La inmigración: un imperativo ético
La inmigración en España es un fenómeno digno de consideración desde el comienzo del actual milenio. Según el Instituto Nacional de Estadística, la Estadística Continua de Población y el Censo Anual, en el año 2000 había en España dos millones de extranjeros, el 5,9% de la población; en el 2010 había 7 millones, el 15,1%; Enel 2020, 8,2 millones, el 17,3% y a 1 de enero de 2026 (datos provisionales correspondientes al cierre de 2025), la población total era de 49.570.725 habitantes; de ellos, habían nacido en el extranjero 10.004.581 personas, lo que representaba un porcentaje sobre la población total del 20,2 %; es decir, aproximadamente uno de cada cinco residentes nació fuera de España. Es importante distinguir entre los dos conceptos manejados: han nacido en el extranjero algo más de 10 millones (20,2 %) de los residentes en España; son extranjeros por nacionalidad alrededor de 7,2 millones (14-15 %), porque varios millones de inmigrantes han adquirido ya la nacionalidad española.
Esta es la fotografía de la cuestión migratoria en nuestro país, que está experimentando cambios a causa de la regularización en marcha. De entrada, ya puede decirse que la inmigración ha sido beneficiosa para el país, ya que la simple demografía, a la baja, nos hubiera condenado al estancamiento económico e incluso a un retroceso. Según las estimaciones oficiales del INE, de no haber existido la inmigración, España apenas alcanzaría hoy entre 40 y 41 millones de habitantes, de una media de edad muy alta. No puede perderse de vista que España tiene una de las tasas de fecundidad más bajas del mundo, en torno a 1,2 niños por mujer.
Estos datos muestran por sí solos el benéfico efecto de una inmigración intensa (mucho más la inmigración regular que la irregular), que ha proporcionado mano de obra para llevar a cabo actividades desatendidas por los españoles —en hostelería y turismo, en construcción, en la industria agroalimentaria, etc.—. Asimismo, la inmigración ha rebajado la edad media de los españoles, mejorando la ratio población activa/población pasiva y facilitando el sostenimiento del sistema de pensiones. En definitiva, la inmigración produce efectos económicos, demográficos, sociales y culturales todos ellos benéficos.
No haría falta........
