Abyecta majestad
La intérprete francesa es ampliamente reconocida como la mejor de su generación, un icono global del séptimo arte y una figura divisoria, arriesgada y en constante evolución. Podría incluirse en un raro grupo de actrices que mantienen cierto cine alimenticio con otro de clara apuesta autoral y experimental, junto a Tilda Swinton, Nicole Kidman, Charlotte Rampling o Cate Blanchett. En su retahíla de colaboraciones sobran los nombres, aunque es obligado detenerse en Claude Chabrol, Bertrand Tavernier, Michel Haneke o Hong Sang-soo, entre infinitos otros.
Isabelle Huppert (Francia, 1953) estrena la película La mujer más rica del mundo y seguramente no sea su último lanzamiento este año, ya que su pulso de grabación es de tres o cuatro títulos anuales. Al mismo tiempo, continúa con la gira global de Berenice, el texto dramático de Jean Racine. Incansable y con más de 150 filmes realizados, anclada desde hace décadas al desafío contra el público a través de sus personajes difíciles; Huppert sobrevive y se corona como la actriz más veces nominada al premio César, con 17 candidaturas; más veces propuesta a mejor actriz en el Festival de Cannes y como una de los intérpretes más importante del siglo XXI para diversos medios, como el New York Times.
Huppert proviene de un barrio comunero y una familia burguesa, del tipo de estabilidad a la francesa que otorgan los negocios prósperos. Nació y pasó su juventud en Ville-d'Avray, un enclave rural en los altos del Sena. Allí su madre daba clase como profesora de inglés y su padre dirigía una empresa de cajas fuertes. Gracias a su estancia lejos del bullicio de la ciudad, la niña pudo formarse adecuadamente en arte y cultura sin distracciones.
El padre procedía de una familia judía de Alsacia-Lorena y Eslovaquia. Había huido a África para evitar la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto. Su progresión económica propició que en el hogar familiar se dotase a los cinco hijos del matrimonio de una fuerte formación propia e independiente, aunque todos los hermanos se orientaron a diferentes artes y humanidades.
Huppert creció involucrada en el aprendizaje de idiomas y la música, en concreto, el piano. Con la entrada en la adolescencia, la joven se enroló en el Conservatorio de Versalles para formarse en arte dramático. El impulso definitivo provino de su madre ante la falta de motivación real de la muchacha. Aunque se interesó por el estudio de lenguas eslavas y asiáticas, solo perduró en el aprendizaje de ruso.
El paso de los años........
