In albis
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CompartirTodavía huele a incienso. Sobre el empedrado es posible rastrear los restos de cera, como un rezo persistente, en las calles de Salamanca. Si aguzo ... el oído, me parece aún percibir el eco de los tambores secos y de los pasos de los cofrades. La ciudad, que ha servido de escenario suspendido entre el cielo y el suelo, comienza a despertar de ese increíble y fascinante letargo místico, en esta semana in albis. Y el Campo Charro, henchido también de gloria, se suma al derroche de resurrección y esperanza, en un inconmensurable despliegue de vida fragante. El alma también se agranda y eleva, resarcida. Y el corazón, al menos el mío, rezuma gratitud, la gratitud de quien se sabe afortunado por haber sido testigo de lo sublime. Gracias a todos los que hacen posible que este milagro de redención tome cuerpo. A las cofradías, que guardan el celo de la tradición año tras año; a los hermanos que han cargado sobre sus hombros con el peso de nuestra fe; a los músicos que, con cada nota de corneta, rasgaron el aire frío de la madrugada salmantina para abrir paso a la verdad. Gracias a los que barrieron las calles tras el paso de la multitud, a los que sirvieron el chocolate al alba, a........
