Las lágrimas y la risa de los cómicos
23 de marzo 2026 - 03:08
El sábado 18 de julio de 1936 triunfaba en los escenarios madrileños la reposición de Nuestra Natacha de Casona en el teatro Pavón, con la compañía de María Fernanda Ladrón de Guevara, y en las pantallas Morena Clara de Florián Rey, con Imperio Argentina y Miguel Ligero. El día 19 el Gobierno, “dueño de todos los resortes”, ordenó “la clausura de teatros y cafés para impedir incidentes enojosos y evitar molestias a los ciudadanos, pues muchos miles de hombres armados por los partidos del Frente Popular, con autorización del Gobierno, y colaborando muy eficazmente con las fuerzas de la Guardia Civil, Asalto y Seguridad, tienen órdenes severísimas para atajar en el acto y sin la menor contemplación cualquier acto de violencia contra el régimen”. Había empezado la Guerra Civil que, como a todos los españoles, afectó también trágicamente a autores, actores y técnicos.
En Cómicos en guerra (La Esfera de los Libros) Pedro Corral cuenta las historias del mundo del teatro y del cine durante la guerra civil. Aparecen Benavente, los Quintero, Arniches o Casona; María Fernanda Ladrón de Guevara, Rafaela Aparicio o Pepe Ysbert; Antonio del Amo, Benito Perojo o Rafael Gil; Estrellita Castro, Celia Gámez o Conchita Piquer. Y, para su desgracia, Muñoz Seca y Lorca.
Trata de valientes, cobardes y quienes solo querían sobrevivir. Se reproducen testimonios tan reveladores como el del hoy olvidado y en su día popular crítico teatral y cinematográfico Miguel Salado, que murió exiliado en Moscú: “Uno mismo –viendo las mudanzas de estos días– se queda estupefacto. Hay primeros actores que han saltado de El divino impaciente a la CNT. Hay alguna vedette que votó a los tradicionalistas y que ahora anda por ahí con un lazo rojo sobre el pecho izquierdo, todavía en flor por un milagro de la naturaleza. ¿Sinceridad? ¿Resignación?... –¡Hombre!– les dirán a ustedes—. La gente tiene que comer… Sí, puede que sea eso”.
La cita del periodista libertario Ezequiel Endériz que abre este muy recomendable libro define su tono: “A todos sorprendió la tragedia seguramente, pero más que a todos, a ese mundo pintoresco de la escena donde se ríe y se llora por el oficio hasta el extremo de que cuando se tiene que reír o llorar de verdad, nadie sabe ni el valor de las lágrimas ni el valor de la risa”.
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