Introspectiva nacionalidad
«Amó la verdad» — Inscripción en la sepultura de Marc Bloch, historiador y héroe de la resistencia francesa.
La pasada semana Francia volvió a dar una lección de dignidad como país ante el mundo. El Panteón de los Ilustres abrió de nuevo sus puertas en una solemnidad solo propia de su espacio (ruego al lector que eche un ojo a las redes de Macron para ver alguna fotografía del momento), y lo hizo para recibir el ingreso de Marc Bloch, el historiador medievalista más referenciado y héroe de la resistencia francesa contra el fascismo al que combatió, que le torturó y finalmente fusiló. Esa majestuosidad en el reconocimiento a un ciudadano demócrata y comprometido con la historia y su mismo presente es propia de un país que se sabe suyo, que al mirarse dentro la respuesta que brota es la del orgullo de un país que reconoce, sin matices, su propia historia. Una grandeza francesa a la hora de abordar su memoria democrática que teje lazos de unión con la nuestra: hace una década el Rey Felipe VI rindió homenaje con la alcaldesa socialista de París a los héroes de la Nueve que liberaron la ciudad del nazismo; hace dos años que ingresó en ese mismo Panteón el primer español ilustre, Celestino Alfonso; y cómo olvidar Montauban, localidad cercana a Toulouse donde descansan los restos de Manuel Azaña, último presidente democrático de España antes del encuentro constitucional del 78; presidente de nuestro país enterrado, por tanto, en el exilio.
Junto a él, fueron........
