Primavera de misiles
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CompartirEste año eligió la hora de la siesta para colarse en nuestras vidas. Y además era viernes, ese día en que muchos ciudadanos se desactivan ... del trabajo y conectan su modo ocio. Resulta sorprendente el poco interés que prestamos a acontecimientos como el estallido de la naturaleza, la brotación en los árboles, las primeras flores en el campo, todas esas presuntas cursiladas que nunca será titulares en informativos pero que nuestros antiguos festejaban como verdaderos acontecimientos. Como los antiguos griegos, que celebraban el retorno de Perséfone desde el inframundo para reunirse con su madre Deméter; o los mexicas, que honraban a Xochipillii, príncipe de las flores, dios de la vegetación y la fertilidad. La tradición germánica festejaba a la diosa Ostara, divinidad del amanecer y la primavera. Y estaba el Nouruz persa, con más de 3.000 años, en honor del equinoccio de primavera que inauguraba el nuevo año solar.
En 2026 resuelta extraño que alguien festeje la primavera. La estación entra de tapadillo mientras nosotros estamos a nuestras cosas, que consideramos más importantes. Los persas, por ejemplo, a quienes hoy conocemos como iraníes, han conservado sus celebraciones del Nouruz o Nowruz, que es hoy la fiesta del Año Nuevo, y estos días hacen lo posible para celebrarlo entre el miedo y la incertidumbre. No debe ser fácil vivir mirando al cielo con el temor de un silbido amenazante, o con la sorpresa de a cuál de tus líderes, a los que hasta anteayer había que venerar por obligación, se han cargado esta mañana con un misil.
Pero lo harán. Porque cada mañana los comerciantes levantan la persiana de su comercio, los empleados de banca llegarán como puedan a su oficina y los ganaderos sacarán a pastar a sus animales. Por debajo de las fanfarronadas del teleñeco naranja y de las agencias de noticias internacionales que nos inundan con noticias sobre el enésimo bombardeo y sus réplicas, hombres y mujeres, abuelos y niños hacen lo posible por vivir, por festejar y por maldecir a sus gobernantes. Es igual en Irán, en México, en Alemania o en España.
Al sur de los Pirineos, la primavera promete amenazar a los alérgicos. Después de tanta lluvia, todo apunta a que el polen irritará muchas narices, casi tantas como la tensión en todas las esferas de la vida pública. Polinización y polarización son palabras muy largas que curiosamente comparten en el mismo orden hasta nueve de sus doce letras. Hay ganas de bronca en todas partes, y esto es una evidencia suficientemente contrastada que está en la raíz del principal problema que afecta a España hoy día: la incapacidad manifiesta para escucharnos e intentar ponernos de acuerdo en algo.
Aquí ya no celebramos a deidades agradeciendo la llegada de las flores y las cosechas. Ha llegado la primavera, y en lo que tarden en salir las hojas con los primeros calores, Pedro Sánchez seguirá interpretando el papel de abanderado de los derechos de los débiles mientras su propio partido se descompone por la corrupción. PP y Vox escenificarán por un tiempo sus diferencias trazando líneas rojas que ya empiezan a ser amarillas y pronto caerán como hojas de otoño. Y nos seguirán obligando a elegir entre Almodóvar y Santiago Segura, como si hasta en la cultura hubiera que elegir trinchera. Y así con todo.
Pero si uno se para a pensar, esa bronca y esa crispación que vemos en el Congreso, en las tertulias de la tele y en las redes sociales terminan cuando apagamos el dispositivo de turno. Bajo tantos misiles, amenazas e insultos, la vida real, la de nuestras rutinas diarias, la familia y los amigos, tiene otro tono menos bélico y crispado. Belén Esteban nos sonríe en la Plaza y, si te esfuerzas, a veces escuchas cantar a los pájaros.
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