunitat Valenciana no basta con tener........

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