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Civilización

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08.04.2026

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Anoche, después de escribir este artículo, me fui a la cama con muy mal cuerpo. Había escuchado a Donald Trump anunciar que a las dos ... de la madrugada iba a hacer desaparecer toda una civilización, nada menos, y sentí la tentación de quedarme despierta, para ver en directo el apocalipsis. Después pensé que a hora de laudes todavía me daría tiempo a ver algo. La civilización persa es mucha civilización y no bastan unas horas para borrarla por completo del mapa y de la historia. No se si cuando ustedes lean esto, por lo tanto, seguirá en pie la tumba de Ciro el Grande, el mausoleo de piedra de un gran sueño político. Quizá se haya cebado el Agente Naranja en el acantilado de Nasq-e-Rostam, donde Darío, Jerjers y Artajerjes, mirando a la eternidad, seguían todavía anoche brillando en el desierto. O quizá la haya emprendido contra los jardines de Yazd, decidido a no dejar rastro de la cosmología que reproduce el paraíso, desafiando las dunas.

Las cúpulas de las mezquitas safávidas, los casavasares que dieron cobijo a mercaderes, peregrinos y embajadores de cien lenguas, o el puente de 33 arcos de Isfahán. Todo ello puede haber sucumbido a la megalomanía y evidente enfermedad moral de este tipo, decidido a hacer cumplir por la fuerza su voluntad. Puede que ni siquiera conservemos ya las huellas de las torres zoroástricas, indicio de un primerizo pensamiento en la muerte, ni las inscripciones de Behistún, la Rosetta de mesopotámica. Es posible que todo ello haya desaparecido entre las llamas, en un infierno de destrucción y una orgía de poder violento. Y también puede ser que no haya sucedido absolutamente nada, porque Trump dice y se desdice con la misma facilidad con la que yo concilio el sueño a pesar de las peores calamidades.

Lo que sí creo es que habrá desaparecido una civilización, cuando ustedes lean estas líneas. Pero no la persa, que Trump pensaba ayer que amenazaba, sino la nuestra, pisoteada por los intereses que manejan desde la sombra a la vergüenza ajena de presidente que se gastan actualmente los estadounidenses. La civilización que Trump está haciendo desaparecer para siempre es aquella que ambicionaba un mundo regido por normas, en el que el más fuerte no aplastase al más débil. Aquella que, con todos sus defectos, aspiraba a que se reconociese el valor intrínseco de todos y cada uno de los seres humanos. La de la Escuela de Salamanca, vaya. Ha caído. Y aun así me fui a dormir. Mañana, para ustedes hoy, será otro día, quizá el primero de la nueva era dT (después de Trump).

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