¿Derogar la memoria histórica?
La historia de Europa durante el siglo XX echa hoy en cara a las grandes democracias victoriosas de la Segunda Guerra Mundial el delito de haber mantenido en España, hasta su consunción biológica, una dictadura que hurtó a los ciudadanos de este país excéntrico y esquinado los beneficios políticos, económicos y sobre todo intelectuales de la victoria de 1945 sobre los aberrantes fascismos.
Si en 1945 los grandes vencidos en aquella gran confrontación, Alemania e Italia, pudieron comenzar a rehacerse y a volver a autodeterminarse democráticamente, fue precisamente a raíz de la derrota y del exterminio de quienes los condujeron a la catástrofe; España en cambio quedó aislada y sodomizada por una aberrante dictadura militar que, con el apoyo de las potencias del Eje, había conseguido destruir por las armas una república constitucional.
A pesar de ello, los ciudadanos de este país, que fuimos el desecho de Europa en manos de un mediocre y cruel dictador, supimos, a la muerte de este, construir con notable habilidad y sorprendente unidad un régimen democrático de suficiente amplitud para acoger a la gran mayoría de sensibilidades presentes en aquella encrucijada.
La Transición española, pilotada por Juan Carlos de Borbón y por Adolfo Suárez, fue modélica e incluyó un proceso constituyente de contrastada calidad. Lógicamente, las fuerzas sociopolíticas que ostentaban el poder en aquella coyuntura tuvieron que hacer realizar concesiones importantes a sus adversarios naturales, y viceversa. El proceso español fue internacionalmente elogiado y analizado por los politólogos con un balance muy favorable.
Pero la instauración monárquica, que había de ser sutil, incruenta y pacífica, implicó la pervivencia de numerosas inercias del régimen anterior. Así, el Valle de los Caídos, un túmulo que el dictador había construido para........
