En manos de un loco
Donald Trump tiene constantemente a su alcance el botón nuclear, cuya pulsación podría acabar con gran parte de la vida en el planeta. Todavía rige en plenitud el gran argumento inmovilizador que aseguraba que nadie se lanzaría a una guerra nuclear: el «mutual assured destruction», o seguridad de la mutua destrucción, que venía a expresar en tiempos de la guerra fría que si alguien desencadenase un conflicto de aquella naturaleza, sería también inexorablemente víctima de su propia medicina.
No hay indicio alguno de que a Trump se le haya pasado por la cabeza comprobar la veracidad de aquellas teorizaciones pero sobrecoge pensar que la supervivencia de la humanidad está en manos de un anciano ciclotímico e irascible que se mantiene en apariencia en plena forma física, lo que sugiere que podría estar mantenido artificialmente en ese estado, impropio de un hombre de su edad. Sin embargo, es intranquilizador pensar que este sujeto, hijo de un multimillonario y multimillonario él mismo, ostentoso hasta la horterada, fiestero hasta la depravación, amigo de traficantes sexuales, laxo en el cumplimiento de la ley —se le puede atribuir un intento de golpe de Estado cuando fue derrotado por Biden— tiene en sus manos el futuro del mundo.
Acabamos de asistir a una nueva cumbre de la OTAN, esta vez en Turquía, que había suscitado temores porque el irascible mandatario está descontento tanto por la escasa disposición de los europeos a rearmarse como por la nula contribución de los países de la UE a su guerra contra Irán. El melifluo Mark Rutte, secretario general de la OTAN, que parece perpetuamente embelesado con las gracias........
