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Normalizar a Rusia

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18.03.2026

18 de marzo 2026 - 03:09

El primer ministro belga, el independentista flamenco Bart de Wever, ha propuesto normalizar las relaciones europeas con Rusia, a fin de obtener una energía más barata. El comisario europeo de Energía, Dan Jorgensen, ha recordado al señor Weber que fue esta dependencia de la energía rusa (alentada por la Alemania de Gerhard Schröeder y su lucrativo Nord-Stream), la que convirtió el gas en un arma de presión contra la UE; de modo que “en el futuro no importaremos ni una sola molécula de Rusia”. No vamos a recordar ahora la importancia de Rusia en la fragmentación y fragilización de la UE, con episodios como el Brexit y el procés, universo centrífugo al que parece pertenecer el señor Wever. Pero sí conviene señalar que este tipo de soberanismos, en el que militan no solo los micronacionalismos europeos implica, de hecho, la sumisión de Europa a una potencia extranjera.

El soberanismo en el que profesa Vox (Patriotas por Europa), en compañía de Viktor Orban, opera en el mismo sentido. Ya sea en sus simpatías por Trump; ya en su afinidad con el Kremlim, el resultado es que los Patriotas por Europa no parecen particularmente patrióticos, y tampoco muy favorables al europeísmo. Una Europa de naciones obstaculizada por Rusia, Estados Unidos y China, y devuelta a su antigua condición de urgente y movedizo vitral gótico, no resulta la mejor de las soluciones para nuestra supervivencia. Es algo tedioso recordar que la UE nace, precisamente, para sortear la fiebre autófaga de los nacionalismos y su abultado colofón de muertos. Lo cual supone una doble exigencia: la conservación de la compleja sustancia cultural de Europa; y la supresión de la identidad como útil político, destinado a la marginación y el ostracismo de la población no adepta.

¿Es el señor De Wever un mal europeo? No parece probable. El señor De Wever es, sencillamente, un nacionalista en grado superior, y su interés mayúsculo es prescindir del vecindario desafecto, agregándose al sueño de unos Grandes Países Bajos que incluya Flandes. Nada que los españoles desconozcamos. Ello no implica, necesariamente, simpatizar con potencias foráneas; pero sí aflojar el dogal de la UE, que considera excesivo. En tal sentido, el pragmatismo del señor De Wever quizá resulte más pragmático para el señor Putin que para la hueste fragmentada de la Unión.

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