Zamburguesas
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CompartirCircular con el coche por las carreteras españolas estos días es lo más parecido a concursar en Humor Amarillo, esquivando zamburguesas para no acabar emponzoñado ... en barro y con una avería seria. Se siente uno al volante como del Chino Cudeiro en el laberinto del Chinotauro, temblando por encontrarse con Pinkie Winkie. Perdonen las referencias excesivamente 'boomers' pero no he encontrado mejor metáfora para describir el estado actual de las vías patrias.
En imposible obviar que este año ha comenzado como si alguien se hubiera dejado el grifo abierto ahí arriba. Tanto ha llovido que me ha dado por recordar esos tiempos de sequía extrema en los que las administraciones pugnaban por proponer nuevas infraestructuras para almacenar agua. Poco o nada se ha hecho desde entonces y, dentro de unos meses, es posible que nos acordemos de las imágenes de los embalses con las compuertas abiertas.
Con tanto estrés hídrico, el estado de las carreteras no ha aguantado el tirón y los baches han mutado en socavones. Ir hasta Ciudad Rodrigo por la A-62 debería computar para la prueba de reflejos en el examen de piloto de avión. Es imposible no caer en alguna de las trampas que acechan entre el alquitrán, así que, visto lo visto, los habituales circulan por el carril izquierdo como si estuvieran por el condado de Lancashire en mitad de la campiña inglesa.
Llueve sobre mojado en la falta de conservación de las carreteras. Se ve que, entre las doscientas mil prioridades de nuestros gobernantes, esta es una de las últimas en la lista. Están tan ocupados polarizando al personal que se han olvidado de lo que realmente importa a sus votantes: tener unos servicios de calidad que les hagan más cómodo su día a día. Un axioma que me vale para las carreteras, los trenes, la sanidad, los servicios sociales o la justicia.
Más le valdría a los de traje y corbata ponerse las pilas con estos asuntos, no vaya a ser que a la plebe le de por pensar que sería mejor estar gobernados por tecnócratas que sólo actuaran en términos de productividad, invirtiendo el dinero público en aquello que mejore la eficiencia de las administraciones en la prestación de los servicios al ciudadano. Sería mucho más aburrido, pero también más rentable.
El ministro Puente, entre otros, debería dejarse de guerras estériles en redes sociales sobre lo qué dice o hace fulano o mengana y ponerse las pilas con lo que importa de verdad, como estas carreteras, no vaya a ser que en alguna de esas zamburguesas toquemos fondo.
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