Felices cincuenta
Puedes engañar a la nueva monitora del gym o a la camarera de la cafetería cuqui en la que te tomas una infusión cuando sales de clase de mindfulness. Puedes incluso engañarte a ti mismo, comprándote una moto, injertándote pelo, haciéndote un lifting, tatuándote un ave Fénix o diciéndote que los cincuenta de ahora son los nuevos treinta.
