Como reyes
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CompartirDebió ser por esta época del año, cuando el sol acaricia, zalamero, pero sin apretar. Tuvo que ser un martes o un jueves. Y lo ... que sí recuerdo con mucha más precisión es que faltaban muy pocos minutos para las cuatro de la tarde. Yo cruzaba la Plaza, apresurada, buscando con los ojos el reloj del Ayuntamiento porque llegaba tarde a clase de alemán. Mi profesora, Carlota Hoffmann, consideraba una afrenta personal el más mínimo retraso. En alemán, puntual significa a menos cinco y casi podía sentir con antelación su mirada censuradora. Iba yo tan ensimismada en mi impuntualidad que no habría reparado en ellos si no me hubiesen llamado por mi nombre. Un grupo de compañeros de la facultad, sentados en una terraza, como reyes, abandonados a esa galbana postmanducal contra la que yo luchaba con denuedo. Dejándose querer por la Plaza y por Salamanca, disfrutando hasta el tuétano de la contemplación pasiva del monumento y entregándose al placer sencillo del dolce far niente.
No puedo explicar cómo superé la tentación de aceptar la invitación a sumarme a aquel café, aunque si hubiesen conocido ustedes a la señora Hoffmann........
