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Más o menos de la familia

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07.04.2026

07 de abril 2026 - 03:07

El bienestar animal ha estado en el foco de algunos cambios legislativos recientes y eso en un país como el nuestro es un gran avance. Sin embargo, como todo en esta bendita piel de toro, está incompleto, es contradictorio y, en cierta medida, injusto. Los animales son seres sintientes y como propietario de uno estás obligado a cubrir sus necesidades y a cuidar de su salud. Sin embargo, los servicios de las clínicas veterinarias tienen un 21 % de IVA, igual que un Louis Vuitton. A mi próximo perro le pondré Birkin, porque prácticamente su mantenimiento me va a costar lo mismo. Para no ser un bien inmueble lo disimulan bastante bien. No tiene sentido alguno que la salud de nuestros animales, que son parte de nuestras familias, sea gravada con el tipo impositivo propio de los bienes de lujo. Al final el dueño de una mascota es el responsable legal de su bienestar, pero a la hora de la verdad da miedo llevar un animal a consulta porque los costes son demasiado elevados. La familia multiespecie es además, invisible en cuanto a derechos laborales. El trabajador no dispone de días específicos para cuidar de su mascota. Sea intervención quirúrgica o fallecimiento, nada cuenta ni existe a nivel legal. Depende por completo de la amabilidad y la empatía del empleador correspondiente el que puedas librar el día que necesitas. Tampoco en la empresa pública, promotora de este cambio de sensibilidad, se contempla esta opción. Sin embargo, estás obligado a cuidar de su salud y bienestar. El criterio clínico de los responsables de la salud animal también está cuestionado. El Real Decreto 666/2023 sobre medicamentos veterinarios está siendo muy criticado por los profesionales. Se supedita la administración de ciertos medicamentos a una serie de pruebas clínicas, que en determinados contextos y ocasiones, llegan tarde para el animal, cuya salud depende de ellos. Tenemos que ser conscientes de que la veterinaria no funciona igual que la medicina humana y que las pequeñas clínicas no siempre tienen todos los recursos para atender con rapidez a la gran variedad de especies que tratan. Además, los medicamentos seguros y disponibles para nuestros animales no tienen tanta variedad como los de uso humano. Como resultado, cuando el paciente peludo, de plumas o de escamas necesita determinada medicación no siempre la tiene a tiempo. Se percibe en la norma una desconfianza implícita y preventiva hacia el criterio profesional. Para completar la escena, la ley añade algo que encanta el Estado español: una maravillosa carga burocrática extra. Pocas cosas gustan más a nuestros legisladores que añadir toneladas de papeleo a cualquier profesión en la que pongan el foco. Ese “vuelva usted mañana” de Larra sigue vigente. Las leyes prohíben el maltrato y abandono, bien, pero abandonan y maltratan a quien debe cumplirla.

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